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Voleibol

El tinerfeño que “no sabía ni tocar la pelota” y ahora compite entre los mejores de España

Desde sus primeros pasos en el Haris hasta su participación en el clasificatorio europeo, Alejandro Hernández ha vivido en una temporada lo que a otros les tomaría una década

Alejandro Hernández rematando con la selección española U18

El Día

Bruno Sánchez

Bruno Sánchez

Santa Cruz de Tenerife

En un año, el tinerfeño Alejandro Hernández Montalt ha recorrido lo que a muchos deportistas les lleva una década –si es que no se quedan por el camino–. De empezar en el voleibol casi de rebote en la Isla a residir en un Centro de Alto Rendimiento, medirse en Primera Nacional (la tercera categoría del voleibol español) contra jugadores adultos y enfundarse la camiseta de la selección española Sub 18. Todo a sus 16 años, siendo además el único jugador canario convocado en el reciente clasificatorio europeo disputado en Portugal. Un talento precoz, de adaptación acelerada, con una madurez impropia de su edad.

Arranca la de Alejandro y el voleibol como una historia de amor de verano. De esos que llegan sin avisar, sacuden y lo cambian todo. Dos mundos que no se conocían, que parecían lejanos, pero destinados a cruzarse. Un romance tardío… aunque vertiginoso. Porque el tinerfeño, a diferencia de muchos deportistas que empiezan desde niños, aterriza en el voleibol después de haber probado otros caminos. Durante años, su cancha fue la del baloncesto. El punto de inflexión llega después de una experiencia académica en el extranjero y, sobre todo, gracias al empujón de un compañero de clase.

En medio de una rutina de madrugones, entrenamientos, estudios y vuelta al trabajo en la pista, Alejandro encuentra un hueco para atender a EL DÍA. Basta escucharlo unos minutos para darse cuenta de que esa vida milimetrada se refleja también en su forma de expresarse, sorprendentemente madura para un chico de 16 años. La conversación arranca, precisamente, por el principio. Por sus inicios. Alejandro recuerda que todo comenzó «en el verano de hace dos años, verano de 2024, principios de curso escolar y de temporada regular», justo al regresar de una beca en Canadá. Hasta entonces, el voleibol no figuraba entre sus planes. Fue ahí cuando irrumpió la figura de su amigo David Carreño, jugador del Haris –y otra de las grandes promesas del voleibol archipelágico–, a quien define como «un gran amigo» y cuyo talento ya estaba más que avalado por varios MVP y convocatorias autonómicas.

Le empujó a probar suerte –«me convenció para que me metiera», admite Alejandro– y así comenzó a entrenar prácticamente desde cero. Reconoce que «no sabía ni tocar el balón», una afirmación que le da todavía más valor a lo que vino después.

Su crecimiento en el Haris

Su primer destino fue el Haris, un lugar perfecto para empezar, aprender y, sobre todo, crecer a toda velocidad. Alejandro no se olvida de quienes confiaron en él desde el primer día. Señala a Federica Zompatori y a Jesús Latorre, sus entrenadores en el conjunto lagunero, a quienes recuerda con especial cariño. Este último describe a Alejandro como «un líder» al que desde el primer instante «se le veía su capacidad atlética». Cuenta, además, que, en la parte técnica, «es un chico que adquiere muy rápido todas las indicaciones que se le proponen y escucha e interioriza muy bien todos los objetivos de entrenamiento que se iban trabajando». «Es muy responsable con sus estudios y eso tiene una relación directa en su evolución como jugador en tan solo un año jugando», añade.

Hernández Montalt, que sigue perteneciendo al club tinerfeño –se encuentra cedido a la Federación y compitiendo con el Palencia en Primera Nacional– mantiene un vínculo profundamente emocional con el Haris. Se percibe cuando confiesa que le tiene «mucho cariño a todos» y remarca que le han «apoyado desde el primer momento». En una temporada, el joven tinerfeño disputó campeonatos de Canarias y de España, siendo parte capital en títulos insulares y autonómicos y en un meritorio quinto puesto nacional. Un rendimiento que no iba a pasar desapercibido. La llamada de la selección canaria para el Campeonato de España fue el siguiente paso. Su nombre empezaba a colarse en los despachos de la Federación Española.

Alejandro Hernández rematando con la selección española U18

Alejandro Hernández rematando con la selección española U18 / E. D.

El verdadero punto de inflexión para él llega en verano, con la llamada de la selección española. Todo se acelera a partir de ahí. Poco después, la Federación Española de Voleibol decide incorporarlo al Centro de Alto Rendimiento de Palencia, un entorno reservado para un grupo muy reducido de jóvenes talentos llegados de todos los rincones del país.

El salto a Palencia

Alejandro se marcha con solo 15 años, dejando atrás familia, amigos y su Isla. Reconoce que no fue un proceso sencillo. «Es difícil, te separas de tu gente, de tus amigos, de toda la gente que conoces», admite. A esa dificultad se le suma un reto logístico que no todos en sus condiciones afrontan: «De Canarias a Palencia hay que coger un avión y hacer varias conexiones». Resalta, eso sí, que haber coincidido previamente con algunos compañeros en concentraciones le ayudó a que la adaptación fuera algo más llevadera.

Hoy, su vida en el CAR es igual –o incluso más– exigente de lo que se podría imaginar desde fuera. Con objetivos muy claros como llegar a la selección absoluta, ser profesional y, por qué no, representar a España en unos Juegos Olímpicos –«nos intentan implementar la idea de que tenemos que mirar en grande», explica Alejandro–, la disciplina y la planificación se dan por hecho en Palencia. «Todas las semanas nos mandan un planning al cual nos regimos al cien por cien», detalla el tinerfeño sobre un día a día totalmente estructurado.

Su rutina se resume como una cadena casi continua de obligaciones: instituto de 8 a 14 horas, comida, un breve descanso y entrenamientos de 16:00 a 20:00. Pero la jornada no termina ahí. Antes de la cena todavía queda tiempo para el estudio, con la ayuda de un tutor académico en la propia residencia. Y hay días todavía más duros. Dos veces por semana, los entrenamientos comienzan antes de ir al instituto, arrancando a las 6:45 de la mañana.

Alejandro, que este mes de enero vivió «el momento más importante» de su carrera con el debut en la selección española Sub 18 –participó en el torneo clasificatorio de la zona occidental de Europa, donde España logró el primer puesto del grupo y el billete para el Campeonato de Europa–, sigue dando la misma importancia a sus estudios. Cursa 1º de Bachillerato y ha aprobado todas. De cara al futuro, le gustaría «tirar por alguna ingeniería» y reconoce que su objetivo será compaginar la universidad con el deporte de élite.

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