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Lucha canaria

De la arena al asfalto: Alejandro Afonso, un deportista todoterreno que rompe moldes

Campeón mundial de Ssireum y piloto de rallyes en un mismo cuerpo, un palmero que viaja de la satba coreana a los trazados de la Isla Bonita

Alejandro Afonso, tras ganar en Corea del Sur, posa con el toro que lo acredita como campeón mundial.

Alejandro Afonso, tras ganar en Corea del Sur, posa con el toro que lo acredita como campeón mundial. / El Día

Bruno Sánchez

Bruno Sánchez

Santa Cruz de Tenerife

Una historia difícil de repetir. Hay deportistas que se atreven a hacer cosas que nadie había intentado antes, que quieren romper moldes. En la lucha canaria hay nombres ilustres, sí, pero pocos tan polifacéticos como el que ha acaparado titulares en los últimos días, Alejandro Afonso. Recién coronado como campeón del mundo de Ssireum para extranjeros en Corea del Sur y, al mismo tiempo, piloto de rallyes. Sin descanso, este mismo fin de semana se subirá a su Skoda R5 Evo para disputar la VI Subida a Hoyo de Mazo.

La escena es la siguiente: Alejandro aterriza en La Palma hace unas horas después de más de veinte horas de viaje –con escalas– desde el corazón del Ssireum mundial, y, sin apenas tiempo para dejar la maleta en casa, ya se alista para lanzarse a uno de los trazados de montaña con más solera de la Isla Bonita.

Aún recuperándose de los efectos del desfase horario, reconoce que la magnitud del título todavía no ha terminado de «asimilarla». Y no es para menos. Conquistó el palmero un trofeo que llevaba años acariciando. Era su quinta incursión en Corea. Había rozado la cima en otras ediciones, incluida una amarga final ante un rival mongol hace dos años. El Ssireum, disciplina hermana de la lucha canaria pero con normas propias, un tipo de arena particular –la satba– y una mística casi sagrada en suelo coreano, seguía siendo su espina clavada. Pero Alejandro, actualmente en las filas del Club Bediesta (San Andrés y Sauces), quería hacer tangible ese anhelo: «uno de mis objetivos en el deporte era lograr el ansiado toro» –el galardón de oro que recibe el campeón del torneo, símbolo ancestral ligado a la historia agrícola del país–.

Afonso, junto a Yeray Mujica, actual copiloto de Enrique Cruz.

Afonso, junto a Yeray Mujica, actual copiloto de Enrique Cruz. / El Día

En la final se midió con otro canario, Alberto Zamora. Duelo entre paisanos en plena Corea con algo de gesta y algo de duelo personal. En la primera agarrada, relata Afonso, estudió a su rival «para que se cansara con el tema del peso», dejando caer que él, al pesar menos, podía jugar con el tiempo. «Si acababa el tiempo ganaba yo», resume. La segunda, afirma, fue «más de lo mismo», aunque esta vez logró «pescarlo un poco hacia delante» y sellar así el título más importante de su carrera internacional.

Eso sí, buena parte de su triunfo se cimentó mucho antes. En concreto, en el combate que le dio el pase a la final. «Todos sabemos quién es Eusebio… de lo mejor que hay en la lucha canaria hoy en día». Alejandro Afonso se impuso a Eusebio Ledesma en un enfrentamiento que lo llevó al umbral de sus fuerzas. Cuenta que salieron «a darlo todo», tanteando cada movimiento, conscientes de que la única vía era «jalarlo hacia arriba», una maniobra arriesgada que exige potencia, reflejos y un instante perfecto. Un empate cargado de tensión que acabó decidiéndose con Afonso derribando a Ledesma. «Fue muy emocionante», confiesa el palmero.

Pero la cosa no queda ahí. Tiene su punto, porque Afonso no solo se enfrenta a rivales enormes en un círculo de arena. También se pone el mono, el casco y arranca un coche con más de 280 caballos. El palmero, campeón mundial de Ssireum, es también piloto de rallyes en activo.

«El rally me lo tomo como un hobby», dice. Es algo que hace «cuando tiene tiempo», sin presiones, sin obligaciones. «Si un fin de semana me cuadra una subida y no tengo lucha, voy. Si no, no pasa nada», cuenta. Para él, ir a una prueba en Canarias es «como quien baja a la playa», porque, como deja claro, su «deporte número uno es la lucha canaria».

Una tradición familiar

Eso sí, que no se lo tome tan en serio no quiere decir que lo de los coches le venga de ahora. Desde niño iba con su padre a los rallyes. El automovilismo era –para él– cultura, familia y costumbre. Por eso le tiene cariño al primer coche de carreras que compraron: «Fue una excusa más para hacer algo en familia», cuenta. Aquel Citroen Saxo, que nació como una simple distracción, acabó convirtiéndose en una estructura familiar que ya ha dado vida a cuatro vehículos a lo largo de su recorrido.

Debutó en 2019, como ese sueño de infancia que por fin tomó forma. No siente presión al enfrentarse a un tramo. Lo suyo va por otro lado. Viene de una tradición familiar. «Nervios, de verdad, es cuando estás en un campo de lucha con 3.000 personas». Cuando se sube al coche, en cambio, la sensación es diferente. «Es por plena diversión», asegura, y por eso nunca sintió los nervios que los recién llegados suelen experimentar en su primer tramo. «Corrí por primera vez y la gente me preguntaba qué tal, que si me habían entrado los nervios. Y la verdad es que no, cero nervios. Al final sé que no tengo ninguna responsabilidad, nadie que me exija o me pida nada», verbaliza el piloto de El Muro Racing.

Polideportivo humano

Lejos de encasillarse en dos disciplinas, Alejandro se presenta como un todoterreno del deporte. Juega a fútbol, enduro con motos de cross y se apunta a todo lo que implique acción. «Me gusta vivir la vida», dice. «No es que sea el mejor, pero me defiendo», remata entre risas.

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