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UD LAS PALMAS

Kirian Rodríguez: «No tenía miedo a lo que me pasara porque mentalmente estaba preparado»

El tinerfeño explica cómo ha sido su proceso de recuperación tras ganar la batalla al linfoma de Hodgkin por segunda vez y se muestra feliz por haber logrado esta importante victoria

Entrevista a Kirian Rodríguez, jugador de la UD Las Palmas

Entrevista a Kirian Rodríguez, jugador de la UD Las Palmas / Andrés Cruz

Cristian Gil Fuentes

Las Palmas de Gran Canaria

¿Cómo se siente cuando mira hacia atrás y ve que ha superado su segunda batalla contra el cáncer y que la vida vuelve a darle otra oportunidad?

¿Estaría guapo decir invencible? (Risas) Quedaría bien, la verdad (Risas). Pero bueno, al final yo me siento contento; feliz por mi familia, por mis amigos y por todo. Suelo decir muchas veces que la primera persona es la que se come la enfermedad, la que pasa por los tratamientos… Pero los que peor lo suelen pasar son las personas que están a tu alrededor porque no saben cómo estás realmente y no están en tu cabeza. Estoy contento por mí y por mi salud, pero también por ellos para que puedan tener esa tranquilidad en el día a día, no estar pendiente de lo que pueda pasar y de si estoy o no bien.

¿De qué forma ha sido capaz de afrontar, a nivel psicológico y mental, lo duros que han sido estos meses sabiendo que no era la primera vez que pasaba por esto?

Me lo he querido tomar como que mi cuerpo me pedía descansar. La realidad es que mi cuerpo necesitaba parar y dejar de meterse tanta presión. El sistema linfático está muy relacionado con el nervioso, por lo que me lo tomé como que tenía que frenar. El hecho de estar aquí entrenando día a día, de tener que estar a un nivel físico adecuado, de competir y de sometérteme a esa presión de tener que hacerlo bien fin de semana tras fin de semana no es fácil. A eso le puedes sumar la lucha que tienes con tu mente cuando te dice cada vez que sales a entrenar: 'hoy es un buen día, hoy es un mal día, hoy no me encuentro bien'… Todo eso desgasta. Las dos veces que me ha pasado he hecho lo mismo y he intentado desconectar prácticamente de todo, aprovechar cada día con mi pareja, hacer cosas a las que no estaba acostumbrado en mi día a día de futbolista profesional como ir a la playa o jugar al pádel. Primaba el hecho de estar con los míos para hacer cosas que los fines de semana no podía hacer por dedicarme a lo que me dedico.

¿Cómo recibe la noticia de su recaída? ¿Notó de nuevo que algo no iba bien?

Cuando volví en enero tenía las pruebas rutinarias, pero me encontraba bien, no me sentía cansado o con molestias. Además, podía entrenar con total normalidad. Sin embargo, cuando las analíticas no salieron bien se empieza a generar un poco de duda en mi cuerpo; había tramos en los entrenos en los que pensaba: ‘no sé si es mi mente la que le está diciendo a mi cuerpo que está cansado o realmente ese cansancio significa que está volviendo la enfermedad’. Si es cierto que sabía que a los dos años había una posibilidad de recaída bastante alta; tenía ese miedo y esa incertidumbre de que volviese a pasar, aunque yo me decía a mí mismo que no. Mis padres, después del partido contra el Getafe en casa, me vieron muy fatigado y se empezaron a preocupar; entre ellos comenzaron a comentar que tenían la sensación de que iba a recaer. Justo antes del jugar ante Osasuna me asusté un poco porque la hematóloga me había comentado que debía tomarme el fin de semana libre y descansar porque creía que no era adecuado que sometiera a mi cuerpo a tanta presión. Por eso, mi mente no estuvo muy presente en el encuentro en sí, estaba algo desconectado porque pensaba que podía ser el último partido. Luego, cuando fuimos a Girona, antes de saltar al césped ya me sentía cansado y durante el choque sentí que ese cansancio iba a más. Había algo que estaba fallando y no era mi mente, era mi cuerpo el que no se encontraba bien. Entonces, cuando llegamos del viaje de Girona me llegó el mensaje de la hematóloga para que me pasara por la consulta al día siguiente y le comenté a Benito Ramírez, con quien estaba en ese instante, que era probable que hubiese recaído.

Tener que volver a verbalizar una situación como la suya a familia y amigos no suele ser sencillo, ¿cómo se lo comunicó a su círculo más cercano?

