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Fútbol

Un entrenamiento contra el racismo

Ante los recientes episodios de discriminación en el fútbol nacional, también en Tenerife jugadores denuncian insultos; ante ello iniciativas como el Campus Sansofé usan el deporte para combatir esas diferencias y discriminaciones

Vídeo: Insultos racistas durante un partido en Tenerife / Imagen: Los jugadores del Campus Sansofé haciendo el grito de equipo.

Vídeo: El Día / Imagen: María PIsaca

Alexis Vella

Santa Cruz de Tenerife

«Moro», «viniste en patera», «mono»... En fechas recientes -y sin ir más lejos este pasado fin de semana-, el fútbol español y europeo han estado marcados por episodios de racismo dentro y fuera del terreno de juego. En la anterior jornada, el defensor Omar El Hilali denunció haber recibido expresiones xenófobas relacionadas con la llegada de migración irregular. Sin embargo, el caso más mediático fue el del jugador Vinicius Junior que, en un partido de Champions League, denunció varios insultos racistas que tuvieron como consecuencia, de nuevo, la activación del protocolo internacional.

Racismo en el fútbol canario

Mientras en las grandes competiciones se debaten las sanciones ante estas acciones, en Tenerife muchos futbolistas también se sienten desprotegidos frente a incidentes racistas. Así, hace unas semanas, Mbaye Senn, jugador senegalés del Atlético Victoria, recibió varios insultos derivados de su origen y, tras revelarse, fue expulsado y castigado con cuatro partidos de sanción. «Me dicen cosas en cada partido y aquel día no aguante más. El árbitro me sacó la roja y ahora estoy sancionado», lamenta.

El propio futbolista africano cuenta como la relatada no es la primera escena similar que le sucede. «No puedo más, no paran de insultarme cada vez que juego... y me hacen sentir muy diferente. En cada disputa de balón me gritan negro, vete a la platanera, viniste en patera, vete a tu país... me hace sentir muy mal».

«El racismo no es parte del juego ni algo que se debería normalizar

Boubou Dioumassy

— Jugador de fútbol

Otro caso es el de Boubou Dioumassy, un joven maliense que lleva cinco años jugando a fútbol en diferentes equipos del norte de Tenerife. «Los insultos que vemos en el deporte son un reflejo de la sociedad, cuando en realidad el deporte debería ser un espacio de unión, pasión y respeto. El racismo no es parte del juego ni algo que se debería normalizar», denuncia.

Dioumassy se encuentra ahora mismo de baja debido a una rotura de menisco, pero espera que, en su regreso, la situación sea distinta. «Me han amenazado con pegarme, me han mandado a coger plátanos, me han llamado negro de mierda mil veces, pero yo no puedo hacer nada porque si no me convierto en culpable», cuenta tristemente.

Por su parte, Daniel González, entrenador del Florida CF, asegura que los episodios racistas se repiten con frecuencia. «Esta temporada hemos tenido bastantes problemas», apunta. Según relata, varios de sus jugadores racializados han recibido insultos desde la grada, donde expresiones como «negro de mierda» se escuchan «constantemente»; e incluso han llegado a recibir amenazas tras algunos encuentros. «En momentos como esos avisamos al árbitro y acompañamos a los futbolistas afectados, pero terminan sufriendo mucho», especifica.

El deporte para combatir la discriminación

Frente a estos episodios, un proyecto local trabaja denodadamente para convertir el deporte en un instrumento para la inclusión y la prevención del racismo, de la discriminación y de la xenofobia. Se trata del Campus Sansofé –que significa bienvenido en amazigh–, iniciativa que surgió de un grupo de profesores de la Universidad de La Laguna. «Mientras dábamos clases de español a personas migrantes, vimos la gran necesidad de responder a sus necesidades y crear un proyecto en torno al fútbol», cuenta Miguel Llorca, docente jubilado de la ULL y coordinador del campus.

«Por Sansofé han pasado más de 2.000 personas»

Miguel Llorca

— Coordinador del Campús Sansofé

Su labor principal es ofrecer a las personas migrantes un espacio para reducir las desigualdades y a la vez ser un puente para su adaptación e integración en el contexto social. «Por Sansofé han pasado ya más de 2.000 personas. Los traemos de los centros de menores y del Campamento de Las Raíces. Algunos vienen a divertirse, pero también hemos conseguido que más de 35 jóvenes den el salto a equipos federados», aclara Llorca.

