De Tamaimo al mundo: jugó en 6 países y se retira a los 32 años tras una carrera frenada por lesiones
Alejandro Rodríguez Gorrín se retira tras una carrera lejos de los grandes escaparates, pero con un recorrido internacional que lo llevó por Inglaterra, Nueva Zelanda, Portugal, Rumanía, Escocia e Irlanda del Norte

Alejandro Rodríguez Gorrín, titular ante el City de Guardiola en un partido de Copa de la Liga de Inglaterra. / El Día

Inglaterra, Nueva Zelanda, Rumanía, Escocia, Portugal e Irlanda del Norte. Alejandro Rodríguez Gorrín no ha disfrutado de una carrera bajo los focos ni ha vestido las camisetas de Barça o Real Madrid. Pero eso no ha impedido que hoy, solo unas horas después de publicar una carta en sus redes sociales anunciando su retirada, eche la vista atrás y, con orgullo, reivindique una trayectoria muy por encima de la media en experiencias, culturas y aprendizajes. Las lesiones le han obligado a decir adiós antes de lo que imaginaba. Pero se marcha orgulloso, satisfecho y con la tranquilidad de poder decirle a aquel Álex que salió de Tamaimo con 16 años que tomó el camino correcto y que no tendrá motivos para arrepentirse.
Sigue este isleño la senda de nombres como Javier Rabanal o Luisma Hernández –aunque en su caso sobre el césped y no en los banquillos–, dos de los que obligatoriamente aparecen en la conversación cuando se habla de tinerfeños que han tenido que buscarse las papas fuera. El centrocampista, criado futbolísticamente en Santiago del Teide y moldeado después en la academia del Sunderland, anunció esta semana su retirada a los 32 años.
«Después de tomar la decisión de poner fin a mi carrera como futbolista profesional y echar la vista atrás, solo puedo sentir gratitud. Quiero dar las gracias a todos mis compañeros, entrenadores, cuerpos técnicos, a los clubes que tuve el honor de representar y a los aficionados que hacen de este deporte algo tan especial. Como cualquier trayectoria profesional, ha estado llena de momentos muy buenos y otros más difíciles, de retos y recuerdos inolvidables, pero nada de esto habría sido posible sin el apoyo incondicional de mi familia», se puede leer en la carta publicada en sus redes sociales.
El momento de decir basta
A unas horas del anuncio y todavía sin haber podido dar respuesta como merece «al montón de cariño de la gente, compañeros, entrenadores y aficionados», Álex Gorrín atiende a EL DÍA desde la Isla, donde estos días descansa junto a los suyos y aprovecha también para preparar una nueva etapa personal en los banquillos. Entre felicitaciones y recuerdos que se le van acumulando, aparece una prioridad muy clara. «Tengo una niña pequeña de 4 meses, entonces también tengo que darle mi tiempo a ella», comenta.
El momento de decir basta no es algo que le haya surgido de la noche a la mañana. Tampoco desde hace unas semanas. La decisión ha venido gestándose con el tiempo. Cuenta Gorrín que la idea estaba prácticamente asumida desde hacía meses, aunque otra cosa muy distinta fue llevarla a cabo.
Las lesiones fueron inclinando la balanza. Ya durante su etapa en el Oxford United sufrió dos graves roturas de ligamento cruzado. En aquel entonces consiguió volver, competir de nuevo a buen nivel e incluso reinventarse. Ahora es distinto. Su última temporada en el Linfield de Irlanda del Norte, con una lesión de tobillo que prácticamente le ha impedido jugar, ha terminado por empujarle hacia la decisión de la retirada. Sintió que ya no podía ofrecer la versión de sí mismo que le exige el fútbol profesional: «No sentía que podía jugar al nivel que requería la liga y el club». Poco después llegó una conversación con su entorno más cercano y una conclusión compartida: «Era el momento de pasar a la siguiente etapa».
Si hoy pudiera sentarse a hablar con aquel adolescente que hizo las maletas y salió de Tamaimo con 16 años rumbo a la cantera del Sunderland, tiene claro lo qué le diría: «Que va a ir bien». También le advertiría, claro, que los comienzos no iban a ser precisamente un camino de rosas. «Va a ser difícil, pero vas a hacer lo que te gusta y vas a cumplir el sueño de niño».
La escuela del Sunderland
Buena parte de su carrera se sustenta en Inglaterra. Entre la mentada escuela del Sunderland, donde aprendió «lo que necesita uno para rendir y mantenerse en el fútbol profesional», y Oxford, donde con el Oxford United acabó convirtiéndose en emblema. Entre un destino y otro pasó por hasta cuatro países. El primero fue Nueva Zelanda, en el Wellington Phoenix, el equipo de Tim Payne. Reconoce que fue «una decisión acertadísima», que se divirtió «jugando» y que se encontró con una sociedad distinta, abierta y muy cercana; de ahí, claro, se entienden los cuatro años que acabó pasando allí.
De ahí a Portugal, al Boavista, una etapa breve y poco fructífera que se truncó a los seis meses. Luego vino la sorpresa con Rumanía, que rompió todos sus prejuicios. Jugó en el Sepsi, en la tierra de los sículos. La experiencia, afirma, le sorprendió «positivamente».

