Entrevista | Edurne Pasaban Alpinista, ingeniera y empresaria española
Edurne Pasaban (alpinista, 52 años): "El Teide hay que hacerlo al menos una vez en la vida"
Entre coloquios y recuerdos del Himalaya, la primera mujer en escalar los 14 ochomiles visita Tenerife para compartir su experiencia con los ingenieros de la Isla

Edurne Pasaban, antes de su intervención en el acto del 50º aniversario del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales de Tenerife, en el Auditorio Adán Martín. / Andrés Gutiérrez

Edurne Pasaban (Guipúzcoa, 1 de agosto de 1973) necesita pocas presentaciones. Su nombre quedó ligado para siempre a la historia del alpinismo al convertirse en la primera mujer del mundo en coronar los catorce ochomiles del planeta. Ingeniera técnica industrial de formación, conferenciante y empresaria, ha conseguido trasladar todo lo aprendido en la alta montaña al mundo del liderazgo, la gestión de equipos y la toma de decisiones. La alpinista visitó Tenerife el pasado viernes con motivo del acto central del 50º aniversario del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales de Tenerife, celebrado en el Auditorio de Tenerife Adán Martín.
Ya conoce bien Tenerife.
Efectivamente. He estado unas cuantas veces. Unas tres o cuatro veces.
¿Es un lugar especial para usted, la Isla?
Sí, para mí sí. No sé, ya cuando aterrizas y ves las montañas… Estoy muy acostumbrada a ver montañas de otro tipo. Estas me gustan, este paisaje árido me gusta. Es un sitio especial.
¿Qué recuerdos le surgen al volver a esas primeras veces aquí?
Primero recuerdo a mis amigos de aquí, lo primero, porque en el mundo del himalayismo habéis tenido a alpinistas y, cuando os oigo hablar, me ubico en aquellos momentos que he pasado con ellos. Y luego es verdad que yo siempre he venido a Tenerife de vacaciones. Entonces, la sensación de aterrizar en una isla como la vuestra es de paz.
¿Cómo se percibe el Teide desde fuera?
Primero, lógicamente, es el pico más alto que tenemos en España, en nuestro país. Lo segundo, es un pico en el que, desde el mar hasta arriba, hay un desnivel que es una pasada. Y yo creo que a todo el mundo al que le gusta la montaña, cuando llega a un sitio tiene el objetivo y el sueño de poder hacerlo. El Teide hay que hacerlo al menos una vez en la vida.
En una ocasión usted dijo que «Tenerife tiene un chollo increíble» por poder pasar del nivel del mar hasta casi los 4.000 metros. ¿Cree que aquí, a veces, vivimos un poco de espaldas a ese privilegio?
Yo creo que nadie es consciente de las cosas que tenemos en casa y es así. O sea, que tengáis una montaña como esta aquí, en una isla tan cerca del mar, con todo lo que requiere alrededor de esto, normalmente solo somos conscientes los de fuera, cuando venimos aquí. Nadie puede pasar por Tenerife sin subir al Teide. Y vosotros, seguramente muchos isleños, no habréis subido al Teide. No lo veis como nosotros.
También ha señalado que el éxito no es llegar a la cima, sino regresar. ¿Se sigue entendiendo mal lo que es el éxito?
Bueno, vivimos en una sociedad que es hipercompetitiva y valoramos que cada uno consiga los objetivos que nos planteamos nosotros y los demás. Y eso es el éxito para nosotros, pero el éxito no es coronar la cumbre, sino saber regresar al campamento base para mantenerse constante. No es solamente conseguir la mejor entrevista, al final tú tienes que ser un buen periodista. Y dentro de ser un gran periodista tendrás grandes éxitos porque has entrevistado a uno, a otro y a otro. Pero es eso, medimos nuestra capacidad por los éxitos que conseguimos en las cumbres; no, hay que bajar al campamento base.

