Fútbol
Los menores migrantes tutelados y su imposibilidad de ser federados: una infancia sin poder jugar
Ante la normativa FIFA que discrimina a muchos jugadores, algunos ya no aguantan más la espera. Mientras, el Gobierno de Canarias busca soluciones que no excluyan a quienes no se desplazan por peligro de guerra o persecución

Un joven migrante sostiene un balón de fútbol. / Alexis Vella
Alexis Vella
700 días. Es el tiempo que tuvo que esperar Mustapha Barry, un joven gambiano que llegó a Tenerife en patera con tan solo 13 años, para poder jugar un partido oficial con su equipo de fútbol. La razón se encuentra en el artículo 19 del Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de jugadores de la FIFA, que prohíbe la inscripción internacional de deportistas menores de 18 años. Esta normativa impide federar a menores tutelados por el Gobierno de Canarias si no solicitan protección internacional, un requisito que excluye a muchos jóvenes de las competiciones no profesionales.
En un principio, el objetivo de esta exigencia era evitar el tráfico de futbolistas por parte de grandes entidades. A pesar de ello, esta norma ha acabado discriminando a las personas que se desplazan por otras razones que no sea peligro por guerra o persecución. Eso hace que la gran mayoría de jóvenes no acompañados que han migrado por razones económicas o humanitarias no puedan darse de alta en los diferentes clubes de las Islas.
Mustapha, un afortunado que sí ha podido jugar
Uno de los afectados por esta normativa ha sido Mustapha Barry, que llegó a Tenerife desde Gambia el 10 de octubre de 2023, cuando apenas tenía 13 años. Gracias a unos de sus educadores, a inicios de 2024, comenzó a entrenarse a fútbol. No obstante, no pudo disputar un partido oficial con su equipo hasta diciembre de 2025. Casi 24 meses después o, lo que es lo mismo, tras una espera de más de 700 días. «Estuve casi dos años preparándome sin poder competir. Solo quería participar y disfrutar como mis compañeros. Me sentía muy triste», narra el gambiano.
El propio futbolista africano describe lo doloroso que era no poder ayudar al resto de integrantes de su equipo. «Cuando llegaba el fin de semana», lamenta, no se «sentía incluido y lo pasaba mal». «Entrenaba, entrenaba y entrenaba, pero nunca llegaba el día. Quería ayudar al grupo y nunca dejé de preguntar a mis entrenadores sobre mi situación, hasta que, al fin, llegó mi momento», recuerda con cierta nostalgia. Primero con tristeza y ahora con alegría al poder jugar por fin con el Florida CF de La Orotava.
La frustración de quienes no lo logran
De la misma manera, E.H. y A.B. (iniciales de un par de jóvenes que prefieren mantenerse en el anonimato), dos compañeros senegaleses del mismo club, esperan, cada semana, poder competir en su deporte favorito. E.H., que lleva un año y siete meses en Tenerife, trata desde los inicios de la presente temporada –más de ocho meses– de conseguir la ficha federativa. «No es justo. ¿Por qué todo el mundo puede jugar y nosotros no? Estoy triste…, frustrado…, y quiero divertirme, aprender y compartir momentos con el equipo», denuncia este joven.
En su caso, el proceso de inscripción no está siendo nada sencillo. El Florida, su equipo, ha enviado hasta en nueve ocasiones los trámites para tramitar su ficha. El primero fue exactamente el 16 de agosto de 2025 a las 20:37 horas; el último, el 5 de febrero de 2026 a las 6:51. Ahora, el proceso está detenido por la Federación Tinerfeña a falta de entregar el documento de protección internacional emitido por el Ministerio del Interior de España. Un certificado que no pueden solicitar, ya que estos menores no han migrado por razones de persecución o guerra.
"Solo queremos divertirnos como el resto del mundo"
La coyuntura de A.S. es similar a la de su compañero. Llegó a La Gomera a finales de 2023. Allí empezó a practicar deporte en El Once Diablos hasta que, tras mudarse a Tenerife el año pasado, empezó a entrenar con el Florida CF en agosto. «Desde que llegué a Canarias», señala, «no he jugado ningún partido oficial, ni en una isla ni en otra, y llevo esperando más de dos años».
