El Tenerife llega al final del trayecto liguero, al menos en el Heliodoro, de la manera más insospechada. Lo hace con opciones de disputar el ascenso como colofón a una temporada marcada por la lucha tratando de evitar el descenso. La paradoja ha sido provocada por la impresionante segunda vuelta que ha protagonizado el conjunto de Rubén Baraja.

El Tenerife depende de terceros. Tiene a tres equipos por encima entre el sexto clasificado y su puesto noveno. Todos deben ir fallando mientras los blanquiazules ganan sus dos partidos (para llegar a 61 puntos), pero esas cuentas pueden salir. Es necesario que el Elche no puntúe en Fuenlabrada, porque solo llegaría a 61 puntos y la igualdad de puntos con los franjiverdes favorece al Tenerife; lo conveniente es que el Fuenlabrada, que ganando al Elche llega a 60 puntos, pierda luego en Riazor. Y finalmente, se necesita que el Rayo Vallecano no gane uno de sus dos encuentros, para que no alcance los 61 (el golaverage les favorece). Todo eso puede pasar, pero la carambola solo es posible si el Tenerife hace pleno. El primer golpe es ganar a un Lugo revitalizado, que se juega la categoría.

Al Tenerife le viene costando quedarse con los puntos en casa. De sus cuatro partidos en este maratón de partidos solo ha podido ganar uno, con holgura, eso sí, ante el Mirandés. La clave que puso en marcha ese triunfo fue la misma en la que se basó el equipo para hacerse fuerte antes del parón: marcar pronto. Las veces que no pudo hacerlo, no ganó, con la única excepción del triunfo ante la Ponferradina.

Los tramos finales de partidos se hacen cuesta arriba especialmente a estas alturas, máxime para un Tenerife de estilo físico, de duelos que desgastan y de mucho trabajo en los costados y por dentro, con futbolistas que lo han jugado prácticamente todo. Por eso, lo ideal es estar por delante y administrar la ventaja.

Baraja podría mantener la estructura del partido de Alcorcón, con la vuelta de Sipcic al once. No va a estar Luis Pérez, con lo que cabe la posibilidad de que Shaq Moore vuelva a jugar de lateral y deje el interior derecho a Javi Muñoz o a Suso. La otra variante, más rebuscada, es que Lluís Pérez juegue de lateral, teniendo en cuenta el juego área lucense tener cuatro centrales fortalece el balón para defensivo, y que Alberto entre en el centro. Enfrente está el Lugo, un equipo con mil caras esta temporada, que viene cambiando de técnico a menudo los últimos años tratando de reactivarse. Ha sobrevivido y está en la curva ascendente de la última sustitución en su banquillo. Con Juanfran no ha perdido. En total, fuera del Antxo Carro sumo 9 empates y 4 victorias, la última hace 15 días en Ponferrada. Y se lo juega todo.