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Descenso

Yeray Vargas reina bajo la lluvia en Sant Andreu de la Barca

Más de dos décadas compitiendo al máximo nivel sin perder hambre

El realejero Yeray Vargas posa con la medalla de oro en Sant Andreu de la Barca.

El realejero Yeray Vargas posa con la medalla de oro en Sant Andreu de la Barca. / El Día

Bruno Sánchez

Bruno Sánchez

Santa Cruz de Tenerife

Gabriel Yeray Vargas (Los Realejos, 1989) no baja el pistón. Ni siquiera después de proclamarse campeón de España, una victoria que se suma a una trayectoria que hace tiempo dejó de medirse en triunfos aislados para empezar a entenderse desde la regularidad, el poso competitivo y una relación casi de vida con la bicicleta. Su último éxito, en Sant Andreu de la Barca, lugar de peregrinación obligatoria para cualquier rider nacional, no hace más que apuntalar una historia que se escribe desde hace más de veinte años sobre su bici.

Ocurrió en la meca del descenso en España, en plena comarca del Bajo Llobregat, sobre un renovado trazado de 1.200 metros y 170 de desnivel negativo. Un circuito que, de entrada, no parecía llamado a marcar grandes diferencias entre corredores, pero que terminó poniéndose serio por culpa de la meteorología. Apareció la lluvia -habitual en las últimas ediciones- y con ella un terreno mucho más delicado, más exigente, traicionero por momentos. Y en ese escenario, el realejero volvió a lo suyo, a lo de siempre: competir, adaptarse y rendir.

No ha sido esta, eso sí, la mayor victoria de su carrera. Lo dice el propio Yeray, que lleva «toda una vida corriendo» y que, precisamente por eso, este tipo de triunfo lo saborea de otra manera. Una manera más ligera, sin ese peso en la mochila. Compite ahora «por diversión y por pasión», algo que contrasta con etapas anteriores de su carrera en las que la presión apretaba mucho más.

Un escenario con historia personal

No todos los circuitos son iguales. Y Sant Andreu de la Barca es, para Yeray Vargas, algo más que una simple sede del Campeonato de España. «Ganar allí es muy especial, es un descenso mítico», comenta. Compite allí prácticamente cada año. Conoce a la organización, el trazado, el ambiente. Es, en cierto modo, parte de su historia.

Sobre el recorrido, su análisis es tan técnico como sincero. Describe Sant Andreu como «un circuito bastante fácil», donde normalmente «no se pueden ver grandes diferencias». Sin embargo, «al llover se ponen un poco más de manifiesto las diferencias entre los corredores». Es ahí donde entra en juego la experiencia. Donde saber leer el terreno, adaptarse y gestionar el riesgo acaba marcando la diferencia de verdad. Y ahí, el realejero de 36 años se mueve como pez en el agua.

Yeray Vargas.

Yeray Vargas. / El Día

Eso sí, para entender a Yeray Vargas hay que ir mucho más atrás que este campeonato. Hay que volver a sus orígenes, cuando con 13 años empezó a competir. A los 16 ya formaba parte de Vadebicis, y no tardó en dejarse notar: campeón junior de la Copa de España, ganador de la Maxxi Cup International en 2007, subcampeón nacional Sub 23 en 2008... Una progresión que le acabó afianzando como uno de los grandes nombres del descenso y el enduro en Canarias. En 2014, su municipio, Los Realejos, le reconoció como mejor deportista del año. Un premio que, visto en perspectiva, cobra todavía más sentido por la continuidad de su trayectoria. De su tierra no puede sino hablar bien: «Estoy en un municipio donde se reconoce al deportista y se le da un montón de voz y apoyo a todos los deportistas. Estoy superagradecido porque siempre están ahí al pie del cañón, no solo con apoyo, sino con agradecimientos y reconocimiento, que eso es lo que necesitamos».

La cantera que viene

Al ser preguntado por el presente y futuro de la modalidad en Canarias, Yeray mira hacia la base, hacia quienes están empezando. Y lo hace con cierto optimismo. Considera que ahora mismo lo más importante es que «hay bastante cantera saliendo». Recuerda que hubo un periodo en el que esa base escaseaba, tras la generación a la que él pertenece -«después de la tirada nuestra de Edgar Carballo, José Carlos Orihuela, Azael Hernández, Javier Alonso, no hubo mucha más afición», verbaliza-. Pero el panorama ha cambiado.

«Ahora hay un montón de chavales repartidos por toda Canarias», explica, incluso en islas donde nadie lo habría dicho hace tiempo. «¿Descenso en Fuerteventura? Lo hay», dice. «En Tenerife también tenemos un grupito, hay un montón de afición y, sobre todo, se está viendo cantera salir», añade.

El regreso a casa tras el campeonato vino acompañado del reconocimiento al valor. El Ayuntamiento de Los Realejos, con el alcalde Adolfo González y el concejal de Deportes Samuel Farráis al frente, le recibió para poner en valor su victoria en Barcelona.

Un gesto que Yeray no pasa por alto. Afirma que del consistorio «pocas cosas malas se pueden decir». La implicación del realejero con el deporte, por cierto, no se queda solo en la competición. También participa de forma activa en el desarrollo de infraestructuras, como el pumptrack recientemente inaugurado en el polideportivo de La Montaña. En definitiva, casi un hijo pródigo en su tierra.

Su oro en el Campeonato de España 2026 es importante. Mucho. Pero funciona, sobre todo, como excusa para volver a contar una historia que merece ser contada. La de un deportista que empezó siendo un niño con bicicleta y que, más de veinte años después, sigue encontrando sentido a cada bajada.

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