Edurne Pasaban. / Andrés Gutiérrez
Su formación como ingeniera técnica industrial tiende a quedar en segundo plano frente a su faceta deportiva.
Sí, pero son dos mundos que pueden complementar. Al final, yo estudié Ingeniería y luego hice alpinismo y me fui al Himalaya, y muchas partes de la ingeniería me las llevé al alpinismo, porque los ingenieros son gente superplanificadora, que necesita, cuando tiene un objetivo, informarse. O sea, todos esos conceptos de gestionar el riesgo y todo esto, yo de una manera u otra, como en ADN ingeniero, lo tenía y lo apliqué luego en la montaña.
Por tanto, no son mundos tan lejanos como uno se puede imaginar.
Exacto. Al final yo creo que toda esa capacidad de enfrentarnos a retos y a objetivos en la vida es muy parecida. Es verdad que los míos eran en forma de montañas de 8.000 m y ellos tienen retos diferentes, pero la manera de afrontarlos es muy parecida.
Ha pasado más de una década desde que culminó los catorce ochomiles. Ahora alterna su faceta de conferenciante internacional, coach ejecutiva y empresaria. ¿Cómo vive esta etapa?
Bueno, esto es un una un sin parar. Hoy en día me dedico mucho a dar este tipo de conferencias, de motivación, de cosas de liderazgo. Bueno, voy encontrando mi hueco en el que yo me siento yo creo que es realizada. Quizás sí que me falta la adrenalina que no tiene nada que ver lo que hago ahora con lo montañas de 8000 metros, pero para mí el éxito de una persona es encontrar el camino de que quieres hacer y que lo que hagas te apasione, es decir, yo no vengo obligada aquí a Tenerife a hacer una charla con los ingenieros. A mí me gusta venir aquí y esto es el mayor éxito que puede tener una persona.
Otra frase suya que me ha llamado la atención: «El gran alpinista es el que sabe darse la vuelta».
Sí, porque a veces nos enrocamos con el objetivo de conseguir lo que nos proponemos; en mi caso, una montaña o una cumbre en ese momento, y no miramos los riesgos ni todo lo que podemos dejar al lado. Pero esto, a nivel profesional y personal también, en nuestra vida diaria. Entonces, el gran alpinista es el que sabe darse la vuelta y deja ese objetivo por sobrevivir.
En sus conferencias insiste mucho en la importancia del equipo. Sin embargo, desde fuera tendemos a quedarnos con el nombre del que alcanza la cima. ¿Le preocupa que sigamos entendiendo el éxito de forma demasiado individual?
Bueno, pero este es el trabajo de la persona que lidera el equipo: saber dar visibilidad a su equipo, porque nadie va a conseguir nada en esta vida sin un equipo. O sea, todos los ingenieros que hoy me van a escuchar van a tener un equipo para llegar hasta ahí. Para mí la base de esto es esa: es verdad que la visibilidad se centra en Edurne Pasaban, que ha terminado los 14 ochomiles, pero Edurne Pasaban nunca hubiera conseguido los 14 ochomiles sin las personas que ha tenido alrededor.
¿Cuánto del alpinismo de la vieja escuela se ha perdido con las nuevas tecnologías, los satélites o las redes sociales?
Sí, la tecnología ha cambiado un montón. Desde los años 90, cuando empecé a escalar montañas de 8.000 metros, hasta hoy, es una pasada. Esa tecnología ha hecho cosas buenas, como tú bien dices, con todo este tema de satélites y demás. Ahora tenemos mucha más información; la manera de trabajar de la mayoría de las personas que estarán hoy aquí en la sala es totalmente diferente a la de hace 20 años. Para nosotros también: la tecnología en la montaña ha evolucionado mucho. Nos ha ayudado a conocer mejor el parte meteorológico, la altitud, etc. Antes íbamos sin todo ese conocimiento, y el material que usábamos y el que se usa ahora es totalmente diferente. Pero también ha traído cosas negativas. Esa capacidad de comunicación que había antes… Hemos visto estos últimos años las grandes colas que se forman en el Everest. Todo eso es consecuencia de ese avance tecnológico y de la sensación de que todo está al alcance de todo el mundo, o de que cualquiera puede subir allí arriba.
¿Cuál es la cumbre de la que más orgullosa se siente de haber pisado?
Si hablamos en términos de montaña, la cumbre de la que más orgullosa me sentiré seguramente será el K2, es una de las más complicadas. Pero quizás la cumbre, a nivel más personal, que más satisfecha me deja es, después de hacer el reto de los 14 ochomiles, poder escalar la cumbre de la maternidad, que es mi hijo que tengo ahora.
Si echa la vista atrás, ¿cómo de satisfecha está Edurne Pasaban con su camino?
Muy satisfecha, no solo por el hecho de conseguir los 14 ochomiles y ser la primera en hacerlo. Para mí la satisfacción viene por otro lado, viene del hecho de que esto era un deporte totalmente minoritario, un deporte totalmente masculino, como puede ser el mundo de los ingenieros, lo mismo, y al final el haber podido luchar y conseguir vivir de lo que a mí me gustaba y hacer lo que yo me propuse es lo que más satisfacción le puede dar a una persona: poder cumplir el sueño de lo que quería ser. n
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