Oliver Weytjens, el niño tinerfeño que sueña con la Fórmula 1 y ya impresiona a Toto Wolff
Subcampeón de España con ocho años, natural de Arona, compite en Italia en el mismo equipo que el hijo del director ejecutivo de Mercedes

Oliver Weytjens celebra el segundo puesto en el Trofeo Andrea Margutti. / El Día

«Siempre quiere ganar y no se conforma con nada que no sea ganar». Es la frase de un padre que habla orgulloso de su hijo de nueve años, un chico que apunta a marcar una era en el automovilismo canario –y quizá mundial–. Una frase que incluso podría pronunciar un Toto Wolff «convencido» de que este chico de Arona va a ser «una de las referencias este año». Una declaración, en definitiva, que basta con escucharla –y con asomarse a lo que hay detrás– para entender por qué el nombre de Oliver Weytjens Rodrigues empieza a abrirse paso en el ecosistema del karting europeo.
En lo cotidiano, en lo doméstico, en lo más cercano, arranca la historia automovilística de un niño que «sueña con llegar a la Fórmula 1». Nacido en Arona, Oliver no encaja en el perfil clásico del niño criado entre motores y olor a gasolina. Su padre, Timothy –belga de nacimiento pero afincado en Tenerife desde muy pequeño– deja claro que lo de Oliver no viene de «nada de tradición». Fue una pista de karts de alquiler en Parque La Reina la que encendió el primer clic. «Vi que había karts de competición que yo ni los había visto», recuerda. El crío, que entonces tenía seis años, pidió probarlos como regalo de cumpleaños. «Fuimos a probar un martes y desde ese día le encantó», cuenta su padre. A los tres meses ya estaba inscrito en el Campeonato de España con 6 años, compitiendo contra niños de 2 y 3 años mayores que él.
Un salto tan precoz, que por momentos fue una intuición compartida por quienes sabían exactamente lo que estaban viendo, y que Timothy resume apoyándose en la figura de Simón Visconti, del Karting Club Tenerife y uno de los primeros en detectar el talento del niño: «Veía en él una progresión mucho más rápida de lo normal». Y esa evolución, casi sin freno y con una naturalidad que descoloca, no tardó en traducirse en resultados. Dos años después de empezar, Oliver ya era subcampeón de España.
Con ocho años, en categoría mini –donde compiten niños de hasta 12– el joven prospecto isleño ya se medía en circuitos europeos. Reconoce su padre que entonces no iba aún a por las victorias, pero sí que «se le veía rápido en pista». Es decir, no mandaba, pero ya estaba ahí, metido en la pelea.
El primer aviso
No era de extrañar, claro, su aterrizaje en la cuna del automovilismo, donde la conducción se entiende casi como un arte, la bella Italia. Y llegó su debut, que, por cierto, no pasó desapercibido. En la Final Cup, un evento con 70 pilotos, el objetivo inicial era simplemente alcanzar la final, reservada para los 36 mejores. Pero Oliver tenía otros planes. Se metió en la final, acabó séptimo y llegó incluso a tener opciones reales de victoria.
Ese resultado, más allá del puesto, hizo girar más de una cabeza en el paddock. «Se habían quedado sorprendidos con su adaptación a circuitos nuevos», señala Timothy sobre la reacción allí. No era solo el resultado, era la forma. Tanto, que pronto llegaría la propuesta de integrar a Oliver en la temporada completa de 2026 en Italia, con el Team Driver Racing Kart.
Tímido… hasta que baja la visera
Fuera del asfalto, la imagen cambia. O, al menos, se suaviza. Porque el niño que compite sin complejos contra rivales mayores es, en casa, «muy tranquilo… un poco tímido incluso». Pero la competitividad no desaparece. Nunca. Compite, cuenta su padre, «hasta por ser el primero en bajar las escaleras contra su hermano». Una forma de estar en el mundo que comparten muchos de los grandes y que, lejos de ser una simple anécdota, ha sido capital en su evolución.
Pero el crecimiento de Oliver no se explica solo en lo deportivo. Detrás hay una estructura familiar que ha tenido que rehacerse casi desde cero. «Nos ha cambiado totalmente la vida», admite su padre. El calendario italiano «obliga a irte con casi dos semanas de antelación para cada carrera».
Vida en autocaravana
La consecuencia es una vida itinerante. La autocaravana hace de casa y los circuitos se convierten en el día a día. Y en paralelo, la educación. Porque Oliver sigue siendo un niño de nueve años con sus responsabilidades académicas. Ahí entra en juego el respaldo del colegio. «Nos dejan hacer todo lo que estaban haciendo los niños en clase pero presentándolo por email», explica su padre. Y el resultado, lejos de resentirse, acompaña: «Los profesores nos dicen que está al mismo nivel que sus compañeros».
Mientras tanto, en los circuitos, su nombre cada vez suena más. ¿Existen ya contactos con escuderías de renombre? «Contactos como tal no, pero están ahí, están cada semana mirando las carreras, mirando los entrenamientos. Oliver es uno de los niños que está siempre arriba tanto en entrenamientos como en las carreras, sobre todo en el último mes. Y por supuesto que eso se ve», responde su padre.
Los técnicos coinciden en el diagnóstico. Del tinerfeño subrayan su velocidad y, sobre todo, su facilidad para adaptarse. «Consigue ir muy rápido en circuitos nuevos», explican. Pero ese talento convive con un alto nivel de exigencia desde dentro. Su equipo no se conforma. «Quieren ganar», resume Timothy. Y esa presión, lógica en quien apunta alto, forma parte del camino. «Si este es tu sueño, tienes que ser capaz de lidiar desde ya con esta presión», le dice el padre al hijo, que responde «muy bien» y «sube su nivel cada semana».
A día de hoy, Oliver ya no es una sorpresa puntual. Es, en palabras de su entorno, «uno de los pilotos referencias de la categoría». El horizonte, inevitablemente, mira a la Fórmula 1. «Él dice que va a llegar sí o sí», cuenta Timothy. El entorno en el que se mueve, por cierto, confirma que esto va en serio. Comparte equipo y entrenamientos con hijos de figuras ilustres del automovilismo mundial. Sin ir más lejos, el hijo de Toto Wolff, director ejecutivo de Mercedes, está en el mismo equipo que el tinerfeño. «Toto me dice que está convencido de que Oliver va a ser una de las referencias este año», apunta Timothy.
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