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Copa de las Regiones

El éxito de la selección canaria llama la atención de ojeadores y clubes de la Península

Un éxito inesperado y de una enorme resonancia. Los futbolistas de la selección canaria confían en que la repercusión de su entorchado nacional pueda cambiarles la vida –con una oferta que les permita acariciar la élite– y, por lo pronto, paladean las mieles de su conquista: «Somos campeones de España».

Manoj Daswani

Manoj Daswani

Santa Cruz de Tenerife

«Somos campeones de España», presume Mario Barcos mientras mira a la copa. «Es preciosa, es nuestra», sugiere David Soto, quien confiesa que aún no se creen la conquista enorme –e histórica– que abrocharon hace apenas unos días en el campo del Terrassa. «No se nos olvidará jamás», retoma Acaymo, futbolista del Añaza –antes lo fue del Juventud Laguna y de Las Palmas, así que fue compañero de Pedri en dos etapas– y que considera este éxito «un sueño hecho realidad».

Canarias se ha quitado los complejos con este triunfo amateur, pero que brilla «como si fuera un título en Primera», explican sus protagonistas. Antes iban a competir a la Península y los equipos isleños eran los que todos querían como rivales. Ya fuera en alevines, o en promociones de ascenso, o en eliminatorias a ida y vuelta. «Siempre nos ganaban;ahora, la dinámica ha cambiado. Se nos miraba con mucho respeto», explica Acaymo.

Buena cuota del mérito es de Sergio Alonso, seleccionador regional en una apuesta personal de la presidencia de la Federación Tinerfeña y Canaria. Frente a las muchas dificultades que argumentaron algunos clubes para ceder a sus futbolistas, el entrenador armó un equipo de garantías y que enseguida «fluyó». Hubo química. Fue montarse en el avión y empezar a gestarse la gran conquista. Los números hablan por sí solos: siete goles a favor, ninguno en contra. «Nos salió el torneo perfecto», aduce Barcos, hermano pequeño del futbolista que brilló en los filiales del Tenerife y Las Palmas.

Para Mario, Acaymo, David y los otros muchos nombres de este combinado autonómico –la mayoría tinerfeños– la victoria en la Copa de las Regiones ha sido como convertir su calabaza en carroza. Una competición de cuento que les ha ubicado en la primera línea del escaparate. «No éramos conscientes de la gran repercusión que ha tenido nuestra participación allá», dice Soto, quien creía que, a su edad, ya no le llegaría un momento como este. «Al llegar nos hemos dado cuenta de que había miles de personas enganchadas a nuestros partidos;y luego solo con mirar las redes te das cuenta de que hay un montón de aficionados y amigos orgullosos de lo conseguido».

Soto, Barcos y Acaymo, con la Copa de las Regiones.

Soto, Barcos y Acaymo, con la Copa de las Regiones. / Andrés Gutiérrez

Cuenta Barcos que hubo momentos de tensión y de dificultad. «Competíamos en inferioridad respecto a otras selecciones», añade Soto, pues el entrenador tal vez no pudo confeccionar el equipo que le habría gustado. Pero aún así, desde las limitaciones, el grupo hizo clic. Desde la fortaleza defensiva empezaron a ganar partidos, superar obstáculos y soñar con la final. «No sé si celebramos más la victoria contra Galicia o el momento de ganar el último partido, pero está claro que no hay nada como el momento de levantar el título», aduce Barcos.

La competición reúne a futbolistas que nunca han tenido ficha profesional y excluye a todos aquellos vinculados en la actualidad con un filial, de modo que no pudieron acudir futbolistas del Tenerife o de Las Palmas. Eso sí, la selección se quedó coja en medio del torneo porque justamente el club amarillo cazó a uno de sus futbolistas antes de que llegase el momento de pelear por la copa. «Había un montón de ojeadores, pero ninguna presión», dicen desde el vestuario de la tricolor.

La mejor noticia ha venido después, con los primeros contactos de clubes importantes del contexto nacional (de Primera y Segunda RFEF)con algunos de los artífices de la gesta isleña. Ya ocurrió en años pretéritos que los campeones Galicia y Aragón vieron crecer a todos sus futbolistas, que fueron ubicándose en clubes de nivel una vez regresaron a casa con la medalla al cuello.

Repercusión inesperada

«Ojalá pueda darse algo similar», explica Acaymo, quien está viiendo una temporada de ensueño por el gran momento de su club y esta oportunidad inesperada. Ahora, quieren más. El triunfo en la fase nacional les permitirá viajar al extranjero para disputar en Letonia una segunda ronda. Si siguen adelante, podrían participar de la final a cuatro por un nuevo entorchado. «Que lo vamos a ganar también», promete Barcos mientras el grupo –medio en broma, medio en serio– ya ha elegido portavoces para negociar una prima con el presidente federativo. Por lo pronto, guardan como oro en paño la medalla de campeones y el recuerdo de una camiseta que pasará a la historia. «Es un orgullo defender estos colores», subrayan los campeones, ajenos a la controversia que ha surgido en las redes porque la indumentaria es azul y amarilla, así que falta el blanco. Desde la Federación prometen arreglarlo para la próxima gran ocasión de reunir a estos talentos no profesionales, un grupo de jornaleros del balón que ya ha hecho historia. Recibidos esta semana por el Gobierno y el Cabildo, se han sentido como héroes por unos días. El cuento de la Cenicienta hecho realidad.

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