21 de mayo de 2019
21.05.2019
Fútbol.
CD Tenerife

La crisis del Tenerife alcanza ya cotas institucionales

La derrota ante el Elche, tras dos cambios de técnico y un relevo en la dirección deportiva, ha elevado la preocupación de Miguel Concepción

21.05.2019 | 06:02
Miguel Concepción, al presentar la campaña de abonos en julio de 2018.

Carlos Alonso, presidente del Cabildo Insular y candidato a la reelección por Coalición Canaria (CC), comentó ayer que la situación del CD Tenerife "merece una reflexión" y que participará de ella si gana las elecciones del próximo domingo. "Merece la pena una reflexión cuando acabe esta Liga, pase lo que pase. Yo estoy convencido de que nos salvaremos y seguiremos otro año más en el fútbol profesional. Pero, en cualquier caso, hay que tomar una serie de medidas", aseguró en declaraciones a Radio Club Tenerife.

Asimismo, aclaró que "el Cabildo no liderará esa reflexión, porque al final el club es de todos", aunque sí participará de ella. "Tenemos que sentarnos y ver qué es lo mejor para impulsar un nuevo proyecto. No creo que la situación actual sea la idónea y así no se puede seguir", sugirió insistiendo en que el objetivo es "sentarnos y hablar cuando acabe la Liga". No quiso, eso sí, adelantar propuestas porque "estamos en plena campaña electoral y no puedo ir más allá; hay que esperar al día 26 para ver si sigo teniendo la responsabilidad de presidir el Cabildo".

Para Alonso, la situación clasificatoria actual "no está acorde con la grandeza de esta plaza y de esta afición, pero ahora lo fundamental es conseguir la salvación. Lo que toca es estar todos tras el objetivo de la permanencia, y no puedo ir más allá ni dar más referencias", respondió.

El dirigente nacionalista confesó estar "muy preocupado porque la situación del Tenerife no es fácil". "La permanencia se ha complicado, pero pasa por ganar en el Heliodoro al Oviedo. Los tres puntos son indispensables y luego habrá un partido a cara de perro con el Lugo", auguró.

Estadio Martínez Valero de Elche, sábado 21:25 horas. Miguel Concepción abandona con el rostro desencajado el palco rumbo al hotel. La preocupación, creciente en las últimas semanas, torna en pesimismo a falta de tres jornadas y agotado, sin éxito a las primeras de cambio, el segundo relevo en el banquillo del CD Tenerife. El presidente sabe que no hay más parapetos, ningún subalterno que reciba las críticas ni un plan alternativo a la salvación para que llueva menos. Pero se mantiene firme.

El descenso, un peligro cada vez más real, acecha a un dirigente que teme, como es lógico, otro viaje a Segunda B en su historial. Ya lo sufrió en 2011, curiosamente también después de prescindir de José Luis Oltra (entonces al final del curso anterior) y con el ascenso a Primera como única meta.

Entonces no quiso salir por la puerta de atrás, ganó su reelección y se empeñó en recuperar la presencia en el fútbol profesional para la Isla. Lo logró en el segundo intento, tras un golpe de timón en el que apostó por Quique Medina y Álvaro Cervera como caras visibles.

Más tarde quiso abandonar el cargo. Fue antes de la junta extraordinaria de accionistas de julio de 2016, en la que se impuso de forma contundente a Pier Luigi Cherubino. Sacó músculo y arrasó consiguiendo que le delegaran más del 40 por ciento de las acciones. Concepción había elegido a Paulino Rivero como sucesor, posibilidad abortada luego por una confusa legislación de incompatibilidad. En esa tesitura, aceptó quedarse empujado por las fuerzas políticas y empresariales de la Isla y se ilusionó con devolver al equipo a Primera División y convertirse en el presidente del Centenario (2022).

Ahora le quita el sueño una desastrosa temporada que se ha cobrado tres víctimas (Joseba Etxeberria, José Luis Oltra y Alfonso Serrano) y que amenaza, salvo reacción inmediata, con fagocitar a otras dos (Víctor Moreno y Luis César Sampedro). Con un entorno sediento de culpables, las decisiones tomadas han puesto la figura de Concepción en primera línea. Entre sus colaboradores existe el temor a que las cosas no vayan bien sobre el césped el domingo (17:00 horas), en la visita del Real Oviedo, y que los minoritarios cánticos que piden la dimisión del presidente tengan entonces mayor respaldo.

Mientras, en algunas terrazas de la Avenida Anaga más de un empresario amaga con adquirir paquetes de acciones o promover la salida del empresario palmero. Lo hacen en privado, sin dar el paso, pero conscientes de la realidad: la condición de máximo accionista permite a Concepción tener la sartén por el mango. No hay quien pueda obligarle a salir o, al menos, quien le impida elegir a su sucesor. Porque vender no pasa por la mente de Concepción. Su propio consejo tiene claro que no va a arrojar la toalla.

Decisiones como la renovación de Joseba Etxeberria o la fe ciega en Víctor Moreno centran el foco de discusión del curso. El propio presidente ha manifestado en alguna ocasión no haber estado convencido en su momento con la primera. Sobre el director deportivo guarda aún silencio. Los análisis llegarán a la finalización de una temporada en la que Concepción no se ha escondido, ha asumido responsabilidades y ha tomado decisiones, aunque las cosas hayan salido mal. Ese argumento, sustentado por sus más estrechos colaboradores, se apoya en la sorpresa que ha supuesto para los protagonistas y hasta para los rivales la trayectoria blanquiazul desde el mes de agosto.

En medio del pánico, ahora que acecha la Segunda División B, se mantienen fieles a un presidente en el que siguen confiando plenamente por su gestión económica y porque consideran que el fútbol va más allá de una mala campaña.

Con tres partidos de Liga en el horizonte, Concepción ansía asegurar la permanencia para iniciar un nuevo intento de ascenso casi desde cero, un proyecto que él mismo califica como ambicioso, pero que pasa ineludiblemente por seguir en Segunda A.

Víctor Moreno le ha prometido olvidar esta pesadilla a base de fichajes ambiciosos y un entrenador que llegará con el aval reciente de su trabajo. Nombres como Michel, David Gallego, Fran Fernández o Aritz López Garai han aparecido ya como candidatos. El exrayista es el que más gusta. Ha pedido garantías sobre la competitividad del próximo ejercicio y se le ha garantizado con nombres sobre la mesa.

Pero nada de eso verá la luz si salen mal las cosas en las tres próximas semanas. A Concepción le tocaría afrontar la pesadilla del descenso y una renovación profunda y a la baja en la estructura profesional de la entidad blanquiazul.

Esta vez, eso sí, con dinero. Los recientes traspasos de Bryan Acosta (queda un millón de euros por cobrar) y Jorge Sáenz darían margen de maniobra para subsistir en la categoría de bronce con presupuesto de rico. Pero ese escenario es algo que nadie quiere plantearse en las oficinas del Heliodoro Rodríguez López.

Alonso: "Al acabar la Liga hay que sentarse y reflexionar"

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