Para A.S., es «injusto» no poder jugar con su equipo y admite sentirse «muy mal» al ver a los demás competir cuando a él no le dejan. «La gente no sabe lo que significa para nosotros poder jugar en igualdad de condiciones. Nuestras vidas han cambiado por completo y solo queremos divertirnos como el resto del mundo. Ojalá nos entiendan», manifiesta el joven.
El Campus Sansofé, una alternativa
Además de estos dos senegaleses, desde el citado club norteño confirman que otros cuatro compañeros han desistido: «Se han cansado de esperar y dejaron de venir a entrenar». Por ello, Miguel Llorca, coordinador del Campus Sansofé, un proyecto para inclusión y la prevención del racismo, la discriminación y la xenofobia, ofrece una alternativa para muchos de estos jóvenes.

Miguel Llorca, responsable del Campus Sansofé. / María Pisaca / MARIA PISACA
Llorca habla sobre cómo «el Campus Sansofé es una forma de escapar de esta discriminación que sienten los menores al no poder competir». «Por eso insistimos con los clubes en jugar partidos amistosos. Ellos no pueden participar en la competición y es una oportunidad para ellos», describe. Además, las actividades deportivas en grupo favorecen a la integración de los menores convirtiéndose, como manifiesta el coordinador del proyecto, «en el lugar idóneo para que aprendan español».
El caso de Mamadou Dambele
Una situación distinta es la de Mamadou Dambele, un joven de Mali que llegó a Gran Canaria en 2024 y que, actualmente, se entrena con el Inter del Pilar, club de capital de la Isla. A diferencia de otras personas migrantes, al proceder de un país que atraviesa una profunda inestabilidad política, una insurgencia yihadista activa y una grave crisis humanitaria, pudo solicitar protección internacional en España, un trámite que permitió facilitar su inscripción federativa.
«Vine con la idea de tener un futuro mejor, y este deporte me ayuda a hacer amigos y olvidarme de los problemas. Es una parte muy importante de mi vida», cuenta el maliense. Tras llegar a Canarias tardó un tiempo en encontrar equipo, pero, finalmente, logró integrarse y comenzar a entrenarse. Pese a su situación, Dambele no se olvida de quienes aún no pueden competir. «El camino es duro y lleno de pruebas, pero no se rindan, aunque la situación sea difícil las oportunidades llegan», es su mensaje para aquellos que, todavía, no han corrido la misma suerte que él.
Una norma que pretende evitar el tráfico de menores
Esta normativa que por ejemplo sí permite competir a Dambele, pero que en cambio se lo impide a la mayor parte de los jóvenes migrantes, está en contra de la Ley 39/2022 del Deporte, la Ley Orgánica 1/1996 de Protección Jurídica del menor y la Convención sobre los Derechos del Niño. Estos tres reglamentos garantizan a todos los menores, sin importar su origen o situación administrativa, el derecho a practicar deporte en igualdad. El organismo rector del fútbol internacional, la FIFA, mientras tanto, se excusa argumentando que los jóvenes tutelados pueden entrenar, pero no competir.
Sergio Aguilar, responsable de comunicación de la Federación Interinsular de Fútbol de Tenerife (FIFT), argumenta el por qué la FIFA lleva a cabo este tipo de restricciones. «En la práctica», cuenta, «se pretende evitar que la posibilidad de practicar un deporte en cuestión en otro país sea la motivación principal para la migración». «Por todo ello, exigen pruebas claras de la causa del éxodo, para evitar que mafias utilicen el fútbol como vehículo para tráfico de menores o para beneficiar a determinadas canteras. Esa es la razón de su cautela y de la estricta aplicación de los trámites», informa Aguilar. El filtro, cargado de lógica, no existe por ejemplo en otros deportes, caso del baloncesto.

