Aquellos que durante años persiguieron a las jugadoras con el siguiente mensaje: "¿A quién le interesa el fútbol femenino?", se quedaron en silencio ante la atronadora respuesta de las 91.553 personas que se reunieron el 30 de marzo en el Camp Nou para presenciar el 'Clásico' de los cuartos de Champions entre el FC Barcelona y el Real Madrid. Récord mundial para el futfem que fue superado menos de un mes después en las semifinales del torneo europeo.

Al feudo azulgrana se dirigió una marea que superó todas las previsiones. Hasta la de Eli, la madre de Alexia Putellas, que cuenta en el documental de Amazon cómo se perdió el saque inicial por las colas de acceso. La 11 del Barça, una jugadora inigualable, ganadora de dos Balones de Oro, era el símbolo que necesitaba el fútbol femenino para sacudirse la pátina de práctica minoritaria.

"Más que empoderamiento"

El duelo de rivalidad española mejoró en espectadores a cualquier partido del equipo masculino de la temporada hasta esa fecha, resultó la confirmación de una disciplina que todavía acaba de firmar, no sin dificultad, su profesionalización con la Liga F. El resultado fue lo menos importante, pero las locales certificaron su clasificación con un 5-2 a través del que hicieron valer su favoritismo. Una condición labrada a conciencia por una entidad que lleva años apostando estructuralmente por el futfem hasta el punto de arrastrar al otro gran club español, el Real Madrid, a crear su propia sección en 2020 tras la fusión por absorción del Club Deportivo Tacón.

Un desarrollo imparable que se ha traducido en una imparable generación para la selección española, rota en dos corrientes por la gestión del seleccionador Jorge Vilda. El técnico no ha conseguido grandes metas con la absoluta y ha puesto en cuarentena a '15 rebeldes' para formar un nuevo equipo que no cuestione sus planteamientos de cara al Mundial 2023.

Pero el desarrollo del fútbol femenino supera todo. Como rezaba el mosaico del Camp Nou en aquella tarde histórica, "es más que empoderamiento". No es una cuestión social, pretende ser una industria deportiva que guíe las miles de aspiraciones de niñas que las protagonistas del presente no pudieron tener. "Nunca soñé con ser futbolista, porque no tenía referentes", comenta Alexia en su documental.

Más difícil fue abrir camino para mujeres como Irene, la coruñesa que jugó con hombres en los años 20 y que llegó a ser capitana de su equipo. Igual de meritoria la resistencia y denuncia de las jugadoras que soportaron el acoso sistemático de Ignacio Quereda, el predecesor de Vilda. Ejemplos de resistencia y valentía que conducen a un presente y pasado reciente como el vivido el 30 de marzo en un estadio que menos de un mes después volvió a superar en las 'semis' contra el Wolfsburgo la mayor audiencia conocida para un partido de fútbol femenino.

Hasta 91.648 personas aplaudiendo por igual a propias y rivales en una imagen de concordia que no es incompatible con la competitividad, imprescindible para mantener el siguiente estado del futfem, en el que no se habla de reivindicación, sino de normalización de los méritos. Con heroínas, villanas, finales dulces y amargos... Un mundo nuevo donde ellas son las protagonistas.

800 metros 'marianos'

Si el trayecto del fútbol femenino hasta hoy ha sido una ruta de larga distancia, el de la otra gran gesta del deporte español en marzo fue en La moto, el apodo de Mariano García. Una lustrosa maquinaria que alcanzó los 800 metros en 1:46:20 para proclamarse campeón del mundo de pista cubierta en Belgrado. La guinda para un gran año del atletismo español, que volvió de los Campeonatos de Europa de agosto con 10 metales, 27 finalistas y un tercer puesto en el medallero, el mejor resultado desde Barcelona 2010.

Miguel Ángel López y Álvaro Martín lograron sendos oros (35 kilómetros y 20 kilómetros), engrosando la larga lista de éxitos de la marcha española. Asier Martínez cerró una temporada de ensueño, a sus 22 años, con una medalla dorada en Múnich que sumó al bronce logrado en el Mundial de Eugene. Y Mariano hizo lo suyo, que es dejar asombrados a todos, incluso a los que lo conocen desde pequeño.

Para hablar de este superlativo atleta hay que parar en Fuente Álamo, su pueblo, al que hizo campeón del mundo en marzo y de Europa en agosto. Allí empezó a correr, primero porque tenía miedo a unos perros que le perseguían. Después como parte de las actividades extraescolares. Y así seguirá hasta el fin de sus días. No quiere saber nada de mudanzas y todavía hoy entrena en un triángulo de arena de una plaza que hay cerca de su casa.

La moto se quitó este año una profunda espina que le dejó fuera de los Juegos Olímpicos de Tokio por culpa de una apendicitis. Mariano creció como un niño impetuoso que no gestionaba las carreras. Gabi Lorente, su entrenador de siempre, le advirtió: "No te calientes". Su discípulo cumplió. Hizo valer desde atrás su condición de líder del año en la distancia para acelerar al final. "Me lo he creído y lo he logrado", confesaba tras colgarse un metal en un pecho que se va a quedar pequeño para tanta medalla.