La primera vez cuando me pasó y me lo diagnosticaron creé en un grupo de WhatsApp con mi círculo más cercano para ponerles un mensaje con lo que me habían comunicado, contándoles la enfermedad que tenía y el proceso que iba a llevar. Quería que se enteraran ellos antes que nadie y que lo pudiesen comprender desde mi perspectiva porque creí que era lo más fácil. Ese grupo se quedó abierto una vez lo superé y se bromeó un par de veces de que se iba a quedar solo para los asaderos, pero cuando me volvió a pasar regresé a ese grupo para comentarles de nuevo que había recaído, que tocaba otra vez y que quería que volviesen a ser los primeros en enterarse. Por otro lado, mi pareja ha estado conmigo en todas las pruebas, en todo, lo vivía en el día a día y se enteraba según me iban informando a mí; mientras que mis padres, pues más de lo mismo. Entonces no me hizo falta comunicárselo a ellos porque se iban enterando a la vez que me enteraba yo.

¿Le costó más asimilar lo que le estaba sucediendo la primera vez que le informaron que padecía la enfermedad o cuando le dijeron que había recaído?

Se suele decir que la experiencia es un grado y en este segundo proceso he estado algo más tranquilo, aunque fuese un poco más duro. Estaba calmado porque, a pesar de que iba a estar un poco más jodido, sabía que podía salir de esta y que era capaz de volverme a levantar. La primera vez te quedas un poco más en shock porque no sabes nada, no has leído, no te has informado, no conoces ningún caso… De repente empieza a salir gente que lo ha vivido y se ve reflejada en ti, quieren tu apoyo y tú ni siquiera has vivido la enfermedad; lo único que haces es levantarte cada día intentando afrontar la realidad de la mejor forma posible. Por eso, la primera vez, fue un poco más complejo, ya no solo a nivel personal por la propia enfermedad y el desconocimiento de la misma, sino también porque en aquella ocasión terminaba contrato con Las Palmas y porque mi vida era diferente. Por ejemplo, yo por aquel entonces no vivía con mi novia; ella se iba a marchar a Valencia a estudiar, nunca habíamos convivido y de la noche a la mañana decide quedarse por mí. Empezamos a vivir juntos, también se vinieron mis padres y pasé de vivir solo a convivir con cuatro personas en casa… Todo fue muy rápido y chocante. Esta vez ya estábamos preparados y sabíamos lo que teníamos que hacer.

¿En quién se refugió para confrontar este reto?

Mi pareja y Benito Ramírez son, prácticamente, los pilares más importantes de mi vida. Ellos vivieron esto conmigo la primera vez y son las personas con las que más me abro, a las que más les cuento las cosas, lo que incluso me digo a mí mismo y les expongo mi situación en los días en los que no estoy bien. Si no es al cien por cien, mi novia ha sido la culpable al noventa u ochenta por ciento de que mi día a día haya sido tan alegre, tan tranquilo y me haya conseguido recuperar. Probablemente, en este tiempo ella haya tenido también malos días o lo haya pasado peor que yo y, aun así, ha llegado a casa siempre con buena cara e intentaba sacarme una sonrisa con una broma. Y Benito, más de lo mismo; es verdad que siempre lo digo, pero es como un hermano para mí. Benito es más que un amigo y nunca ha dejado de apoyarme. Es una persona a la que le puedo contar todo y que, además, tiene mi permiso para decirme las cosas sin cortarse un pelo, puede decirme las cosas que hago mal o las que hago bien a la cara; tiene ese privilegio. Probablemente, ellos hayan sido las personas más importantes para mí en todo este proceso.

¿Es de esas personas que le dan demasiadas vueltas a las cosas?

Mi madre dice que soy muy cuadriculado y que tengo todo muy planeado en la vida. Muchas veces eso no es bueno, porque la vida te va dando algunas pataditas, te va poniendo alguna zancadilla por el camino y tienes que afrontarlas también. Aun así, yo le digo que soy capaz de levantarme de las zancadillas y de las patadas. Sigo teniendo las cosas cuadriculadas y sigo enfocado al lugar al que quiero llegar. Es verdad que sobrepienso y analizo mucho… Hasta cuando salgo a cenar estoy pendiente de todo y hasta mi novia me dice que soy muy fijón, que tengo todo perfectamente detallado y a veces no es positivo, pero no creo que mi mente vaya a cambiar demasiado con la edad que tengo ya.

Durante 25 días estuvo ingresado para someterse a un autotrasplante. Usted contó que en el tramo final se subía por las paredes y que, a pesar de no tener los condicionantes para el alta, la pidió porque lo necesitaba, ¿qué fue lo más duro de ese proceso sin contar la falta de esa rutina que todo deportista tiene?

