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La canaria que desafía a la Antártida, a un paso de hacer historia en el alpinismo español

La montaña más alta de Marie Byrd se convierte en el escenario de un reto histórico para la alpinista isleña Pino Plasencia

María del Pino Plasencia Casanova en la cima del Ojos del Salado.

María del Pino Plasencia Casanova en la cima del Ojos del Salado. / El Día

Bruno Sánchez

Bruno Sánchez

Santa Cruz de Tenerife

"La montaña te da libertad". Es una de las frases que mejor resume a María del Pino Plasencia Casanova (Imada, La Gomera, 1961). En esa frase, breve, directa, cabe prácticamente toda una vida. O, al menos, la vida que ha ido levantando en la última década. Porque, aunque hoy se encuentre a un paso de hacer historia en el alpinismo español, lo cierto es que su vínculo con la montaña nació como una necesidad personal que, poco a poco, terminó por instalarse en su vida hasta convertirse en parte de lo que es hoy.

Para el mundo de la montaña –y para cualquiera que haya seguido su recorrido en los últimos años– es, sencillamente, Pino. Una mujer que sin proceder de la élite de su deporte ni haber consagrado su juventud al alpinismo, está a las puertas de alcanzar algo inédito en España: completar el reto de los Seven Volcanic Summits, las siete cumbres volcánicas más elevadas de cada continente. Le queda una. El Monte Sidley, el volcán más alto de la Antártida.

Antes de atender a la llamada de EL DÍA, a Pino le ha tocado pasar por una reunión. Cuenta que esa es ahora su vida –"de reunión en reunión", dice–. Encuentros que sirvan para sacar adelante la otra cara del proyecto, casi tan exigente –dicho sea con humor– como alcanzar la cumbre de cada volcán. Esto es, la financiación de la expedición. Explica que todo debe quedar atado antes de octubre. Si todo encaja, pondrá rumbo a la Antártida en enero. Y deja caer, eso sí, que el proceso va "por buen camino".

De La Gomera a Adeje

Pero antes de llegar ahí, conviene entender de dónde viene todo. Pino nació en un entorno que, de alguna manera, ya apuntaba hacia lo que vendría. "Nací en un pueblecito muy pequeño que está rodeado de montañas", recuerda. Ese lugar es Imada, en La Gomera, un sitio tranquilo donde los caminos se estrechan entre casas dispersas y donde la naturaleza está siempre cerca. Allí pasó sus primeros años, hasta que se trasladó a Adeje, donde ha vivido prácticamente toda su vida.

La montaña, sin embargo, no irrumpió de golpe en ella. Siempre estuvo ahí, en segundo plano. Senderismo, naturaleza, caminos explorados "por todas las Islas". Pero no fue hasta hace una década cuando todo cambió. "Cuando tienes una vida, tienes una familia, es muy difícil coger unas vacaciones de un mes e irte tú sola", explica. Fue el momento en que sus hijas crecieron, cuando apareció ese espacio de libertad que antes no existía. Y entonces sí, dio el paso.

Después del Teide, claro –"lo subí la primera vez con tres añitos; te marca un poco la diferencia cuando te encuentras sin oxígeno", dice–, el verdadero clic llegó en Marruecos, en el Atlas, con tres cumbres de más de 4.000 metros en un solo fin de semana.

Elbrus y Kilimanjaro

"Cuando bajé de la montaña yo bajé alucinando… Me gustó, me encantó tanto que, ya cuando bajaba, estaba buscando otras cosas". De ahí al Elbrus, en Rusia, y al Kilimanjaro, en África. Todo en un mismo año.

Fue precisamente en ese contexto cuando surgió la semilla del gran proyecto: el Seven Volcanic Summits, el reto que consiste en ascender el volcán más alto de cada continente. No es tan conocido como las Seven Summits –las montañas más altas–, pero añade el extra de la logística. Aunque reconoce Pino que las cumbres más altas del planeta atraen a muchísima más gente, en el caso de los volcanes hay un obstáculo que lo cambia todo: la Antártida. "Yo creo que mucha gente no lo hace porque llegar a la Antártida es casi imposible para una persona que no tenga ayuda", apunta. Por eso, muchos se quedan en seis. Por eso, completar el séptimo no es solo un reto deportivo, sino también económico y organizativo.

El camino hasta aquí ha llevado a Pino a conquistar seis de las siete cumbres: Elbrus (Europa), Kilimanjaro (África), Giluwe (Oceanía), Orizaba (Norteamérica), Damavand (Asia) y Ojos del Salado (Sudamérica). Cada una guarda su propia historia. Pero si hay una que encarna de verdad lo que significa el Seven Volcanic Summit, esa es Ojos del Salado. El volcán más alto del mundo, rozando los 7.000 metros. Y también el más esquivo para ella. Tuvo que intentarlo tres veces. "El primer año hizo mal tiempo, el segundo año también… y bueno, la montaña tiene eso". Finalmente lo conquistó en enero de 2025 –fue, por cierto, la primera canaria en lograrlo– y ahora solo le queda la Antártida.

Lo intentará la afincada en Adeje en el Monte Sidley, la cima más alta del macizo de Marie Byrd, con unos 4.285 metros de altitud. Las condiciones son tan duras como las que uno se imagina: aislamiento extremo, frío polar y laderas de hielo y nieve compacta hacen que pocas expediciones se hayan atrevido a enfrentarlo. Pino contará con el apoyo del Ayuntamiento de Adeje para llevar a cabo una expedición en la que solo podrán participar nueve personas.

En medio de todo, sigue buscando maneras de hacer realidad su sueño. Una de ellas, curiosamente, se cruza con otra de sus pasiones: el folclore. El próximo 16 de mayo participará en un festival en el auditorio de Adeje para recaudar fondos.

Pino, que podría presumir de sus récords –ha subido más de 50 montañas de más de 3.000 metros– prefiere no hablar de sus logros. Habla de lo que la montaña le ha regalado. "La montaña te da libertad", dice. Y también lanza un mensaje a otras mujeres: "Que nunca digan que no a nada. Muchas veces les cuesta perseguir sus sueños aunque parezcan difíciles. A veces es simplemente constancia. Yo creo que con esfuerzo y constancia todo se logra".

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