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Fútbol

Román Cruz, el portero al que el Asperger no le ha impedido jugar para dos equipos a la vez

Pese a tener un trastorno del espectro autista y una discapacidad intelectual del 37%, este joven guardameta de 16 años ha convertido el deporte en una herramienta clave para su desarrollo personal y su confianza dentro y fuera del campo

Román Cruz, el portero al que el Asperger no le ha impedido jugar para dos equipos a la vez

El Día / Andrés Gutiérrez

Alexis Vella

Santa Cruz de Tenerife

Durante años, Román Cruz tuvo que aprender a entender un mundo que muchas veces parecía ir demasiado rápido. Hoy, con 16 años, lo hace desde una portería. Tiene síndrome de Asperger, un trastorno del neurodesarrollo dentro del espectro autista, y una discapacidad intelectual del 37%; sin embargo, eso no ha impedido que pueda jugar, incluso simultáneamente, para dos equipos a la vez: el ADFC Padre Anchieta y el CD Tenerife EDI

Cuando tan solo tenía cinco años, sus padres, Elena Morales y José Cruz, ya detectaron algo especial en aquel pequeño niño. «Los médicos pensaron que podría ser TDAH o hiperactividad, aunque el verdadero diagnóstico no llegó hasta que cumplió los ocho», cuenta la madre. Eso sí, el camino no ha sido fácil. «Fue duro. Se convirtió en una batalla durante demasiado tiempo, pero él, y nosotros, hemos crecido mucho como personas», continúa. 

Sus inicios en el deporte

Criado en una familia vinculada a la lucha canaria, a Román siempre le ha gustado el deporte. El problema es que los estigmas a veces marcan quién puede divertirse y quién no, y por eso hasta hace muy poco tiempo no había podido jugar al fútbol, más allá del patio del colegio. La razón de ese interés en el balón es curiosa, y se debe, según explica el propio Román, «a lo bonito que es cuando se práctica en equipo». «Desde que era pequeño, nadie quería ponerse de portero en el recreo. Influyó que yo era un chico alto, y al final me terminó encantando. Terminé disfrutando muchísimo y cada vez que me ponía debajo de la portería no quería que se acabara», recuerda el guardameta.

Pero previamente a ese flechazo por el balompié, su gran afición era la brega, hasta el punto de que, antes de la pandemia, ya practicaba el deporte autóctono por excelencia. «Siempre le gustó la lucha canaria por su padre y su abuelo, que también lo entrenaba; pero tras el confinamiento le surgió un interés por el fútbol a raíz de ver los partidos de su hermano mayor», sonríe Elena Morales. «Nosotros creíamos», explica ella, «que no podría jugar como los demás, pero en el Padre Anchieta insistieron en que empezara a entrenarse. Y sin duda, nos convenció a todos».

«Cuando nuestros ojos se cruzaron me di cuenta de que tenía que ser parte de nuestra familia»

José Fajardo

— Coordinador del ADFC Padre Anchieta

En sus pasos iniciales como futbolista captó la atención de José Fajardo, coordinador del club azulnegro, que aún recuerda, con todo lujo de detalles, la primera vez que lo vio: «Era un niño de 12 años muy tímido, sin apenas contacto visual, pero cuando nuestros ojos se cruzaron, me di cuenta de que tenía que ser parte de nuestra familia». «En esa mirada», prosigue, «se percibía a una persona que quería hacer deporte, aprender los valores del fútbol y tener la oportunidad de disfrutar e integrarse, con nuestro apoyo, con nuevas amistades y desafíos». Así fue como Román Cruz pudo empezar a entrenarse a finales de 2021.

«En esas navidades lo que más le pedía a su familia era que los Reyes Magos le regalaran la ficha federativa y la ropa del club», evoca Fajardo. Su más ansiado deseo, finalmente, se cumplió. Ya son cinco años desde que Román, en enero de 2022, debutara en el fútbol, aunque por aquel entonces, lo hacía como delantero. Pese a ello, sus minutos como ariete no iban a durar mucho. «En un entrenamiento no vino el portero y decidí probar. No tenía ni guantes. Me encantó y para la siguiente temporada me hice, oficialmente, portero», rememora Cruz. 

Román Cruz atajando un tiro a puerta

Román Cruz atajando un tiro a puerta / Andrés Gutiérrez / ANDRÉS GUTIÉRREZ

«El fútbol ha sido todo para Román», insiste su madre al escuchar a su hijo hablar. «Cuando empezó a entrenarse hubo muy buena gente que le apoyó. Nosotros, incluso, teníamos algo de miedo; no sabíamos cómo sería su reacción hacia distintas situaciones, pero le ha ayudado muchísimo a desarrollarse como persona», avanza Elena. Ahora, en retrospectiva, sus padres están súper agradecidos con el deporte y coinciden en que «ha sido lo mejor que le ha podido pasar».