Tuve seis días seguidos de quimio, que fueron fuertes, aunque la verdad es que los pude llevar con total normalidad; pude comer y pude hacer de todo. Tras esos seis días llegó el momento del autotrasplante y es verdad que me dio un ataque de flemas y tos que fue muy incómodo, pero a partir de ahí seguí sin problema. No obstante, a los seis días del autotrasplante es cuando el cuerpo llega a cero, cuando está aceptando esas células madre congeladas que te vuelven a introducir y tu cuerpo se reinicia; yo en casa decía que era como apagar el router (Risas). Es cierto que en ese momento tuve unos días en los que el estómago no me permitió hacer nada y estuve encajado en la cama. Mi padre me preguntaba que por qué no les llamaba y yo le respondía que no lo hacía porque no podía, porque no tenía fuerzas y no las encontraba. Estaba incómodo, pero era lo que tocaba y una vez pasó eso ya me fui recuperando, empecé a verme bien. Me habían dicho que entre los días catorce y quince daban el alta, por lo que yo solo pedía que, por favor, las plaquetas y las defensas subiesen para salir. Me encontraba y estaba bien, lo que faltaba era que esos valores estuvieran correctos para poder recibir el alta. Esos días los pasé mal, más bien a nivel psicológico porque necesitaba aire y que me diese el viento en la cara, necesitaba salir porque llevaba muchos días encerrados entre cuatro paredes; quería estar acostado en mi sofá como siempre y tener una conversación con alguien fuera del hospital. Necesitaba que me diese el sol, comer cosas preparadas por mí… Incluso cuando vino mi madre a casa y me hizo su comida ya era todo mejor para recuperarse.

Tras recibir el alta tenía que pasar un tiempo prudencial de reposo, pero su determinación le llevó a querer entrenar cuanto antes, ¿le favoreció?

No lo sé, pero lo agradezco. Personalmente, lo agradezco. Creo que me ha venido bien, no sólo por el hecho de poder entrenar y recuperar un poco mi cuerpo, sino también por generar de nuevo esa rutina y ese día a día. Me ha venido bien para estar, a estas alturas, en una situación cómoda para volver a jugar. Recuerdo salir del hospital, ir a mi nutricionista y venir aquí a entrenar con Andrés Pérez, el readaptador. Ese día me tuvo que acompañar mi novia por si me pasaba cualquier cosa, porque como tenía las plaquetas muy bajas cualquier corte que me hiciese me iba a obligar a salir corriendo al hospital, ya que corría el riesgo de desangrarme. Era hacer un poco de bici y de movilidad, pero lo importante era regresar de nuevo a esa rutina del deportista.

Usted viajó a Marbella junto al resto de sus compañeros, ¿convivió con naturalidad el hecho de no poder entrenar en ocasiones o le costó frenarse?

Solo fue un día puntual. Recuerdo hasta el día que fue porque me levanté con un poco de dolor de huesos y no me sentía bien, por lo que me quedé en el gimnasio; Andrés, que ha sido el que me ha acompañado en ese proceso y en el anterior, sabe viéndome la cara si necesito ese apoyo para que me anime o si necesito que me frene porque a lo mejor quiero hacer más de lo que toca. Nada más verme la cara me preguntó si estaba bien, le expliqué que no me encontraba cómodo y me dijo que parásemos. Son tantas sesiones en Marbella, mañana o tarde, que prácticamente tienes una sesión de trabajo casi que cada seis horas. Lo llevé con naturalidad porque hay días en los que tienes una molestia en el isquio y te paras, pues para mí fue como eso, como si hubiese tenido una pequeña gripe.

¿Cuándo comienza a notar la mejoría que le permite ir a más para poder trabajar con sus compañeros de forma más constante?

No sé si también tiene que ver con el apartado psicológico y no solo con el físico. Le pedí permiso al míster para ir con el equipo al derbi amistoso de La Orotava y pude estar con mi gente, con mis padres, con mis amigos, en casa desde el viernes hasta el lunes. Descansé y desconecté un poco yendo a jugar a los dardos, a la playa, a casa de un amigo a hacer un asadero… Creo que esa vitalidad me ayudó cuando regresé a los entrenamientos después de ese fin de semana. Sentía que había habido un cambio en mí; lo noté en la respiración, en la repetición de esfuerzos, y antes de eso prácticamente no podía ni moverme.

¿Cuánto de importante ha sido Luis García para usted en este tramo final de recuperación?

