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Saga familiar

Madre e hija de la mano en la élite del balonmano

Marizza y Yeruti Faría hacen historia en el balonmano español jugando juntas un partido de División de Honor

Yeruti Giménez y Marizza Faría, en el pabellón gijonés de La Tejerona.

“He jugado mundiales, finales, ascensos y descensos pero nunca había vivido algo parecido. Es una sensación única y muy bonita”. A Marizza Faría todavía se le entrecorta voz recordando el debut de su hija en División de Honor. Y no es para menos. Porque a sus 38 años, la capitana del BM La Calzada cumplió un sueño al alcance de muy pocos: disputar un partido de élite junto a su hija Yeruti.

Corría el minuto 55 y en el pabellón La Arena de Gijón las miradas giraban del 40x20 al banquillo. Porque una juvenil de 16 años echaba a corretear por la banda. Era el momento, Yeruti Faría iba a debutar en Primera División. "Entró estando yo en pista y la sensación fue muy extraña, una mezcla de emociones difíciles de describir porque se me escapó una sonrisa pero al mismo tiempo quería llorar", repasa emocionada para EL PERIÓDICO, diario perteneciente al mismo grupo de comunicación que este medio, la leyenda del balonmano paraguayo. Su hija lo vive con más desparpajo y calma. "El hecho de estar convocada ya era muy especial para mí por compartir banquillo con mi madre, pero durante la semana no tuve tiempo para estar nerviosa. Con el instituto en mente, no le di importancia a la convocatoria hasta que llegó el día. Y cuando salí a la pista me puse muy feliz pero también la miré y me dije: 'Todo el día con ella, otra cosa más con mi madre'. Fue una sensación indescriptible".

Marizza (madre) y Yeruti Faría (hija), compañeras en La Calzada. CB La Calzada

Homenaje con el dorsal

Con el 99 a la espalda, en un claro guiño a su progenitora, que porta el 9 y dirige al equipo desde la primera línea, Yeruti enseguida demostró que lleva los genes de su madre. "Por si el debut en el partido estrella de la jornada, frente a las cámaras de televisión y con su madre sobre la pista fuera poco, la niña entró, provocó un siete metros, lo marcó y dio una asistencia. Lo hizo genial", recalca Marizza recordando que su hija todavía tiene mucho que aprender y que lo mejor que podría hacer es alejarse de las comparaciones y trabajar por su propia carrera.

Aunque a veces es difícil. "Intento copiarla mucho. De tanto verla se me hace inevitable no intentar copiar su estilo, me encanta su juego en equipo". Lo que no disfruta tanto Yeruti son las comparaciones. Porque en casa y como maestra tiene a una leyenda que sabe lo que es disputar un Mundial y que ha logrado colgarse la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos. "No es presión, pero me da mucha rabia que me comparen con ella. A veces me gustaría ser 'Tuti' más que alguien que se parece o que juega como su madre. Porque, digo yo, si estoy ahí es porque a los entrenadores les gusta mi juego".

Miedo a los pases maternos

Y cómo no les va a gustar si con 16 años y en su debut en la máxima categoría estatal, Yeruti decidió hacer caso omiso a los nervios y encaró con desparpajo a la defensa rival en el segundo balón que tocaba. La acción acabó en pena máxima y con total frialdad se olvidó de que había errado cinco penaltis en su último encuentro como juvenil y envió el esférico al fondo de la red. Toda una declaración de intenciones de una jugadora que solo le tiene miedo a los pases de su madre. "No tengo más presión por jugar con ella, al contrario, mi madre me aporta tranquilidad porque es muy organizada y porque prefiere que otros me corrijan antes que hacerlo ella, pero en los entrenamientos siempre pienso: 'Ojalá no me pase ella el balón porque me va a reventar los dedos'. Sus pases son muy fuertes”. Como fuerte ha sido su carrera, a la que ya no le queda nada. O sí.

Marizza y Yeruti Faría. Ángel González

Y es que, preguntada por un encuentro con su hija en la selección, Marizza resopla y argumenta que ver cerca la posibilidad de jugar con Yeruti ha sido una motivación extra para continuar dando guerra tras una temporada complicada por las lesiones. "Dije que quería jugar con mi hija tras ganar la Copa de la Reina pero hablaba la adrenalina, no era un objetivo real. Y aunque la entrenadora me motivara pidiéndome una campaña más para lograrlo, siempre he tenido claro que no me voy a arrastrar por las pistas. Contra la edad no se puede luchar". Tampoco contra la adicción a un estilo de vida que tiene el balonmano por estandarte. "Sé que se quiere retirar dando el 100%, pero si fuera por mí continuaría porque no me imagino a mi madre sin jugar a balonmano". Aunque ese momento llegará y entonces, la saga de las Faría continuará viva desde las manos de Yeruti.

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