El CD Marino sumó su primer punto de la temporada ante la UD Tamaraceite, pero extiende su sensación de que merece más de lo que consigue en este retorno a la categoría de bronce. De nuevo derrochó voluntad el cuadro tinerfeño y dispuso de ocasiones para adelantarse en el marcador, pero le faltó puntería. Y puede que algo de oficio para aprovechar los tramos de partido en los que se muestra tan superior a su rival.

Los de Quico de Diego salieron muy enchufados y, ya en el primer minuto, tuvo Borja Llarena ocasión de batir al tinerfeño Nauzet en un balón que se paseó por el área pequeña y al que no llegó por centímetros para empujar a la red.

Seguía el conjunto local asumiendo la iniciativa y buscando la portería contraria con decisión en el arranque. Cumplido el cuarto de hora volvía a tenerla Borja, quien a pase de Nami, dispara demasiado alto. Apenas tres minutos más tarde, el asistente se convirtió en rematador. Nauzet desvió a córner su remate. El jugador marinista fue una auténtica pesadilla para su adversario hasta que le abandonaron las fuerzas. Fue el más incisivo de su equipo.

No varió el guion del encuentro hasta el descanso, aunque se dieron más llegadas que claras ocasiones para los azules. El orden de los grancanarios, con las líneas muy juntas y firmes en defensa, evitó más sustos para la portería visitante. El público, con ganas de fútbol, tuvo que darse una tregua hasta la segunda mitad.

Algo tenía que hacer el Tamaraceite para equilibrar la contienda e iba a hacerlo tras el receso. Con algo más de posesión, la bronca de su entrenador pareció sentar mejor a los grancanarios. El hasta entonces espectador, Ángel Galván, comenzó a tener trabajo. En el minuto 65, realizó una gran parada a tiro de Asdrúbal. Respondió inmediatamente el Marino, que no quería perder la cara al encuentro. Lo hizo a balón parado. El defensor Aythami tuvo que sacar sobre la misma línea de gol un remate local a la salida de un córner.

Al conjunto local, pese a que Quico de Diego movió el banquillo para dar refresco a los suyos, ya no le quedaban piernas para presionar al nivel de la primera mitad y eso permitió vivir algo más cómodo al Tamaraceite. Casi no hubo acercamientos peligrosos en el tramo final de la contienda, en el que ambos parecieron conformarse con el empate. Unos porque no pudieron y otros porque lo consideraron botín suficiente.