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Así nació el imperio de la pesca deportiva: de un garaje en Tenerife al mundo entero

Sin herencias ni atajos, el realejero Yadai Bravo levantó desde cero una agencia global de pesca deportiva

Yadai Bravo, fundador de SeaRiver Fishing Trips, junto a un cliente durante una jornada de pesca, con un jurel.

Yadai Bravo, fundador de SeaRiver Fishing Trips, junto a un cliente durante una jornada de pesca, con un jurel. / El Día

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Bruno Sánchez

Bruno Sánchez

Santa Cruz de Tenerife

El tinerfeño que hace de los océanos del mundo su lugar de trabajo. Bajo esa premisa podría resumirse la historia de Yadai Bravo, realejero de El Toscal-Longuera, que arranca en su garaje fundiendo plomo para fabricar señuelos, y termina –o mejor dicho, continúa– en algunos de los destinos de pesca deportiva más espectaculares y remotos del planeta. Entre un punto y otro han pasado casi diez años de viajes, aventuras y una apuesta personal que ya es su forma de vida.

Yadai no encaja en la imagen del empresario que hereda una compañía. Tampoco en la del aventurero que tropieza con el éxito por casualidad. Más bien al contrario. Desde Canarias, y partiendo, como él mismo reconoce, «prácticamente desde la nada», ha levantado una agencia especializada en viajes internacionales de pesca deportiva que hoy lleva a pescadores de todas partes del mundo a algunos de los destinos más exclusivos y codiciados del planeta: Maldivas, Andamán, Omán, Seychelles, México, Arabia Saudí o Yibuti.

Fundador de SeaRiver Fishing Trips, Bravo ha conseguido convertir una pasión muy concreta en un proyecto empresarial de presente y futuro. Recuerda que todo empezó de una forma bastante más simple; como tantos aficionados, comenzó pescando en Canarias, a spinning. El sueño se alimentaba con vídeos de YouTube: «Dios, estos peces me gustaría pescarlos». Y de la curiosidad a la obsesión.

Eso sí, antes de empezar a organizar viajes internacionales hubo mucho trabajo en la sombra. Fabricaba sus propios señuelos, probaba materiales que traía desde China y buscaba la forma de sostener una afición que, como él mismo reconoce, no es precisamente barata.

Andamán: el origen de todo

Andamán es el origen de todo, el punto de inflexión. Aquel destino, situado entre India y Tailandia, al que el tinerfeño llegó por primera vez en 2017, fue un golpe de realidad; por la calidad de la pesca, por supuesto, pero también por todo lo que se le vino encima a nivel cultural en aquel lugar.

Lo recuerda Bravo como un «contraste tan brutal» que todavía hoy sigue siendo el lugar que más le ha marcado. Habla de una isla remota, con infraestructuras muy básicas en aquel momento, donde incluso los controles aeroportuarios se hacían todavía a la vieja usanza, con libretas y anotaciones a mano. Cuenta que los habitantes locales iban «a tocarle los tatuajes», sorprendidos por la presencia de aquellos pescadores llegados desde Canarias.

El operador le preguntó entonces si estaría interesado en comercializar esos viajes en España y captar clientes. «La verdad que yo nunca he hecho esto, pero tengo cara para poder hacerlo», respondió Yadai. Así se cocinó el origen de SeaRiver Fishing Trips.

De vuelta en España empezaron a compartir fotos y vídeos del viaje. Las preguntas no tardaron en llegar. Cada vez más aficionados querían saber cómo se podía vivir algo parecido. La solución fue montar un grupo y, en 2018, lanzarse a la primera expedición comercial. El resultado, según cuenta, fue de gente entusiasmada porque les estaban mostrando algo «completamente nuevo». «La gente se quedó supercontenta», resume.

Lo que vino después fue un crecimiento casi meteórico. Primero Andamán. Luego Maldivas. Más tarde México. Después Omán, Seychelles, Arabia Saudí, Colombia, India o Yibuti. Destinos que se fueron sumando a medida que el proyecto ganaba reputación y la demanda aumentaba. «Para el que le gusta la pesca», porfía Bravo, «esto es una experiencia única en la vida».

Un proyecto para expertos... y principiantes

Si hay una idea que repite cuando atiende a EL DÍA es que SeaRiver Fishing Trips no vende solo jornadas de pesca. Bravo, que explica que trabaja tanto con perfiles muy experimentados como con personas que apenas están dando sus primeros pasos en la pesca deportiva tropical, insiste en que no vende «pesca»; vende «experiencias».

Según explica, los participantes conviven durante una semana con personas que, en muchos casos, no conocen de nada, comparten embarcaciones, alojamiento, comidas y jornadas de pesca en lugares remotos a los que el turismo habitual no suele llegar.

Mucho más que capturar peces

El resultado final va mucho más allá de las capturas. Los viajeros vuelven con vivencias culturales, nuevas amistades y una mirada distinta sobre países que rara vez aparecen en los itinerarios turísticos más convencionales.

Ni la pandemia –«me tumbó directamente»– ni las redes sociales, que Bravo define como «un arma de doble filo» –reconoce que le han ayudado a crecer, pero también le han expuesto a críticas del tipo «por qué le haces daño a los peces», a lo que aclara que los anzuelos que utilizan no son de muerte y que, aunque en ocasiones se puede llevar algún pez para consumo, lo habitual es capturarlo, fotografiarlo o grabarlo y devolverlo al agua– han conseguido derribar un proyecto que ha logrado construir una comunidad fuerte y sana. Tanto, que hoy en día gestionan grupos con cientos de clientes y seguidores y han terminado por diversificarse en distintos destinos alrededor del mundo.

Yadai nunca oculta que viene de una isla atlántica, lejos de los grandes centros económicos europeos. Precisamente por eso valora todavía más todo lo que ha conseguido. En varios momentos de la conversación recuerda que empezó «de la nada, sin un respaldo económico» y que todo lo logrado ha sido fruto de años de esfuerzo. Por eso, cuando mira atrás y repasa la evolución de SeaRiver Fishing Trips, sigue dándole vueltas a la misma pregunta: «¿Cómo hemos llegado hasta aquí?».

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