FÚTBOL
Del sofá gris de Arbeloa a la autogestión: "Está amortizado desde el mismo día en que sustituyó a Xabi"
El vestuario del Real Madrid gasta sus últimas balas tras protagonizar una temporada de desencuentros y zancadillas al tolosarra y al salmantino

Álvaro Arbeloa, entrenador del Real Madrid / Irina R. Hipolito / AFP7 / Europa Press

"Álvaro Arbeloa está amortizado desde el mismo día en que sustituyó a Xabi". La frase es de un futbolista del Real Madrid que no tiene protagonismo en el equipo y que sabía que no lo iba a tener desde que se marchó Xabi Alonso. Un jugador que sostiene que "el día que echaron a Xabi Alonso, el vestuario quedó condenado porque Arbeloa no ha aportado ninguna solución". La salida del tolosarra por sus desencuentros con los futbolistas provocó un punto de inflexión en el vestuario y en el club, condenando a un presidente que tuvo que elegir un sustituto cuando no lo esperaba.
Florentino Pérez estaba convencido, tras ver cómo el equipo competía en la final de la Supercopa ante el Barcelona pese a la derrota, que Xabi podía seguir y dar la vuelta a la situación. Pero le impuso a Antonio Pintus en la parcela física, y el entrenador se negó provocando el despido. Ese encontronazo sirvió como coartada al vestuario del Madrid que señaló al presidente como culpable de la marcha de Xabi. Pero la realidad es que los futbolistas le hicieron la cama hasta que Alonso tiró la toalla y dejó de "mear con la suya" como le recomendó Guardiola. Y en ese momento, cuando el vasco se rindió, fue cuando el vestuario se alineó con el entrenador. Pero ya era tarde...
"Un hombre del presidente"
Después de Xabi se eligió la única alternativa posible: Álvaro Arbeloa. En realidad no era la única porque estaba la figura de Santiago Solari, pero desde los despachos insistieron en ascender al salmantino. "Su elección no fue celebrada en el vestuario. Sabíamos que era un hombre del presidente y por eso se corrió la voz de que no se podía hablar de cosas serias delante de Arbeloa", como reveló EL PERIÓDICO el pasado 16 de enero. Arbeloa priorizó ganarse la confianza de las estrellas, como Vinícius, y apostó por un grupo reducido en el que daba de lado a futbolistas como Brahim, Mastantuono, Gonzalo, Fran García...
Desde el primer día Arbeloa se convirtió en un bombero más preocupado por apagar fuegos que por encontrar la fluidez en el equipo. Carvajal mostró su enfado por su irrelevancia y fue titular en Pamplona con un resultado desastroso. Alaba, lo mismo. Mastantuono, parecido. Cada vez que alguien levantaba la voz, el técnico buscaba un resquicio en el once para apagar ese incendio. Pero sus alineaciones políticas se resentían y el equipo no terminaba de convencer a nadie. Además, castigaba a jugadores señalándoles por derrotas sonadas. Como a Álvaro Carreras, al que castigó tras la goleada sufrida en Lisboa ante el Benfica en la que el ferrolano fue víctima de la dejadez defensiva de Vinícius y la pizarra de un Mourinho que trabajó esa pasividad.
El día que Arbeloa pisó el vestuario los futbolistas se dieron cuenta de la escasa jerarquía del técnico. Y comenzaron las reuniones a sus espaldas. En las últimas semanas han sido numerosos los encuentros de los pesos pesados del vestuario para reconducir la situación. Desde la conjura que organizó Vinícius en el restaurante '61' el pasado 11 de febrero. Aquel día decidieron escenificar la unión del grupo, aconsejados por asesores externos a la plantilla, conscientes de que la salida de Xabi y la pitada del Bernabéu había dejado al vestuario en una tesitura complicada porque ahora eran ellos los señalados como culpables de la deriva del equipo.
Sin embargo, las cuatro derrotas que acumula el Madrid en doce partidos (Albacete, Benfica, Osasuna y Getafe) han provocado varias reuniones 'privadas' para tratar de enderezar el rumbo de un equipo descompensado en la planificación y aburguesado en la convivencia que se negó a obedecer a Xabi Alonso y que ahora navega a la deriva con un Arbeloa que espera ser reabsorbido por la estructura técnica del club después de confirmarse que le queda grande sentarse en el banquillo del primer equipo. El Madrid está a un paso del abismo, sea ante el Manchester City o su rival en cuartos o semifinales de la Champions. Nada hace pensar que el final sea otro, especialmente desde que el sofá gris de Arbeloa se convirtió en realidad en una autogestión del vestuario blanco, donde más de uno echa de menos ahora a Xabi Alonso.
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