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Un tinerfeño en Senegal

El testigo tinerfeño e inesperado de una fiesta colosal

Tras consolidarse en el gremio en Canarias de la mano de Radio Nacional, Nico Orozco creyó que era «el momento de liarse la manta a la cabeza» e irse de freelance a Senegal. Acaba de vivir «una locura».

El tinerfeño Nico Orozco, en las calles de Dakar

El tinerfeño Nico Orozco, en las calles de Dakar / E. D.

Manoj Daswani

Manoj Daswani

Santa Cruz de Tenerife

En el país de la teranga (en wólof, significa «hospitalidad profunda»), Nico Orozco se siente como en casa. Periodista por vocación, el profesional tinerfeño se fue a Senegal hace solo unos meses para construir el gran relato de su vida. Apasionado por el país africano, quería conocer en primera persona «cuál es la realidad en la otra orilla» del viaje que miles de jóvenes hacen con rumbo a Europa en busca de lo desconocido. La casualidad le ubicó hace solo siete días en el epicentro de una fiesta colosal. El reportero que emigró para contar historias de mestizaje, economía o cultura se vio de repente disfrutando como uno más en la monumental algarabía por la conquista de la Copa África de fútbol. Además, con un guion propio de un largometraje.

Mientras la selección de Senegal debatía si dejar inconclusa la final contra Marruecos por los derroteros que llevaba el partido, que parecía sospechosamente cocinado para una victoria local, Nico iba tomando posiciones para capturar –cámara al hombro, lápiz en mano– las reacciones de los miles de senegaleses que se habían echado a la calle. A falta de otros periodistas que estuviesen sobre el terreno, Orozco se convirtió en los ojos de muchos ciudadanos de todo el mundo. De hecho, varios programas deportivos relevantes de España e incluso algunos medios africanos no han dudado en contactar con él para pedirle su testimonio, sus crónicas... y sus imágenes, que son oro molido.

«Ha sido impresionante», reflexiona cuando el ruido parece apagarse tras varios días de fastos, celebraciones y recibimientos a los héroes de todo un país. «Ya me habían advertido que el fútbol en Senegal es casi una religión, junto a la lucha senegalesa, que por cierto se parece mucho a la canaria», relata. Según dice, las connotaciones especiales que tenía la final y también el desarrollo de la misma dieron mayor impacto a la fiesta, que fue imponente. «El partido estuvo envuelto de un sinfín de circunstancias extrañas y luego, ese aguantar la respiración hasta el último minuto fue inolvidable», dice sobre el desenlace, con un penalti fallado por parte del madridista Brahim, una prórroga de infarto y un gol para la historia.

«La experiencia personal ha sido impactante. En la vida me habría imaginado yo vivir una final de la Copa África de esta manera. La seguí en distintos escenarios. Horas antes, porque sabía de la repercusión que iba a tener el partido, me fui al centro de Dakar. Todas las calles se adornaron con banderas por todos lados, hasta en los lugares más recónditos, y ya por la mañana, fueras adonde fueras ya se escuchaban las pitas. Y eso que el partido era a las siete. Yo me fui a la Plaza de la Nación y no cabía un alfiler, y ya por último estuve en un bar con amigos para pulsar la reacción de los aficionados. Al acabar, visto el resultado, me fui directo a la fan zone más numerosa para sacar fotos de la celebración. Ahí ves absolutamente de todo, con gente encima de los coches y otras barbaridades inimaginables. Fue una auténtica locura», añade.

Para Nico, situaciones así hacen que su esfuerzo y su valentía valgan la pena. «Es un privilegio contar con las cosas desde el sitio donde suceden», resume antes de hacer su propia crónica de los acontecimientos de esta semana, que han sido vertiginosos.

«Las últimas horas han sido de recibimiento a los héroes. El día que llegaron aquí hicieron un recorrido al aire libre por las calles de Dakar, con miles de jóvenes y no tan jóvenes con bandera en mano, música, bailes... todos alrededor de esa guagua que portaba la Copa África», describe. Entusiasta seguidor del CD Tenerife, asegura que «no hay comparación» cuando se mide la forma de vivir el fútbol en España y la manera tan peculiar que tienen en África de llevar el deporte rey al límite. «Se vive mucho, de forma pasional; pero una cosa es decirlo y otra, sentirlo en vivo», anota. Según cuenta, Senegal tiene su propia liga, con 14 equipos y una cifra que varía en función de la temporada. «Pero la clave para entender el nivel de este país es que hay muchos jugadores repartidos en las ligas más importantes». Ahora, añade, por motivos obvios el nombre que más está sonando es el de Sadio Mané. Él fue el líder de la selección y el que evitó que la mayoría optase por la retirada cuando el arbitraje –y el marcador– se volvieron adversos.

«Aquí todo el mundo estaba de acuerdo con la decisión de darse media vuelta e irse. No había nadie que pensara: hay que volver, que están en juego muchas cosas, como una posible eliminación en los despachos para el próximo Mundial o el propio título de la Copa África, que parecía perdido, pero no lo estaba. Por eso se ha destacado mucho el papel de Mané. Fue la suya una posición bastante valiente, porque tomó un camino distinto al del resto de sus nacionales. Los demás decían: esto es un robo, hay que irse».

Su propia experiencia desde dentro le ha permitido a Orozco comprobar que «la repercusión de un título así es enorme porque trasciende la dimensión estrictamente deportiva». En Senegal ha vivido de todo, pero su presencia a pie de calle le ha permitido comprobar que es una de las democracias más estables de África y uno de los lugares con mayor encanto de todo el continente. «En su momento hubo una serie de protestas bastante grandes, pero que haya habido un cambio de gobierno y la democracia haya resistido es una muy buena señal en comparación con lo ocurrido en otros países del entorno», analiza.

De Senegal, se queda con el afecto de la gente. «Quizá Dakar es un poco más caos, porque es muy grande. Pero el país es impresionante, especialmente el sur, muy bonito, con unos paisajes tropicales impresionantes. Lo recomiendo mucho», subraya Orozco. Tras consolidarse en la profesión en Canarias, dio un volantazo a su vida para vivir su sueño africano. «Pensé que era el momento de liarse la manta a la cabeza, intentarlo y dedicar este año entero a contar lo que pasa aquí. Por supuesto desde la humildad, porque ya hay muchísimos compañeros que lo llevan haciendo desde hace años, pero siempre ha sido mi gran ilusión». La que le ha llevado a vivir una fiesta colosal. Que no esperaba. n

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