«Con nosotros aprenden español y, sobre todo, buscamos crear un vínculo, establecer una red de apoyo y que se sientan acogidos», relata igualmente Llorca. Gracias a la Universidad de La Laguna y a la Fundación Canaria CD Tenerife estos jóvenes disponen no solo de equipaciones, sino también de espacios e instalaciones para practicar varios deportes en diferentes días y franjas horarias. «Empezamos jugando a fútbol, pero gracias a otras entidades como el CB Canarias y el Club Atletismo Aguere también jugamos a baloncesto y atletismo. Incluso en años anteriores hemos tenido pickleball», describe el responsable de la actividad.

Miguel Llorca sosteniendo el balón del encuentro en el Servicio de Deportes de la ULL

Miguel Llorca sosteniendo el balón del encuentro en el Servicio de Deportes de la ULL / María Pisaca / MARIA PISACA

Aún así, en los encuentros amistosos que disputan frente a otros equipos han llegado a sufrir algún incidente racista. «Cuando suceden esos episodios indeseados no los dejamos sin solucionar. Hay que parar el partido, suspenderlo si hace falta, y reunirse todos juntos para solucionar las diferencias en el campo. Las actitudes racistas no se pueden tolerar», explica el exprofesor.

El reglamento antirracista

Ante esto, el Comité Técnico de Árbitros cuenta con el denominado Protocolo de Actuación Efectiva. En él se tipifica la violencia verbal como insultos, amenazas graves y expresiones discriminatorias reiteradas, a la vez que se establece un procedimiento escalonado: primero, el árbitro detiene el partido y se advierte al público. Después, si la situación persiste, el encuentro se suspende temporalmente y los equipos se retiran a los vestuarios. Por último, si no es posible expulsar a los autores de los hechos, o los mismos se repiten, el colegiado puede acordar la suspensión definitiva del choque.

En una línea similar, desde Sansofé han desarrollado mecanismos de acción con el objetivo de ser un espacio seguro para todos los participantes. Una metodología de actuación que al mismo tiempo pretende preparar al joven ante situaciones adversas que pudieran encontrarse en caso de acabar jugando encuentros oficiales. «Desde la Universidad se han implantado protocolos muy estrictos contra la discriminación. Aquí lo que se puntúa no es ganar. De hecho, en cada partido existe la posibilidad de ganar seis puntos: tres por el resultado y otros tres por el número de tarjetas», explica Llorca.

«Nosotros prevenimos a los jugadores ante cualquier posible situación. Damos charlas en institutos y en colegios sobre el Campus Sansofé y en cómo luchamos contra el racismo en los campos. Además, organizamos partidos amistosos con otros clubes locales para que el equipo pueda sentir lo que es la competición. El objetivo es priorizar el juego limpio y fomentar la igualdad de derechos y participación en el deporte», concluye Miguel Llorca. Es, a fin de cuentas, una especie de entrenamiento ante el racismo.

El fútbol como unión frente a la discriminación

Lamin (nombre ficticio) es un chico de Gambia, y lleva dos años jugando a fútbol en el Campus Sansofé. Según sus entrenadores es considerado uno de los chicos que más ha progresado; muestra de ello es que ejerce de traductor entre sus compañeros. «Me gusta entrenarme en el Campus Sansofé. Aprendemos muy bien el español y podemos jugar con amigos. A veces jugamos contra otros equipos y lo pasamos súper bien», relata.

Al escuchar la palabra racismo, Lamin demuestra conocer al detalle los incidentes más mediáticos del momento. Su postura al respecto es tajante. «Algunos hemos sufrido mucho para llegar aquí y todos somos iguales. Al final todos somos personas, y todos deberíamos divertirnos jugando al fútbol. De donde vengamos no debería ser ningún problema para poder jugar a fútbol», expresa mientras se le pregunta alejado de sus compañeros.

Antes de volver a calentar con los demás integrantes del campus, cuenta que le gustaría que no existieran insultos racistas ni en los campos ni en las gradas y, además, no se olvida de mandarle un mensaje de ánimo a aquellos que se encuentran en una situación similar a la suya: «Sigan luchando. El fútbol es bonito, pero a veces no es fácil, y menos para nosotros. No se rindan, sigan luchando y algún día jugaremos todos juntos».

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