Dos tinerfeños en el basket USA
La metamorfosis americana de los gemelos tinerfeños Díaz Graham
Siguen luciendo una figura casi enjuta, pero después de un lustro en suelo estadounidense los gemelos tinerfeños Jorge y Guillermo Díaz Graham están cada vez más hechos como baloncestistas. Han exprimido estos cinco años en el basket USA, y lo seguirán haciendo en busca de romper más techos.

Guillermo (izquierda) y Jorge Díaz Graham, por fuera de la iglesia de El Cristo de Tacoronte. / María Pisaca / MARIA PISACA

Alcalde de Tacoronte durante 16 años (de 1979 a 1995), un paseo rutinario de Guillermo Graham por los aledaños de las dependencias municipales y la Plaza del Cristo es sinónimo de constantes saludos y cortas conversaciones. Protagonismo de antaño que se mantiene vivo... salvo cuando el exregidor aparece acompañado por sus nietos Jorge y Guille.
Ahí, la alargada figura de los jóvenes gemelos (de 23 años cumplidos hace dos meses) se lleva todo el protagonismo. Antes eran los nietos del exalcalde. Ahora son dos jugadores que superan los 2,10 metros y van camino de convertirse en estrellas del baloncesto. Formados en las canteras del Santo Domingo y del CB Canarias, ambos se aprestan a cumplir su sexto año (tras uno de high school y cuatro de universidad) en Estados Unidos. Una campaña que será especial, la del salto al profesionalismo.

Guillermo (i) y Jorge Díaz Graham, en la Plaza del Cristo de Tacoronte. / María Pisaca / MARIA PISACA
Después de un curso de adaptación en la IMG Academy de Florida, Guillermo y Jorge comenzaron, en 2022, su verdadera aventura americana dentro de la NCAA. Lo hicieron en la Universidad de Pittsburgh. Su altura, y la condición de gemelos les permitieron llamar la atención desde el primer momento. Esa denominada twin connection que formaron hizo que se les «abrieran muchas puertas» a la misma vez que se hacían un nombre dentro de la pista. Un camino que, este último año, se tornó en vertiginoso, con cambio de universidad gracias al Transfer Portal (Jorge se marchó a Oregón y Guillermo recaló en San Francisco), graduación académica (ambos en Business Management), elección en el draft de la G League, participación en la Summer League de la NBA y, durante semanas, un futuro incierto que ya parece por fin definirse.
Todo lo que ha cambiado
En medio de unas cortas vacaciones en su tierra natal, Jorge y Guille reconocen que, cuatro años después, la metamorfosis en sus vidas ha sido tremenda. «¿Qué es lo que no ha cambiado?», se pregunta Jorge retóricamente. Variaciones que pasan desde «una mayor madurez física, baloncestística y mental», hasta un proceso de evolución mucho más acelerado tras separarse «por primera vez el año pasado». «Todo se multiplica por 10 cuando estás solo fuera de casa», señala Guille. «De tener unas vidas muy iguales a que sean muy distintas», expresa Jorge.
Fue, precisamente, este pasado curso 25/26 el que lo agita todo para ellos. Sumergidos en corrientes variables de emociones. Desde el «miedo por un cambio tan drástico», pasando por una «obligada adaptación» y acabar comprendiendo que se abría la puerta para «desarrollarse personalmente y conocerse a uno mismo». Fuera y también dentro de la cancha, porque el separar sus caminos les sirvió a ambos «para dejar de competir por los mismos minutos» y poder elevar su cuota de protagonismo.
La batalla del físico
Inmersos en esa necesaria adaptación al entorno los Díaz Graham también han tenido que librar otra batalla, la del físico. Una virtud altamente demandada en un baloncesto, el norteamericano, donde prima cada vez más el músculo. «Algunas palizas nos dieron», expresa Jorge en sentido figurado. «Hemos visto bastante suelo», apuntaba en la misma línea metafórica Guille, quizá el que más sufrió de los dos al tener que jugar de cinco no pocas veces.
Ya alcanzados los 2,10 metros, los hermanos Díaz Graham arrancaron su periplo universitario con poco más de 80 kilos cada uno. Carne de cañón ante físicos notablemente más desarrollados. Pero ahí Jorge y Guille apretaron los dientes y tiraron de inteligencia y paciencia. Por un lado porque su particular morfología habla de que será a partir de ahora, «con 23 y 24 años», cuando realmente ganen peso «con más facilidad». Pero sobre todo sabiendo «esconder bien» sus «debilidades».
«Porque al fin y al cabo siempre hemos sido más flacos que todo el mundo, y estamos acostumbrados a tirar de rapidez, agilidad y destreza para compensar esa falta de físico y músculo», argumentan los gemelos sabedores de que la mejora en ese aspecto es necesaria, aunque con matices. «Más que el peso, lo que se valora es la fuerza que puedes generar, y en ese sentido sí estamos evolucionando», puntualiza Guillermo.
Un verano agitado
Ya hechos por completo a la NCAA, los Díaz Graham han vuelto a vivir entre continuos terremotos. Y es que tras ser elegidos en lo más alto en el draft para extranjeros de la G League por los Texas Legends (Jorge con el número 1 y Guille con el 3), a los gemelos tinerfeños se les abrió la puerta de la Summer League para jugar con los Dallas Mavericks.
«Algo inesperado», recuerdan sobre un primer contacto que no iba a pasar de «simplemente ir a entrenar con ellos», pero que de inmediato se fraguó con un hueco en el roster de la citada liga de verano. «Al final tuvimos la suerte de jugar y encima hacer buenos partidos», detallan de una «una experiencia surrealista» por lo acontecido tanto dentro como fuera de la pista. Para Jorge de los mejores episodios que ha vivido. Guillermo incluso va más allá y habla de un punto de inflexión clave para «recuperar la confianza» después de «una temporada discreta» que lo dejaba «fuera de los workouts de la NBA». «Esas dos semanas me han arreglado el verano y también mi mentalidad hacia la siguiente temporada», llega a reconocer.
De Larrea como espejo
Una reciente experiencia que no solo posibilitó a los gemelos tinerfeños reencontrarse tras un año separados, sino además enfundarse una camiseta NBA, dejar su impronta –«han valorado mucho nuestra energía», destacan– y compartir equipos con otras estrellas en ciernes, caso de Sergio de Larrea. «¡Bohhh!», expresa Jorge mientas casi al unísono Guille suelta un «¡pffff!» en tono casi reverencial. «Es un espectáculo verlo jugar, pero también entrenar y descubrir la mentalidad que tiene tan profesional; algo impensable para nosotros cuando teníamos esa edad», resaltan sobre el vallisoletano.
Elogios que los Díaz Graham detallan en otros aspectos que explican las razones del estatus alcanzado por el ex del Valencia. «Siempre se está fijando en todo, y preguntando a los entrenadores, a lo que añade la calma con la que lo hace todo, como si fuera un experto profesional. Está ahí porque tiene que estar», resaltan del internacional con España. Larry se ha ganado, por la vía rápida, un sitio en la NBA. Guille y Jorge seguirán trabajando duro para que algún día les llegue su turno.
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