Dolores Padrón, izquierda, en una reunión para tratar de desbloquear la imposibilidad de los menores tutelados de ser federados. / El Día
Ante esto, la diputada del común, Dolores Padrón, denunció el pasado 9 de febrero que niños y niñas tutelados por el Gobierno de Canarias que, hasta ahora jugaban en clubes federados, quedaran fuera de las competiciones. Una situación que, según la diputada, genera una «discriminación directa y rompe procesos de integración social ya consolidados». Gracias a ello, el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, comunicó el inicio de actuaciones de oficio que serán remitidas al Consejo Superior de Deportes.
El Gobierno de Canarias quiere hacer valer la legislación
Sin embargo, las federaciones en España, tanto la nacional como las insulares, son entes privados que actúan como administración deportiva delegada, siguiendo las directrices de la FIFA, y ejerciendo funciones públicas en colaboración con las comunidades autónomas. Por ello, Ángel Sabroso, viceconsejero de la Actividad Física y Deportes, defiende la intención por parte del Gobierno de Canarias de «hacer valer la legislación española», ya que «la normativa interna del fútbol no puede ir en contra del ordenamiento jurídico español». «Hay legislación suficiente en el ámbito de nuestras competencias para garantizar que los menores tutelados por la administración pública puedan competir», continúa.
Es difícil dar una cifra exacta de menores afectados, y a los que ahora el Gobierno de Canarias –junto al resto de estamentos implicados– quiere liberar de esa normativa que hasta la fecha les impide jugar. Algunos son derivados de sus centros, otros llegan y algunos no se federan por los costes y la complejidad del proceso. «Ellos no entienden la realidad de los que migran simplemente por la pobreza. Además de la protección internacional, se pide un montón de documentación, que muchas veces se tarda meses en ser aprobada», cuenta Miguel Llorca.
Por el momento, algunos jóvenes como Mustapha y Mamadou, tras mucho sacrificio, han podido jugar, por fin, a fútbol. Otros, como E.S. o A.B., todavía esperan. Mientras las administraciones buscan una solución y la FIFA mantiene su normativa, decenas de menores migrantes, los que aún no han desistido, siguen entrenándose sin saber cuando llegará su turno. Porque, a veces, el deporte no es un negocio, es una forma de integrarse, aprender y sentirse parte de un equipo.
No contar con la residencia, otro problema a la hora de viajar entre islas
Un vuelo desde Tenerife, sin la bonificación del 75% en el precio del pasaje aéreo, a cualquier otra isla del archipiélago puede llegar a superar los 150 euros, frente a la media de 20 euros en el caso de recibir el reseñado descuento. En ese sentido, muchos deportistas migrantes que aún no han podido obtener la residencia legal reconocida encuentran otro obstáculo más para poder acompañar a sus equipos. Para solicitar el citado documento es necesario tramitar un permiso, ya sea temporal, de larga duración, de arraigo… ante la Oficina de Extranjería o Comisarías, demostrando medios económicos, carencia de antecedentes penales y/o vínculos familiares. Sumado a todo esto, en algunos casos, dependiendo del tipo de autorización transitoria, no se puede iniciar este proceso hasta dos o incluso cinco años de estancia en el país.
En este sentido Miguel Llorca manifiesta que se encuentra muy contento con que desde las instituciones se busque solucionar el caso de los menores migrantes no federados, pero «aún se están esperando respuestas acerca del descuento para residente que discrimina a muchos deportistas». Todo esto se convierte en otra piedra en el camino para que muchos jóvenes puedan participar con regularidad en las actividades de sus clubes. Ahora bien, esta problemática también afecta, a nivel global, a equipos con menos recursos que, en muchas ocasiones, no pueden permitirse gastos tan grandes de dinero. «En otras temporadas hemos tenido problemas a la hora de viajar con las plantillas», explica David Perdomo, presidente de la UD Taco San Luis. «En nuestro caso», concluye, «muchas veces hemos tenido que pagar la diferencia del pasaje».
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