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Así fue el paso de la selección española por Tenerife: una fiesta en el Santiago Martín

La selección de Chus Mateo sí ilusiona, para muestra, un Santiago Martín que vibró entregado a su equipo nacional en la victoria frente a Georgia

Ni el mejor comienzo de la selección visitante frenó las ganas de fiesta de los 4.603 que acudieron a la cita y acabaron tiñendo el recinto generalmente aurinegro de amarillo y rojo

La afición española vibrando durante el partido.

La afición española vibrando durante el partido. / Arturo Jiménez

Luisfer Cabeza

Luisfer Cabeza

Santa Cruz de Tenerife

Habitual casa de La Laguna Tenerife, el domingo fue domingo, y a la vez no, en el Santiago Martín. Ambiente, afición y baloncesto de élite. Este 30 de noviembre, eso sí, con matices. Del amarillo y negro al amarillo y rojo, del equipo de todos los tinerfeños al equipo de todos los españoles, de disfrutar de Gio Sermadini a padecerlo y de Txus a Chus. Del Canarias a España.

Con novedades en el diseño del parquet del Pabellón Insular (diseño gigante de la Copa del Mundo con la palabra «Qualifiers», en inglés clasificación, en el centro de la pista), la 'playlist' que sonaba durante el calentamiento de los internacionales georgianos y españoles resultaba conocida a los habituales al recinto de Los Majuelos. Algo de Quevedo y El Vega, acento canario para la cita. Los nuevos, visiblemente desorientados y ávidos de ayuda para encontrar su asiento, sonreían doblemente al llegar a la que iba a ser su butaca. Primero, por el alivio de que por delante solo quedaba ya disfrutar del momento. Segundo, porque les esperaba un regalo en forma de bandera de España. Los más pequeños, cómo no, eran incapaces de resistirse a agitarla aún restando cerca de una hora para el comienzo de las hostilidades.

La afición agita las banderas de España.

La afición agita las banderas de España. / Arturo Jiménez

De Los Pollos Amarillos al rojo de España

En el fondo de la pared revestida de madera (en la que no hay anillo superior), una marea rojigualda a la que le tocó hacer las veces de Los Pollos Amarillos, la peña de La Laguna Tenerife que ha hecho suyo ese espacio del recinto. Sonaron los bombos con insistencia cuando los pupilos de Chus Mateo saltaron a la pista. «¡¡VAMOS ESPAÑA!!» gritaban desde la esquina.

En la presentación, aplausos al esta vez oponente Shermadini, que respondió levantando la mano agradeciendo el cariño. Hubo incluso quien se puso de pie. Vino después el turno de los españoles. Mucho ruido para el 15 y hasta hace poco aurinegro Lluís Costa. Se le sigue queriendo. El último en la lista, el 35. 'Uno di noi', debieron pensar en la grada. Ovación atronadora para Fran Guerra, que cruzó la pista mientras se persignaba emocionado. Debía ser su tarde. Sonaron justo después los himnos. Respeto y aplausos al sonido georgiano y solemnidad y banderas al viento con el español.

La superioridad de salida de Georgia no mermó el ánimo de la afición española. Ni el 8-18 que obligó a Mateo a pedir tiempo muerto frenó el ambiente festivo. Era la fiesta del baloncesto y los besos de la siempre divertida 'kiss cam' contribuyeron a sacar una sonrisa incluso en los rostros que amenazaba con asomar un gesto torcido. Contó más, por supuesto, la reacción del equipo español, que remó hasta el 29-29 que firmó Paulí con un triple celebrado como muy pocos antes en el Santiago Martín. La grada, que estaba ya juguetona, terminó de disparatarse al ritmo del Levantando las Manos, de El Símbolo, Y eso hicieron, ponerse de pie y bailar.