Ahora bien, de su determinación depende que el equipo no reciba goles; empero, esa responsabilidad no le asusta en absoluto. «Es cierto que al principio me afectaba la presión, pero cuando llega un partido importante y ves venir el balón, piensas: lo voy a parar, y los mismos nervios y la adrenalina me suben la seguridad por las nubes», explica el portero. Esa confianza, describe, es gracias a visualizar, una y otra vez, a sus referentes futbolísticos, entre ellos, a Courtois y a Casillas, ambas leyendas del Real Madrid, pese a que él deja claro que es del CD Tenerife «a muerte».

Dos equipos a la vez

Esa sensación que le produce estar bajo palos no es la única que le genera el fútbol: «Me gusta salir con el balón jugado, participar en la posesión o mandar pases en largo. Ahora, además, me interesa mucho la estrategia». Asimismo, Román tiene la suerte de poner en práctica su pasión en dos equipos a la vez. Se entrena lunes, miércoles y viernes, y en franjas horarias distintas que le permite colaborar con uno y otro club sin problemas. De igual manera, «los martes y los jueves son para estudiar», cuenta Cruz, que está cursando Primero de Bachillerato de la rama de Humanidades.  

De hecho, para el portero, estar en dos campos distintos en una misma tarde «es más fácil de lo que parece». «Las fases con el Tenerife son cada dos meses, y los partidos con el Padre Anchieta son una vez por semana, coinciden muy pocas veces. Los entrenamientos, con una hora y media de diferencia, me permiten organizarme muy bien», relata. La clave de todo esto, sostiene el guardameta, «es divertirse, disfrutar y verlo tal y como es: un simple juego, porque si no disfrutas, no mejoras».

En este sentido, el joven portero tiene claro que le gustaría seguir ese estilo de vida alrededor de los campos de fútbol, y no le importa si es en las competiciones federativas, o en la Liga DiSafio con el Tenerife EDI, dentro de un torneo inclusivo diseñado específicamente para personas con discapacidad intelectual. Cruz aclara que este tipo de actividades «son otra forma de vivir el deporte», para él «ni mejores ni peores, sino diferentes». «Con el Tete la gente va a divertirse, no hay tanta competitividad y eso hace que se disfrute más del juego», narra. Ante esto, su madre no puede estar más ilusionada: «Si vieran como salta al campo en cada partido, como compite y como mejora cada semana…, estoy tan orgullosa». 

El buen trato recibido

Aún así, toda esta pasión no ha estado exenta de tensiones. Román reconoce que alguna vez ha escuchado malos comentarios por el simple hecho de querer jugar como el resto de jóvenes de su edad. «Al principio, sobre todo en el primer año, me enfadaba», pero ahora, admite, ha «aprendido a no responder, porque no hace falta contestar a quien no quiera que mejores». 

Roman Cruz en las gradas del campo de fútbol Juan Manuel Mesa

Roman Cruz en las gradas del campo de fútbol Juan Manuel Mesa / Andrés Gutiérrez / ANDRÉS GUTIÉRREZ

Su relación con los compañeros, por su parte, la define como «muy buena»: «Varía según el año por los cambios de plantilla, pero tengo compañeros que me acompañan desde mi primera etapa. Todos saben tratarte, cuidarte y entender tu forma de ser». Esto es algo que, para Román, «ha sido fundamental para estar seguro en la portería y para seguir creciendo dentro y fuera del campo». 

Su forma de ser, absorbiendo todo en aprendizaje, ha hecho que «todos le tengan un gran cariño y respeto». «Es un enorme compañero, un ejemplo a seguir y es un orgullo ver su evolución como persona», destaca Fajardo. De esta forma, «esa unión» que hace que un grupo de jóvenes estén juntos en las buenas y en las malas, prolonga el gestor deportivo, «no sería posible sin Román». 

«Estoy seguro de que nada en la vida se le va hacer imposible»

José Fajardo

— Coordinador del ADFC Padre Anchieta

Allá donde juegue, al guardameta lo definen como un «fenómeno»: «Puede entrenarse una hora en la Ciudad Deportiva, otra con el Padre Anchieta y después hacer trabajo específico para porteros, no tiene límites». Ese afán por aprender y mejorar, cuenta el coordinador, hace que sea «el primero en animar y el último en dejar de creer si el resultado no es favorable». «Estoy seguro de que nada en la vida se le resultará imposible», finaliza Fajardo.  

«A los chicos que estén en mi misma situación», concluye el guardameta, «les diría que no se rindan, que no tengan miedo de intentarlo, porque lo importante es la felicidad de uno mismo, no el qué dirán». Historias como la suya recuerdan el sentido del Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo, que se celebra cada 2 de abril, desde 2007, para fomentar la inclusión, el respeto y la comprensión del Trastorno del Espectro Autista. Porque al final, entre guantes, balones y dos equipos, aunque el mundo siga yendo demasiado rápido, Román Cruz sabe cómo detenerlo, al menos por unos segundos, cada vez que el esférico vuela hacia su portería.

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