La suya fue una vocación tardía, como manifiesta. "Un amigo que estaba luchando en el equipo de la Universidad me dijo que si me interesaba entrenar con ellos porque tenía cuerpo para ello", ríe. Terminó probando y desempeñando el deporte vernáculo durante los años en los que estudió económicas en su San Cristóbal de La Laguna natal. El mundo laboral intercedió, mas Víctor González quería "seguir vinculado a la lucha canaria. Surgió la posibilidad de hacer el curso de arbitraje y pronto empecé a pitar". En total, fueron más de tres lustros dirigiendo enfrentamientos, con un lapso de cuatro años en los que formó parte de la junta directiva de la Federación de Lucha Canaria, encabezada por José Miguel Martín.

¿Qué motivos le alejaron del arbitraje en 2013?

Había alcanzado las cotas máximas. Estaba bien considerado, pero ya no podía compaginar mi vida familiar, laboral y demás. Tampoco le veía ese aliciente.

¿No volvería a pitar?

No. Hay ciclos que se acaban. No tengo el gusanillo. Ahora estoy en el Comité por amistad con Jeremías -Hernández, presidente de la Federación de Lucha Canaria de Tenerife- y Santiago -Gutiérrez, tesorero de la misma junta-, que me pidieron que lo tomara. Había muy buenos árbitros -en 2017-, pero estaban pitando por inercia. No había ganas de mejorar. Les planteé mi proyecto: sacar árbitros nuevos, que realmente valieran; y ponerle un listón para que los que estaban demostraran lo que valían. Esto no es una ONG para ganarse unas perritas al final de mes. Lo que yo pretendía era que fuera vocacional y que se prestara un buen servicio.

¿Cuál es la salud actual del arbitraje en la Isla?

La veo mejorable, pero de cómo lo encontré yo hasta ahora, creo que se ha hecho una buena labor, principalmente por los propios árbitros. Les hemos puesto una serie de condiciones, pruebas y retos. En un 80-90%, han respondido. Hay otros que no le hemos dado la oportunidad de pitar luchas de más categoría porque entendemos que o no están preparados o les falta involucrarse más.

¿Cuáles son esas competencias requeridas?

Había que refrescar el conocimiento del reglamento, que ya lo tenían. Pero, sobre todo, una actitud en el terrero y una preparación psicológica que no se tocaba. El gran problema es que los árbitros se ven en situaciones que no saben asumir. Una lucha se complica y no saben mantener la calma. Estamos trabajando en darles herramientas de control de estrés. Hay que saber interactuar y también aislarse en determinados momentos de los encuentros.

Los luchadores y los clubes se quejan mucho de falta de criterio unificado, ya no solo a nivel regional, sino también aquí, en Tenerife.

A nivel regional, puede ser que en cada Isla haya una forma de pitar. En los reciclajes regionales incidimos en eso. A nivel insular -Tenerife- no hay criterios dispares. Hay árbitros que son capaces de tomar decisiones más valientes y otros a los que quizás les cuesta más. No es que no sepan lo que hay que hacer. A veces, las situaciones les desbordan y por eso estamos trabajando en eso.

¿Entiende que son más permisivos los árbitros en Tenerife que en otras Islas?

No. Yo soy bastante exigente con ellos y todas las semanas recalco los errores que pueden tener. Suelo ser muy crítico y ellos lo acogen de buena gana. Muchos dicen que eso les ayuda a mejorar. Dentro de la máxima categoría, yo diría que hay un buen nivel.

¿Las amonestaciones están decidiendo más luchadas de las que quisieran?

Desgraciadamente, sí. Eso, a veces, retrae a los árbitros a la hora de tomar una decisión mucho más contundente. Por momentos, los bregadores viven de las amonestaciones y no van a luchar. En las asambleas, los árbitros han llevado como propuesta que el diferencial de amonestaciones no decida la lucha, que se sancione de otra manera? Es como si en el fútbol empataran y terminara ganando el que menos faltas cometiese. Mientras el reglamento esté así, nosotros no podemos hacer otra cosa que aplicarlo. Los propios equipos utilizan las amonestaciones como solución. Hay que darle una vuelta a esto para que las amonestaciones no sean tan decisivas como lo son actualmente.

En cuanto a la ropa de brega, que los árbitros las midan previamente al comienzo de las luchadas, ¿hace que revisen menos las medidas durante las propias contiendas? ¿Sería mejor que se encargaran los propios equipos de hacer esas mediciones y que los árbitros fueran meros revisores, con las consiguientes amonestaciones en caso de detectar anomalías?