Gorrín, con el Sepsi. / El Día
Gracias a su rendimiento en Rumanía volvió a reencontrarse con las sensaciones de futbolista y logró reactivar una carrera que, más adelante, le llevaría hasta Escocia. Allí firmó una segunda vuelta sencillamente sobresaliente que terminó por abrirle la puerta de Oxford, el lugar donde más feliz fue.

Con el Motherwell de Escocia. / El Día
Cinco años en la Atenas de Inglaterra cincelan la tan especial relación de Álex Gorrín con el club británico. Encontró estabilidad, continuidad y algunos de los mejores momentos de su carrera. Se quedó a las puertas de ascender a la Championship, la segunda categoría del fútbol inglés. «En el Oxford fueron unos años muy buenos», verbaliza. Habla del equipo y del grupo humano que se formó como si fuese una segunda familia. Recuerda cómo algunos trabajadores del club se implicaban de manera personal en su recuperación del cruzado. «Uno de los fisioterapeutas se levantaba a las 7:30 de la mañana para ir a la piscina conmigo, después me llevaba al club e íbamos a desayunar». Por eso insiste en que fue un club que le «marcó» y donde disfrutó «mucho».

Su última experiencia como futbolista, en el Linfield de Irlanda del Norte. / El Día
Las lesiones terminaron por cerrar el ciclo de Gorrín en el Oxford. Después lo intentó en el Forest Green Rovers, en la League Two (cuarta inglesa), y más tarde en el Linfield de la Liga de Irlanda del Norte, pero ya no pudo más por culpa de sus problemas de rodilla y tobillo. ¿Qué habría pasado sin las lesiones? ¿Hasta dónde podría haber llegado? «Me queda esa pena», admite, aunque sin dejar que la nostalgia le pese demasiado. Prefiere quedarse con todo lo bueno que le ha dado el fútbol, que no es poco. En definitiva, una historia de trotamundos de la que sentirse profundamente orgulloso.
La noche en la que se midió al City de Guardiola
«Mi padre y un amigo vinieron a ver el partido; fue una noche especial, de las más especiales de mi carrera». Pregúntele a ese adolescente de 16 años, que duda si hacer la maleta y salir fuera a perseguir su sueño, que va a terminar jugando contra uno de los mejores equipos de la historia. ¿Qué responderá? Quizá esa noche del 18 de diciembre de 2019 que vivió Álex Gorrín en Oxford baste para entender que el camino elegido tenía sentido. El santiaguero, entonces titular en el centro del campo del Oxford United, se midió al Manchester City de Pep Guardiola, con jugadores en aquel once como Rodri, Joao Cancelo, Bernardo Silva, Mahrez o Phil Foden, entre otros.
Eran los cuartos de final de la Copa de la Liga inglesa. Como era previsible, el gigante azul cielo se llevó la victoria, pero Álex y los suyos compitieron de tú a tú: «Fue un partido competitivo, no fue un partido de esos en los que nos metimos en un bloque y ellos nos avasallaron, sino que ellos tenían sus momentos y nosotros los nuestros». El inicial tanto de Cancelo lo igualó Taylor en el 46’; Sterling, con un doblete, terminó decantando la eliminatoria para los de Pep. «Una noche muy bonita», apunta el tinerfeño, que también tuvo la oportunidad de ser de la partida en St James’ Park y rascar un empate ante el Newcastle en la FA Cup –en el partido de desempate, ya en Oxford y también con el tinerfeño sobre el césped, las urracas se impusieron 2-3 en la prórroga–.
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