Deporte canario
Aday González, el tinerfeño campeón de Europa de jiu jitsu con menos de dos años de entrenamiento
Sin pasado en el deporte, el realejero Aday González López construye en tiempo récord una historia de oro europeo

Aday González, con la medalla de oro, después de consagrarse campeón de Europa en Lisboa. / El Día

«¡Saca la medalla!, ¡saca la medalla!». Aday González López (Los Realejos, 1994) ya se ha acostumbrado a escuchar esa cantinela nada más cruzar la puerta del gimnasio donde entrena después de regresar de Lisboa. Los chicos del Obsessive BJJ (La Victoria) quieren tocarla, verla de cerca y comprobar con sus propios ojos que aquello que hace solo unos días parecía imposible es, efectivamente, real. El luchador tinerfeño, con poco más de un año de práctica en el jiu jitsu brasileño, ya es campeón de Europa. Una historia que, cómo no, se explica desde la disciplina, la planificación y una relación entrenador-deportista que trasciende con creces el tatami.
Ocurrió el pasado fin de semana. Lisboa (Portugal) fue el escenario en el que Aday González se proclamó campeón de Europa de Jiu Jitsu, en el campeonato continental organizado por la International Brazilian Jiu-Jitsu Federation (IBJJF). Lo hizo en la categoría de -64 kilos, una de las más exigentes del circuito.
Más allá del mérito, lo cierto es que poco hay que contar del paso del tinerfeño por tierras lusas. No fue un torneo de épica ni de verse al borde del abismo. González López no concedió ni un solo punto a sus rivales durante todo el campeonato. Cuatro combates disputados, tres de ellos finalizados antes del límite y uno resuelto por un claro 9-0.
«Todavía en una nube»
Sí que hay que hablar, sin embargo, del contexto. Porque, más allá de números y estadísticas, el peso de este oro se encuentra en la historia que hay detrás. Aday lleva entrenando jiu jitsu un año y siete meses. No hay una carrera larga ni una infancia dedicada al deporte. Hay, en cambio, una decisión tomada casi por casualidad… pero con una entrega absoluta desde el primer día.
Cuando termine la llamada en la que atiende a EL DÍA, a Aday le toca volver a lo suyo. Volver a entrenar. No ha parado desde que aterrizó en la Isla el domingo –tiene la mirada puesta en el circuito canario que comienza el 14 de marzo–. Aunque, eso sí, durante esta semana las sensaciones son diferentes. Reconoce el luchador tinerfeño que la victoria todavía no se ha asentado del todo, que sigue «en una nube».
Freddy Yanes, el arquitecto del oro
Preguntado por el recibimiento, Aday define ese regreso como «espectacular», con su familia esperándole «supercontenta». Aunque si hay un nombre inseparable del oro del realejero en Portugal, ese es el de Freddy Yanes. Entrenador, estratega y referente personal, Freddy es, según su pupilo, quien «diseñó cada detalle» del camino hacia Lisboa.
Aday no duda al explicar que él solo se presentó a competir y ejecutó lo trabajado. Todo lo demás –desde la estrategia de combate hasta la alimentación, el descanso y la planificación previa– fue obra de su entrenador. Cuando se le pregunta qué porcentaje del título europeo pertenece a Freddy, responde que «muchísimo, prácticamente todo». Luego ilustra con ejemplos concretos de una relación que destila compromiso y disciplina: entrenamientos en días festivos, sesiones improvisadas en casa del entrenador o jornadas de trabajo incluso el 31 de diciembre, el 1 de enero o el Día de Reyes.
La historia de Aday en el jiu jitsu comienza cuando un conocido le propone entrenar con Freddy, que acaba de abrir su propio gimnasio en La Victoria. «Vale, vamos a probar», respondió. Le atrapó el ambiente, la manera de dar las clases y, sobre todo, cómo se entendía el deporte. Desde aquel primer entrenamiento hasta hoy han pasado diecinueve meses, lo que lleva abierta la academia.

El realejero junto a Freddy Yanes, el arquitecto del oro. / El Día
Su semana se reparte entre entrenamientos dobles y sesiones individuales, adaptadas a su jornada laboral. Lunes y jueves suele entrenar mañana y tarde; martes, miércoles y viernes completa al menos una sesión diaria; y los sábados se centra en entrenamientos específicos de lucha.
La semana pasada, Lisboa fue el escenario donde todo ese trabajo silencioso tomó forma. Después de superar combate tras combate, llegó la final y, con ella, el momento que Aday llevaba meses visualizando: «No me lo creía. Cuando terminé la lucha solamente escuchaba a mi mujer, Mar, llorar: ¡Lo hiciste, lo hiciste, ganaste, ganaste! Me quedé sentado en el suelo mirándola y me eché a reír de felicidad. Nunca me había sentido así en mi vida».
¿Le queda algún sueño en el jiu jitsu? «No, ya el mío lo cumplí», responde. Ser campeón de Europa era el objetivo y el luchador realejero ya lo ha logrado.
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