El Real Oviedo partía en la presente temporada con el objetivo de recuperar la alegría en la clasificación. Asomarse a los puestos de 'playoff' era el sueño y para ello trató de reforzarse en verano. Llegaron futbolistas para zonas sensibles como el centro de la zaga (Alejandro Arribas) o la delantera (Alfredo Ortuño), además de interesantes aportaciones como Juanjo Nieto o Sangalli.

Todo parecía encaminado, con Sergio Egea a los mandos y la continuidad que un octavo clasificado requiere, para que el proyecto diera otro salto hacia adelante. Pero el inicio cambió la perspectiva. El equipo asturiano no iba a estrenar su casillero de victorias hasta la jornada nueve. Iba a ser justo en el Heliodoro Rodríguez López. Aquel 2 de octubre iba a valer el gol de Joel Bárcenas, sin demasiado protagonismo a partir de ese momento, para tumbar al Tenerife del vasco Aritz López Garai.

Aunque ganó dos de sus tres siguientes partidos ligueros, la escuadra carbayona nunca iba a abandonar del todo la zona baja de la clasificación. No lograba Javier Rozada, hombre de la casa y relevo ya por entonces de Egea, que los suyos abrazaran la regularidad. En el Nuevo Carlos Tartiere sólo ha ganado 3 de sus 13 compromisos, permitiendo que una decena de visitantes sumaran por tanto en su feudo.

Lunin, Simone Grippo, Sebas Coris, Luismi y Rodri Ríos llegaron en el mercado de invierno para paliar necesidades básicas en la plantilla, algunas indetectables en verano y otras no tanto. Para ello, se sacrificaron algunos jugadores importantes como el ahora tinerfeñista Joselu Moreno. Pero la mejoría no llega. Dos derrotas consecutivas, ante Alcorcón y Lugo, han hundido en la clasificación al equipo de Ernesto 'Cuco' Ziganda. Es el tercer entrenador de la temporada y el encargado de salvar los muebles.

Y es que el Real Oviedo ya vivió un descenso a Segunda B dramático en 2003. Aquella travesía del desierto duró 12 años y solo la llegada del grupo inversor mexicano Carso evitó la desaparición de un histórico al que prácticamente abandonaron las instituciones a su paso por la Tercera División. Por eso, en las gradas del Tartiere no se quiere mencionar la pesadilla. Ganar al Tenerife debería ser el primer paso para salir de una situación clasificatoria compleja: cuatro puntos de distancia con la salvación. No sumar ante un rival directo, ahora situado siete por encima, supondría un traspié casi definitivo.