Eso crea un problema. Desde el momento en que los luchadores contrarios vieran alguna mínima posibilidad de ilegalidad, se tendría que estar midiendo. En el caso actual, también puede pasar que los luchadores se cambien el pantalón después de ser medido.

Exactamente.

Pero cuando un árbitro ve salir a un luchador ya sabe si la ropa está mal. Esas cosas, los luchadores ya no las suelen hacer. Aquí nos conocemos todos y ya suele haber bastante respeto en cuanto a eso. La prueba es que no son tantas las veces en las que se pide medir la ropa. Creo que la holgura es suficiente y solo en algunos casos está creando algún problema.

¿Es suficiente el tiempo que dedican los árbitros al reciclaje?

Tenemos una reunión semanal de aproximadamente dos horas. Ahí vemos muchas cosas. Adolecemos de una mayor preparación conjunta de todos los árbitros de Canarias. Solo nos reunimos una vez al año: un fin de semana donde aunamos criterios, miramos ciertas cosas que han fallado durante la temporada y hacemos el examen tanto físico como técnico. Haría falta dos o tres reuniones conjuntas al año. Del mismo modo, estamos incidiendo en la preparación física. Se ha demostrado que si esta es mejor, los reflejos también lo serán.

En ese sentido, la última Asamblea aprobó un borrador para que el Comité regional tenga muchas más atribuciones. ¿Qué le parece la medida?

Me parece perfecto. El Comité regional debe ser el que coordine y los insulares pueden ser delegaciones. Al final, que seas presidente de un comité insular o delegado insular del regional es simplemente una nomenclatura. Debería estar estructurado para que todos tengamos una forma de actuar idéntica.

Como usted hizo en su día, ¿debería haber más luchadores que una vez retirados fuesen árbitros, en el sentido del conocimiento exhaustivo que tienen de la lucha canaria?

Hay casos como África Meneses, una magnífica árbitra, que no luchó nunca. Ha habido otros que han sido magníficos luchadores y como árbitros no les ha ido bien. Para ser un buen árbitro tienes que tener capacidad psicológica de aguantar presión y el conocimiento del reglamento. Lo único que te aporta el hecho de haber sido luchador es que sabes ciertos trucos de bregador, pero se te puede volver en tu contra porque puedes empatizar y en algún momento dejar de ser objetivo.

¿Se están haciendo los cursos de árbitros con la frecuencia adecuada para que el colectivo se vaya renovando?

Creo que hace tres años que no se hace ningún curso, pero próximamente se llevará a cabo. El problema es la cantidad de gente que los demanda. Es muy poca, en comparación a los cursos de monitor, por ejemplo. Creo que, ahora mismo, para el curso de árbitros en Tenerife hay cinco o seis personas. La gente, no sé por qué, no quiere meterse a árbitro.

¿Le duele más la lesión que sufrió su compañero Ángel Melián recientemente o los insultos que, desde la grada, semana a semana, se siguen vertiendo sobre el colectivo arbitral?

Evidentemente, es mucho más grave lo de los insultos. Lo de Ángel Melián, siendo grave, no deja de ser una circunstancia desgraciada dentro de la lucha. Tanto, que ha habido una solidaridad muy grande con él. La gente se ha volcado. Fue una cuestión fortuita. Lo que hay que erradicar el tema de los insultos y menosprecios dentro de la lucha.

¿Qué se puede hacer?

La reglamentación permite parar las luchadas. La consigna está clara. Yo les digo -a los árbitros- que si no se puede continuar la luchada, que acudan a los delegados del terrero y que estos llamen a la policía. Esas personas tendrán que abandonar el terrero, igual que en cualquier otro deporte. Intento que esto se lleve a rajatabla. Evidentemente, hay algunos árbitros que se abstraen u otros que no son capaces de tomar ese tipo de decisiones.

¿Se ve en el cargo otra legislatura, en caso de que la actual junta tinerfeña pudiera renovar el mandato?

El trabajo está encaminado, pero este lo puede hacer cualquier persona que tenga la misma idea que yo de mejorar el arbitraje. Yo tiendo a dejarlo. Uno hace un esfuerzo de una actividad no remunerada porque le gusta esto. Si la actual junta de la Federación de Lucha Canaria de Tenerife siguiera, soy consciente de que me pedirían que continuara en el Comité. Me gustaría que algunos compañeros que están pensando en la retirada y son bastante válidos tomasen el testigo. Las bases están sentadas de lo que debe ser un comité y cómo se debe trabajar. Lo que no se puede es centrarse en los nombramientos del fin de semana y poco más. Hay que incidir en los problemas, mejorar día a día con interacción? Ese camino se puede andar conmigo o sin mí. Quizás haya personas que tengan mejores ideas que las mías.