Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Deporte canario

El mejor entrenador del mundo de taekwondo es tinerfeño: medallas olímpicas, mundiales y un nuevo sueño en Egipto

En la tierra de los faraones, el tinerfeño Rosendo Alonso quiere lograr «lo que nunca antes se ha hecho». Su objetivo, el oro en Los Ángeles 2028

Rosendo Alonso celebra junto a Moataz Bellah la victoria del joven taekwondista egipcio en el Mundial sub 21.

Rosendo Alonso celebra junto a Moataz Bellah la victoria del joven taekwondista egipcio en el Mundial sub 21. / World Taekwondo Championships

El Día

El Día

Santa Cruz de Tenerife

Rosendo Alonso regresa a Tenerife por Navidad. Vuelve para reconectar. Porque si algo ha definido siempre la trayectoria del técnico tinerfeño es el movimiento, la capacidad de adaptación y una ambición que jamás ha sabido –ni querido– conocer fronteras. Hoy, con un nuevo proyecto en marcha en Egipto y resultados inmediatos que refuerzan una dinámica ya incontestable, su nombre vuelve a instalarse, por derecho propio, en la cima del taekwondo mundial.

Porque desde que salió de la Isla, aquel joven que en 1995 conquistó la primera medalla de oro juvenil nacional para Tenerife no ha dejado de sumar kilómetros, países, culturas y éxitos. Primero como deportista y después –y sobre todo– como técnico de proyección internacional. Guatemala, México, Sudamérica, Francia y ahora Egipto dibujan su mapa profesional. Un mapa que ayuda entender por qué Alonso es considerado hoy como uno de los entrenadores más influyentes del taekwondo moderno.

La etapa francesa fue, sin discusión, la más laureada de su carrera. Entre 2018 y 2025, Alonso condujo uno de los ciclos más brillantes del taekwondo galo: tres medallas olímpicas –incluido el histórico oro de Althéa Laurin en París 2024–, cuatro preseas mundiales, diecisiete en Grand Prix y dieciocho europeas. Palmarés que habla por sí solo y que le valió, entre otras cosas, para ser elegido en 2023 como mejor coach del mundo.

Alonso, con Seif Eissa tras su conquista del oro en el Mundial.

Alonso, con Seif Eissa tras su conquista del oro en el Mundial. / World Taekwondo Championships

Pero incluso los ciclos más exitosos se agotan. Tras los Juegos llegaron los reajustes internos y la sensación de incomodidad fue ganando terreno. «No estábamos muy a gusto y todo tiene un principio y un final», reconoce. Francia había sido el lugar donde cumplir un sueño –conquistar el primer oro olímpico del país–, pero también el escenario de un cierre de etapa. Dos medallas olímpicas, una de ellas de oro, cambiaron la historia del taekwondo francés… y bajaron el telón de un ciclo, para Alonso y para su esposa Gülsah Kuscu –razón por la cual el tinerfeño habla siempre en plural–.

Tras dos meses de descanso en Turquía y la imprescindible reflexión posterior a unos Juegos Olímpicos, surgió la posibilidad de volver a Egipto. Un país que Rosendo conoce a fondo. Allí ya había trabajado entre 2015 y 2018 y fue donde, además, consiguió una medalla olímpica de bronce en Río 2016. En esta ocasión, el contexto personal también acompañaba: proximidad con Turquía, vínculos previos y un proyecto ambicioso sobre la mesa. En definitiva, «una buena oportunidad». Lo que no se imaginaba era la velocidad con la que empezarían a llegar los resultados.

El técnico tinerfeño (i) y el campeón mundial (d).

El técnico tinerfeño (i) y el campeón mundial (d). / World Taekwondo Championships

En el Mundial absoluto de China, Egipto conquistó un oro y un bronce apenas unas semanas después del desembarco del nuevo técnico. Eso sí, Rosendo Alonso se mantiene al margen de los focos. Es lógico: «En tres o cuatro semanas no vas a hacer a un campeón del mundo». El oro de Seif Eissa, en la categoría masculina de −87 kg, supuso la primera medalla de oro mundial para el país de los faraones en 28 años. Alonso ya había sido su entrenador en su anterior etapa en tierras egipcias. Aun así, lejos de apropiarse del triunfo, el tinerfeño subraya el trabajo previo de la federación. Aunque la satisfacción está ahí, claro. Y más todavía cuando, poco después, el Mundial sub 21 confirmó que aquello no había sido una casualidad. En Kenia, Egipto sumó un oro y dos bronces, además de un cuarto puesto por equipos. Ahí sí admite haberse sentido «un poquito más involucrado».

Un técnico camaleón

El Egipto que Rosendo ha encontrado en esta segunda etapa no tiene nada que ver con el que dejó hace casi una década. Es un país «mucho más moderno». Las infraestructuras han dado un salto, el desarrollo es evidente y el entorno se siente ahora «menos caótico que hace 10 años». Culturalmente, admite que no hay cambios drásticos, pero el clima general favorece el trabajo de alto rendimiento. Y eso, para alguien que vive de los detalles, de la planificación y de la estabilidad, marca la diferencia.

Rosendo Alonso da indicaciones a Seif Eissa.

Rosendo Alonso da indicaciones a Seif Eissa. / World Taekwondo Championships

Si hay una palabra que define su carrera es adaptación. El tinerfeño rehúye los métodos rígidos y las fórmulas universales. Explica que «no puedes llegar y aplicar el mismo método en cada sitio». Junto a su mujer, ha aprendido a leer cada contexto, cada cultura y cada atleta. «Intentamos ser un poquito camaleón», dice, describiendo un enfoque basado en la pedagogía, la psicología y la flexibilidad. Para él, la relación con el deportista va mucho más allá del tatami. Familias, obligaciones, comunicación y entorno también forman parte del rendimiento. Quizá por eso afirma con orgullo que nunca han tenido problemas en ningún país. Adaptarse no solo les ha abierto puertas, sino que también les «ha ayudado» a seguir formándose y a empaparse de otras culturas.

El trotamundos que no lo planeó

Mirando atrás, Rosendo confiesa que nunca imaginó una carrera tan nómada. Dice que «todo se ha ido dando sobre ruedas». Se define como una persona ambiciosa, pero también capaz de dejarse llevar. «Me han salido oportunidades y las he aprovechado», resume. Aciertos, errores, aprendizajes… ninguno de los pasos que ha dado le provoca arrepentimiento. Al contrario. Está «agradecido con todo lo que ha podido hacer». Sus planes los marca con fechas y serenidad: seguir hasta Los Ángeles 2028 y, sobre todo, «disfrutar del momento, que es lo más importante».

Un proyecto compartido

Nada de esto tendría sentido sin su mujer. Comparten vida, trabajo y presión. «Gracias a que estamos juntos podemos hacer este estilo de vida», explica. Viajar, competir y asumir responsabilidades se vuelve más fácil cuando el proyecto es compartido. Trabajar juntos ha sido, en su opinión, «mucho más positivo que negativo».

Sobre la cita olímpica, reconoce que es su objetivo. Y la ambición sigue intacta. La meta «es hacer algo que nunca se ha hecho anteriormente». En el caso de Egipto, eso se traduce en aspirar al oro olímpico, un metal que todavía no forma parte de su historial. «Tenemos un buen potencial con un grupo que es joven, casi el 80% de los atletas son menores de 21 años, y da esperanza de poder conseguir buenos resultados en el futuro, porque son atletas con mucho potencial», explica.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents