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Tercera División

Entre radares y goles: la vida del goleador que igualó a Iñaki Williams antes de conquistar Mirca

Entre turnos y la responsabilidad de guiar aviones, Jorge Gómez encuentra en el Tenisca un refugio donde césped y afición se combinan para sostener una pasión que se niega a apagarse tras dos lesiones de cruzado

Jorge Gómez, con la camiseta del Tenisca y un balón, posa en el Aeropuerto de La Palma.

Jorge Gómez, con la camiseta del Tenisca y un balón, posa en el Aeropuerto de La Palma. / El Día

Bruno Sánchez

Bruno Sánchez

Santa Cruz de Tenerife

Controlador aéreo, killer del área, forjado en las canteras de Osasuna y Leganés, exbecado en una universidad estadounidense, top 100 del tenis español en categoría cadete y emblema del Tenisca. La de Jorge Gómez es una de esas historias que deslumbra por lo que cuenta… y emociona por lo que esconde.

La aplastante goleada del Tenisca frente al San Bartolomé (7-1) el pasado fin de semana en la novena fecha de Tercera, con el debut de Juan Arsenal en el banquillo –tras la renuncia de Ceire Vargas–, encierra una suerte de detonante narrativo. Zarpazo de autoridad del conjunto de Mirca después de siete fechas sin conocer el triunfo, y al mismo tiempo, una llamada de atención sobre el influjo de su ariete. Jorge Gómez rubricó un doblete y elevó su registro hasta los 99 goles oficiales.

Aterrizó en La Palma hace ocho años. Lo hizo como controlador aéreo recién titulado. Fue destinado a la isla y, sin tiempo para aclimatarse, buscó un equipo con el que equilibrar profesión y pasión. La institución merengue lo tenía localizado incluso antes de que deshiciera las maletas y lo incorporó desde el primer día. Así comenzaría un vínculo insospechado. «Nunca te imaginas que puedes entrar tan bien en un equipo», admite el talaverano, y mucho menos forjar «ese sentimiento de pertenencia» siendo un jugador de la Península.

Dos veces renacido

El camino futbolístico de Jorge en la Isla Bonita ha estado trufado de obstáculos físicos que, en cualquier otro caso, podrían haber dictado un adiós anticipado. Padeció dos roturas de ligamento cruzado. La primera en 2018 –recién aterrizado, en su tercer encuentro– y la segunda tres años más tarde, en pleno transcurso del playoff de ascenso a Segunda B. Volvió en ambas ocasiones. Como el mismo delantero de siempre. «Cuando has jugado al fútbol desde los 3 años… es una rutina que tienes», explica, y por eso uno «hace todo lo posible para seguir jugando». Habla de redebutar como quien vuelve a poner en marcha un engranaje –«he redebutado no sé cuántas veces en el Virgen de las Nieves», apunta–.

Mirca como refugio

Esta temporada, sin ir más lejos, arrastra desde hace varias semanas una molestia en la cintilla iliotibial. Pero Jorge no dramatiza. Contextualiza y continúa. Un terreno de juego como el de Mirca –con césped natural–, y una afición tan devota como la del Tenisca, operan como el perfecto combustible para seguir: «siempre son alicientes que te hacen salir adelante».

Esa vocación convive también con un rígido calendario profesional. Ser controlador aéreo conlleva turnos de mucha exigencia y una carga de responsabilidad que él mismo define como «bastante estresante» en la que se debe estar «completamente concentrado». En ese contraste radica una de las aristas más fascinantes de su historia: el fútbol, más allá de pasatiempo, actúa aquí como un mecanismo compensatorio, una especie de contrapunto mental.

A la par de Iñaki Williams

Antes de aterrizar en La Palma, la trayectoria de Jorge apuntaba a una escalada deportiva con guion clásico. Natural de Talavera de la Reina, irrumpió en la selección de Castilla-La Mancha y eso le abrió las puertas del juvenil del Osasuna, donde firmó 20 goles en la División de Honor, igualando en la tabla de goleadores a Iñaki Williams. Su ascenso dentro del ecosistema rojillo fue meteórico. Sin agotar su etapa juvenil, ya entrenaba con el Promesas y pasó varios meses a las órdenes de Javi Gracia en la primera plantilla, llegando a ser convocado en Primera División. Pero un terremoto institucional –«el presidente fue a la cárcel, el director deportivo también», recuerda– precipitó la rescisión de contratos de jugadores de fuera de Navarra. La suya fue una baja colateral.

Rumbo a Estados Unidos

Después se abrió un buen periodo de reconstrucción: Segunda B con La Roda, Tercera madrileña con el Puerta Bonita, donde fue máximo goleador de la segunda vuelta, y más tarde una travesía académica y deportiva en Estados Unidos. Allí cursó Economía y firmó 37 goles en dos temporadas, cifras que lo catapultaron al draft de la MLS, reservado para «los 60 mejores jugadores universitarios». Fue elegido por el Vancouver Whitecaps, pero las condiciones contractuales no compensaban el elevado coste de vida en Canadá, así que optó por volver a España.

A las órdenes de Garitano

De ahí al Leganés, y de nuevo a rozar la élite. Jorge fue titular en varios duelos de pretemporada con el primer equipo pepinero –entonces bajo la batuta del exblanquiazul Asier Garitano–, pero después de tres partidos con el filial, se cruzaría en su camino la posibilidad de arrancar con el curso de controlador aéreo. «Me dijeron mis padres que decidiese», rememora. Eligió la opción que le abría horizontes más allá del césped, una «buena oportunidad» para su «futuro laboral».

Sparring con Rafa Nadal

Eso sí, la biografía deportiva de Jorge da para añadir una capa todavía más sorprendente. Durante su adolescencia figuró entre los cien mejores tenistas nacionales y llegó a compartir pista con Rafa Nadal, sirviéndole de sparring en Mallorca. Su idilio con las raquetas se desvaneció en cuanto el Osasuna llamó a su puerta. «Ves esa cantidad de dinero con esa edad y dices… yo creo que dejo el tenis».

Las últimas semanas en el equipo de su vida

En cuestión de semanas, Jorge cerrará su etapa en el Tenisca y en La Palma. Aún sin fecha definida, emprenderá primero rumbo a Madrid para completar un curso de formación de seis meses y, después, deberá elegir nuevo destino profesional, previsiblemente «alguna isla canaria», aunque capitalina. Deberá gestionar el Tenisca un vacío incuestionable. En las últimas tres campañas, el delantero talaverano ha anotado 70 goles y ha sido pichichi de su grupo en todas ellas. Aunque todo apunta a que su despedida llegará con su contador en 100 goles, él insiste en que su prioridad es la de «asentarse en la tabla», y poder despedirse «bien de la afición y del equipo». Eso sí, admite que «sería especial llegar a esa cifra anotadora».

Jorge Gómez celebra un gol señalándose el escudo.

Jorge Gómez celebra un gol señalándose el escudo. / Albaday Photography

Más allá de estadísticas, su vínculo con el Tenisca se cincela con una sinceridad poco habitual en el fútbol regional. Es el club de su vida. Lo repite una y otra vez. Se lo ha «dado todo tanto en las buenas como en las malas». Vivió con la camiseta blanca descensos y celebraciones. Su día más feliz en Mirca, el regreso a Tercera División.

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