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Fútbol base

Un milagro en El Hierro: el CD Concepción, a un paso de la División de Honor Juvenil

Cuatro partidos separan al territorio más pequeño y aislado de Canarias de la máxima división del fútbol base español

Formación del CD Concepción en un partido de la Juvenil Provincial.

Formación del CD Concepción en un partido de la Juvenil Provincial. / CD Concepción

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Bruno Sánchez

Bruno Sánchez

Santa Cruz de Tenerife

En una isla de 11.000 habitantes, donde las instalaciones arrastran evidentes carencias y muchos jóvenes se ven obligados a marcharse fuera para estudiar, el fútbol vuelve a obrar uno de sus milagros imposibles. El CD Concepción está a cuatro de subir a la División de Honor Juvenil, la máxima categoría nacional del fútbol base español. 

El conjunto de El Hierro ya había roto una barrera este curso al convertirse en el primer club de la isla en competir en Provincial. Lo siguiente, si consigue ascender, cambiaría para siempre la historia del fútbol herreño.

La semifinal, contra el histórico San José

El conjunto de Valverde se ganó el derecho a pelear por el ascenso después de terminar quinto en la Juvenil Provincial. Ahora le espera una semifinal contra el histórico San José. El primer asalto será el sábado 30 de mayo a las 14:30 en El Hierro, mientras que la vuelta todavía no tiene fecha confirmada. Si el Concepción logra superar esa eliminatoria, el último escalón hacia la División de Honor saldrá del cruce entre Puerto Cruz y CD Laguna.

Pero esta historia, la de una isla pequeña peleando contra sus propias limitaciones, se quedaría corta de reducirse solo a los resultados. Sería injusto. Porque lo importante está en otra parte: en cómo un grupo de chicos ha logrado romper complejos históricos que parecían ya instalados, y en cómo un club humilde ha sido capaz de levantar un equipo competitivo «a base de trabajo y trabajo», como repite su entrenador, David Grillo.

El gran artífice de este recorrido, que ya suma dos ascensos y que ahora va a por el tercero, reconoce sentirse «orgulloso de la forma en la que han llegado los resultados». Y lo explica: «La dificultad número uno son las personas que están para apoyar al club. Somos poquitos y hay que hacer un montón de cosas. Hay personas que no están cobrando porque a lo mejor tienen a sus hijos y están echando una mano».

Con ventorrillos, como hace 20 años

Cuando comienza a desgranar todas las dificultades que ha tenido que sortear este juvenil para llegar a donde ha llegado, la historia cambia de escala. Ya no suena solo a hazaña; empieza a parecer un milagro. Las subvenciones, asegura, «son de hace un montón de años», mientras que todos los gastos «han subido cerca de un 40%». Ese desfase obliga al club a tirar de ingenio, de recursos casi de otra época para poder seguir respirando económicamente: «Tenemos que acudir a colaboradores, incluso poner ventorrillos, como hace 15 o 20 años».

Viajar es, además, un problema permanente. Los desplazamientos son inevitables y, desde El Hierro, se convierten a veces en una odisea logística. Recuerda Grillo una de esas situaciones de la temporada en la que el equipo tuvo que desplazarse a La Palma y terminó «obligado a hacer noche allí» con lo que eso conlleva.

La precariedad también se nota en lo puramente deportivo. Cuando llegan las lesiones o las sanciones, el Concepción no tiene otra que recurrir al cadete, que compite en segunda, muy lejos del nivel de exigencia de sus rivales de esta fase de ascenso, cuyos equipos cadetes incluso están en categoría autonómica. 

¿Más dificultades para dimensionar el milagro? Las hay. Varios futbolistas estudian fuera de la isla: el capitán en Las Palmas, el mediocentro también, los porteros y un defensa en Tenerife. «Nunca los puedo entrenar aquí», explica el técnico. David Grillo no sabe cómo «el equipo ha conseguido jugar una promoción». Pero enseguida halla la explicación: «Trabajo y trabajo. No hay otra».

Un campo con hoyos

La lista sigue con unas instalaciones que, simplemente, no están a la altura. «Tenemos un campo -el Estadio Francisco Expósito Chito- en el que nosotros estábamos en el punto de penalti para ver dónde lo tirábamos y no había manera, y tuvimos que rodar el balón 50 centímetros», explica. Un campo con hoyos en el terreno de juego, y que hasta hace no tanto ni siquiera contaba con desfibrilador (algo que, por ley, debería estar en cualquier complejo deportivo).

Y aun así, el equipo sigue compitiendo. Y compitiendo de verdad. Lo hace a base de un trabajo silencioso que ha terminado por cincelar un vestuario competitivo y, sobre todo, tremendamente unido. Un grupo que, además, representa a toda la isla. El presidente del club, David Sanjuán, lo resume: «No es que sea el Concepción, el Concepción es el nombre, porque nosotros jugamos con juveniles de todos los sitios de El Hierro, de Valverde, de Frontera y del Pinar».

Ahora llega el gran examen. El playoff frente al San José. Grillo espera una eliminatoria «muy complicada y ajustada». Considera que ambos equipos se conocen perfectamente y cree que «se decidirá por detalles». Ascender supondría entrar por primera vez en la élite del fútbol juvenil español. Pero incluso aunque el sueño termine aquí, la sensación en la isla es que ya se ha hecho historia. «Cuando acabemos todo esto, la gente verá que se ha hecho un trabajo tremendo con los chicos», afirma Grillo.

Los chicos de la ‘resi’

El milagro del Concepción no se entiende sin «los chicos de la resi». Así se le llama, explica su entrenador, al grupo formado por Sheriff Ba Lampard, Sanusi, Baboucarr, Mory Conde y Mohamad Mesi. Son varios futbolistas de origen africano que se han convertido en piezas capitales del proyecto blanquiazul. «Han venido de diferentes países, de Gambia, algunos de Senegal», relata el técnico, que admite que la implicación de las familias adoptivas en El Hierro «ha sido la idónea».

Lo cierto es que sobre el césped han sido cruciales. Especialmente Sanusi, cuyos 34 goles representan algo más de un tercio de los 93 que ha firmado el equipo a lo largo de toda la liga. Muchos de ellos llegaron a Canarias siendo todavía muy jóvenes. Algunos estudian, otros trabajan, y todos hacen encaje de bolillos para compaginar su vida diaria con el fútbol. En cierto modo, el posible ascenso del Concepción también dice mucho de eso, de una isla pequeña que ha sabido integrar.

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