Homenaje a los expresidentes

Al entretiempo, la Federación Española aprovechó para homenajear a los cuatro expresidentes de la Canaria de Baloncesto. Elisa Aguilar, la actual mandamás de la Nacional, y Carlos Olano, dirigente de la Regional, acompañaron al centro de la pista a Fran Padrón (gobernó del 94 al 98), Manolo Hernández Cruz (98-2002), Clemente Mesa (2002-20014) y Manolo Gómez (2014-2018). Vidorreta, esta vez en el palco, siguió el reconocimiento con una sonrisa. Junto a él estaban su ayudante, Juan Gatti, el director deportivo del Canarias, Nico Richotti, y el presidente, Aniano Cabrera. Muy cerca de ellos presenciaban la cita, entre otros muchos, el vicepresidente del Cabildo Insular, Lope Afonso y la consejera de Deportes, Yolanda Moliné. Unas filas más arriba, Marcelinho Huertas disfrutaba del partido con sus hijos. O de sus hijos con el partido de fondo. Pocas veces se ha visto el brasileño tan lejos de una pista que conoce tanto como la palma de su mano. Tampoco dejó pasar la oportunidad de asistir Álvaro González, futbolista del CD Tenerife.

El júbilo con el que la afición local se marchó al descanso se convirtió en éxtasis en el tercer periodo. El clímax llegó en la recta final del cuarto, cuando Paulí tiró dos caños seguidos en un contraataque antes de asistir a Reyes, que anotó a placer para el 60-43. Del asombro con un «oh» unánime durante la jugada al alucine generalizado al ver la repetición mientras el jugador del Lleida recorría la pista hacia el banquillo colocándose las gafas (la celebración que le caracteriza). El tiempo muerto que solicitó un Dzikic desesperado se convirtió en fiesta exprés cuando sonó el 'Freed from Desire'.

Cariño para todos

Con el partido resuelto y Georgia entregando la cuchara, restaban algo más de cuatro minutos cuando Chus Mateo sacó de la pista a Fran Guerra. Más aplausos para el interior, al que felicitó orgulloso su entrenador nada más abandonar el parquet. Ni siquiera Alberto Díaz, figura de Unicaja de Málaga que ha tenido sus más y sus menos en los duelos entre cajistas y La Laguna Tenerife, se libró de los aplausos. Era el día del equipo de todos. Por eso fue la fiesta de todos. Los miles que hicieron la ola en las gradas del Santiago Martín mientras el partido languidecía y se quedaron incluso cuando había terminado. Lo más rápidos, fundamentalmente niños, bajaron en seguida hasta la primera fila par saludar a los jugadores. Todos se quedaron a saludar, sacarse fotos y firmar autógrafos. La nueva España sí ilusiona. Para muestra, los 4.603 que pasaron una tarde inolvidable en Tenerife.

Los jugadores de la selección firman autógrafos al terminar el partido.

Los jugadores de la selección firman autógrafos al terminar el partido. / Arturo Jiménez

Mateo, "encantado"

Orgulloso por el buen hacer de sus chicos, feliz por un gran comienzo como seleccionador nacional (con dos triunfos) y desolado por la lesión de Great Osobor. Cóctel de emociones para Chus Mateo, que tuvo tiempo en sala de prensa para valorar con detenimiento el recibimiento del público tinerfeño a España. «Es una gozada jugar aquí. Estamos encantados de haber podido venir a jugar», manifestó convencido.

«Es magnífico jugar como local en esta pista. Yo lo había hecho como visitante y había sufrido. Haberlo hecho en calidad de local y sentir ese apoyo de la gente... nos han llevado en volandas. He visto a la gente disfrutar. Nosotros tenemos la responsabilidad de hacer que la gente sienta que nos dejamos la piel por la camiseta que vestimos. Hoy lo hemos hecho. Hemos luchado, hemos peleado, nos hemos tirado al suelo, hemos corrido y nos hemos dejado la vida en el rebote. Le hemos ganado el rebote a un equipo al que es difícil ganárselo. Eso ayuda a que la gente se identifique con la selección nacional. Ojalá lo consigamos poco a poco, ir generando ilusión. Eso era lo primero que yo quería, generar ilusión en mi equipo y en mis jugadores», reflexionó Mateo.

El frío adiós de Shermadini

El asiento que ocupó en la sala de prensa el técnico español fue el mismo en el que se sentó Gio Shermadini unos minutos después. El jugador de La Laguna Tenerife, emocionado pero parco en palabras y renunciando a manifestarse en español –se defiende, pero no lo maneja con soltura y no se fía de sí mismo–, lamentó el mal partido de los suyos en primer lugar para, seguidamente, despedirse del equipo de su país tras «casi 20 años». Lo hizo repartiendo agradecimientos en un «lugar especial» para él y frente a un «público fantástico» que conoce bien y que, por suerte, estará de su lado en el duelo del próximo fin de semana frente al Real Madrid.

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