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Fútbol base

"Cualquiera puede ser un Moleiro": el secreto detrás de los jóvenes talentos de Tenerife en la UD Las Palmas

Rubén García, miembro del departamento de captación de la UD Las Palmas en Tenerife, desvela las entrañas del modelo de cantera amarillo

Rubén García, miembro del departamento de captación de la UD Las Palmas, en el estadio de Gran Canaria.

Rubén García, miembro del departamento de captación de la UD Las Palmas, en el estadio de Gran Canaria. / El Día

Bruno Sánchez

Bruno Sánchez

Santa Cruz de Tenerife

No hace poco que el fútbol base tinerfeño viene arrastrando un fenómeno con el que es imposible de mirar hacia otro lado. Cada vez son más los jóvenes talentos criados en la Isla que acaban haciendo las maletas rumbo a la Unión Deportiva Las Palmas. Los ejemplos saltan a la vista y ya forman parte del paisaje del fútbol profesional. Pedri, Kirian Rodríguez o Alberto Moleiro son algunos de los nombres que han avivado un debate recurrente –y a veces incómodo– sobre cantera, oportunidades reales y modelos de club.

Para comprender qué se esconde detrás de ese movimiento conviene detenerse en una figura tan decisiva como poco visible para el gran público: el ojeador. En Tenerife, uno de los nombres propios de ese trabajo es el de Rubén García, de La Orotava y miembro del departamento de captación de la UD Las Palmas.

Rubén conoce el fútbol tinerfeño desde las tripas. Lo ha mamado durante años. Antes de sentarse en una grada como ojeador, pasó media vida formando futbolistas como entrenador, transitando por todas las categorías del fútbol base y sumando una década en Tercera División con el Santa Úrsula, además de su etapa al frente del Orotava. Habla con conocimiento de causa. Puede hacerlo del talento que hay en la Isla, de las costuras del fútbol canario y de por qué Las Palmas se ha convertido en un destino tan atractivo para tantos jóvenes futbolistas tinerfeños.

«Los hechos están ahí. Nadie lo puede esconder», admite cuando se entra de lleno en el debate del trasvase de jugadores hacia Gran Canaria. Y a partir de ahí, despliega un discurso analítico, que se basa en vivencias y una defensa del modelo de cantera que ha terminado por convertir a Las Palmas, según sus propias palabras, en «un referente nacional».

De Santa Úrsula a Las Palmas

El excelente trabajo de García en el Santa Úrsula fue la puerta de su entrada a la entidad amarilla. Recuerda el orotavense que desde Las Palmas estaban «en constante seguimiento» de todo lo que hacían. Un proyecto que convirtió al club norteño en un referente por su forma de proceder, con una plantilla que llegó a contar en Tercera División con 18 futbolistas Sub 23. «Estábamos a la altura de filiales como Tenerife y Las Palmas, haciendo un trabajo de cantera y haciendo debutar, en una sola temporada, a 16 o 17 futbolistas canteranos», explica. Ese modelo, reconoce, «gustaba» en la Unión Deportiva. Tanto, que no solo les felicitaron por el trabajo, sino que hace dos años le comunicaron, a él y a su hermano Jonás, que querían que pasaran a formar parte del departamento de captación de la institución en Tenerife.

Hoy, desde su puesto como ojeador en la zona norte –aunque con capacidad de seguimiento «más allá de la Isla», como él mismo aclara–, Rubén García es de los que mejor pueden contar cómo se huele el talento, cómo se decide incorporar a un jugador y por qué tantos jóvenes tinerfeños ven en Las Palmas un camino real hacia el fútbol profesional.

Tenerife: talento de sobra

Junto a él, su hermano Jonás, y Emilio –responsable de la zona sur– completan el engranaje amarillo en Tenerife. Un triángulo atento en un territorio que, a juicio de Rubén, sigue siendo un vivero de jugones. «El fútbol tinerfeño tiene bastante talento, futbolistas muy interesantes, muy válidos y que pueden llegar», asegura. Y aunque no esquiva las limitaciones –«solo hay dos clubes profesionales», admite–, rechaza de plano que el problema sea de calidad. «No creo que tengamos una limitación de calidad técnica o táctica», afirma.

En cuanto al famoso éxodo, no es, para Rubén, una sensación. Es un hecho. «Debutan muchos más jugadores a nivel canario en la Unión Deportiva Las Palmas que en el Tenerife», sostiene. Y ahí pone sobre el argumento central: «La apuesta». Porque, a su juicio, Las Palmas no se queda en el discurso. Tiene «una apuesta seria y real por la cantera», un compromiso que se refleja en hechos concretos: filiales «llenos de jugadores representativos», proyectos pensados para que esos chicos tengan «presencia en el primer equipo». Y, en el fútbol, insiste, eso es lo que de verdad «da la garantía».

Moleiro, Pedri y Kirian: referentes cercanos

Toma como referencia el caso de Alberto Moleiro. Rubén cree que el extremo santacrucero encarna mejor que nadie esa idea de posibilidad real. «Si Moleiro, que estaba aquí, ha tenido la posibilidad de alcanzar el fútbol profesional, habiendo sido visto en Tenerife y habiendo recibido la oportunidad de crecer trabajando en la cantera de Las Palmas… y ha llegado, los canarios, al final, lo ven como algo cercano», verbaliza. Lo mismo sucede con Pedri. El valor, en su discurso, no está solo en el talento, sino en comprobar que el camino existe y que se puede recorrer desde Canarias. «Cuando ves el caso de Pedri, que al final es un futbolista que podría ser cualquiera de nosotros, que es de Tegueste, un municipio que todos conocemos… ves a una persona cercana, canaria, con conductas y comportamientos que nos representan, que nos identifican como canarios y lo ves triunfando en el fútbol profesional… pues yo creo que eso es un orgullo para todos. Creo que ahí está el valor. El futbolista en Canarias se identifica con eso, con la idea de que cualquiera puede ser un Moleiro», añade.

Eso sí, Rubén no idealiza. De hecho, una de las partes más potentes de su discurso llega cuando habla de lo que no se ve. De lo que separa a los que llegan de los que se quedan. Para él, no siempre triunfan «los de las mejores condiciones». Muchas veces lo hacen los «que aguantan», los «más constantes». Y ahí despliega casi una lección de vida. Habla de «aguante», de «resiliencia», de trabajar «silenciosamente» y de «no tirar la toalla» cuando no llegan las oportunidades. Ahí sitúa, precisamente, el gran error del fútbol base: «El no insistir y el no luchar por lo que uno quiere ser».

Cuando se le lanza la pregunta de si los chicos tinerfeños terminan eligiendo Las Palmas antes que al Tenerife, Rubén esquiva la confrontación. «Nosotros no nos basamos en que se los quitamos al Tenerife», aclara. Habla de «criterios propios» y de una forma muy concreta de entender el fútbol, la «filosofía del club». Y ese proyecto, insiste, se explica. La clave, concluye, es que el futbolista «salga convencido de lo que está haciendo el club y de cómo está trabajando».

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