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MUNDIAL DE ESTADOS UNIDOS, CANADÁ Y MÉXICO

Tenerife se vuelca con una España que no defrauda

La Isla empuja a través de numerosas pantallas gigantes que congregan a miles de fans

Vídeo| Ambiente del partido España - Francia en Tenerife y celebración del segundo gol español

Arturo Jiménez

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El Día

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Santa Cruz de Tenerife

No falló Tenerife a la llamada de la Roja. Dicen los futbolistas de Luis de la Fuente que cualquier grito de ánimo cuenta. Aunque sea desde miles de kilómetros. Ese mensaje lo hicieron suyo los miles de aficionados a la selección española, el equipo de todos, en una Isla que se volcó para, teóricamente sufrir, pero acabar disfrutando al máximo de una tarde-noche histórica con la victoria de España frente a Francia.

Comenzó el partido bañado por la intensidad con la que iluminaban Tenerife los últimos rayos de sol de la tarde veraniega, que se resistía a marcharse en La Orotava, la Tegueste de Pedri (que no fue titular, pero disfrutó de minutos en el segundo tiempo) o lugares tan variopintos y alejados como Güímar, Puerto de Santiago (en Santiago del Tede), La Laguna y hasta en la zona exterior del Recinto Ferial, en Santa Cruz. Separados por las cristaleras que escoltan las paredes laterales del edificio, mientras unos se zambullían en el mundo de las nuevas tecnologías de la mano de la TLP (Tenerife Lan Party) en el interior del Centro de Ferias y Congresos, otros no quitaban ojo a la pantalla, pero por un motivo.

Ya desde tiempo antes, porque las semifinales de una Copa del Mundo son mucho más que un partido, se habían reunido los aficionados de la Roja en torno a las pantallas gigantes. También las hubo en Candelaria, Santa Úrsula o Icod de los Vinos. Al evento social había que acudir con tiempo para tomar asiento o colocarse lo más cerca posible de los monitores. Más ruido, más ambiente, más emoción.

Los más jóvenes, que fueron legión, celebraron con entusiasmo el penalti que cometió Digne sobre Lamine Yamal mientras caían en la cuenta de que había transformar en gol tan valiosa oportunidad. Asumió la responsabilidad Oyarzabal y no decepcionó. Como la selección, que estuvo brillante. Doble festejo: el penalti y el gol para mandar al descanso. La explosión fue total cuando Pedro Porro anotó el segundo a asistencia de Dani Olmo en el segundo tiempo. Era mucho más que un gol porque, con el 0-2 en el marcador, había margen para permitirse una ligera relajación inviable con el 0-1 que campeaba desde el acierto de Oyarzabal.

En medio de la fiesta salió al campo el 20. Si la camiseta blanca de Adidas con la que España ha acudido a este Mundial era la prenda estrella, más incluso que el modelo rojo, el 20 era, con diferencia, el número que más se repetía. El de Pedri, que entró en el minuto 78 en sustitución de Fabián. Se emocionó Tegueste con uno de los suyos y lo vivió con especial ilusión Tenerife. Uno de los suyos, de los nuestros, finalista de una Copa del Mundo. Finalista porque de ahí al final fue coser y cantar. Y celebrar, celebrar mucho con la cabeza en que falta aún el último paso: el del domingo, «a la misma hora», se despidieron algunos mientras de fondo comenzaban a sonar las primeras pitas.

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