Desde que llegó ha tenido un trato muy cercano con todos. Es una persona que se ha involucrado muchísimo y nos dijo que si necesitábamos cualquier cosa iba a estar ahí para nosotros, tanto en lo futbolístico como en lo personal. Lo primero que hizo fue llamarme para ver cómo estaba y preguntarme qué necesitaba; me dijo que tenía su apoyo para lo que quisiera y que no dudara en comentarle si no me encontraba bien. Durante este periodo ha habido dos o tres días en los que he necesitado parar y le pedí no asistir a alguna sesión de activación en los días de partido para pasar más tiempo con mi familia, cosa que me concedió sin problemas. Además, desde el principio ha ido adaptando la mayoría de los entrenamientos para integrarme en ellos y que eso me ayudase a coger la forma. Había días en los que me pedía que fuera algo más que un comodín, que hiciera tramos de entrenamientos con un poco más de intensidad y yo iba con miedo porque no sabía si podría hacerlo, pero como ellos tenían los datos de mi rendimiento físico sabían hasta donde podían apretarme. Eso me ha ayudado a irme viendo mejor. Ahora, prácticamente igual. Es cierto que le estoy picando mucho diciéndole que casi todas las semanas me está tocando hacer del equipo contrario al que nos enfrentamos en los entrenos Y, aun así, creo que eso lo han hecho a conciencia porque me ha venido bien para transitar, correr, ganar esos metros y volver a esos datos físicos que tenía anteriormente. Me ha ayudado mucho.

Tras las últimas pruebas para determinar si había dejado atrás la enfermedad, ¿se preparó para recibir cualquier tipo de noticia?

Creo que no me hizo falta prepararme porque ya lo había hecho la vez anterior. Es como cuando te ha pasado algo antes y sabes que, si vuelve a suceder, pueden ocurrir varias cosas y tienes que estar preparado para ellas. Podía pasar que me recuperase y volviese a vivir mi vida, que me recuperase y no pudiese retomar mi vida por determinadas circunstancias, que no me recuperase o, realmente, pues que todo acabase aquí. Tenía que estar preparado para todo lo que pudiese pasar y para el futuro; quizás no me hizo tanta falta porque viví más o menos el mismo proceso y la enfermedad era la mima. De ese modo, sabía perfectamente lo que tenía que hacer y seguir. No tenía miedo a lo que me pasara porque mentalmente estaba preparado pasase lo que pasase porque, mentalmente, ya tenía asumido lo que tocaba y a lo que me tenía que dedicar.

En su rueda de prensa habló sobre Valeria Peris, su hematóloga, y se le vio emocionado, ¿qué significa ella para usted?

Creo que es una grandísima hematóloga, pero es mucho mejor persona. Es alguien increíble, siempre está pendiente de ti y de todo. Durante este tiempo lo ha demostrado con hechos, como por ejemplo que estuviese de vacaciones y, al mismo tiempo, no desconectar para conocer los resultados de mis pruebas para mandármelos, para llamarme... También, estuviese donde estuviese, aunque fuera de madrugada, estaba al tanto para comentarme cómo estaba todo, lo que tenía que hacer, el proceso que tenía que seguir... Es increíble. Hasta una de las veces que estaba con la quimio se acercó a mí y a mi pareja para preguntarnos si queríamos unas hamburguesas; ella tiene una hamburguesería y nos las trajo para que pudiésemos probarlas porque ella es así, muy dada a los demás. Por otro lado, en cada una de mis publicaciones me mandaba mensajes de alegría y cuando por fin tuve el alta lo celebró como si se la hubiesen dado a alguien de su familia. Sin duda, su actitud también ha influido en mi recuperación, porque esa energía positiva que tiene también ha sido la mía.

Si me lo permite, vamos a hablar un poco de fútbol. Usted comentó que había perdido la ilusión y la motivación por jugar, ¿por qué cree que le sucedió esto? ¿Ha ido creciendo ese gusanillo por volver?

Es verdad que he sentido más ganas de jugar, de competir y de verme en el campo. Pero esa pregunta que me hace es la misma que yo me hago a mí mismo y no tengo respuesta. Puede ser por circunstancias del camino o de la vida, puede ser por decisiones, puede ser que esperaba seguir en Primera División con Las Palmas con todo lo que había costado subir y el descenso me haya dejado algo frío… Puede ser que también me sienta culpable por el descenso, que a lo mejor piense que tengo que volver a recorrer ese camino y a lo mejor no vuelvo a ser el mismo… no lo sé. Me encantaría saberlo para focalizarlo y ver cómo lo tengo que afrontar. En mi casa he planteado también la posibilidad de que quizás sea que siento que mi etapa aquí ha terminado y mentalmente por eso no me encuentro cómodo, porque he vivido aquí las dos veces que he pasado la enfermedad, en la misma casa, viéndome en el mismo espejo de todas las maneras, yendo a los mismos lugares, teniendo las mismas tradiciones, sabiendo donde aparcar en el hospital cada día para ir a la consulta… Puede que sea esa saturación de la monotonía de estar en el mismo sitio a pesar de haber pasado por las dos enfermedades se me ha hecho pesada, o dura, y por eso no encuentro esa ilusión. Estoy seguro de que la voy a encontrar, porque la estoy buscando y porque estoy trabajando en ello; quiero jugar, yo me divierto entrenando, me divierto hablando de fútbol. Creo que cada vez sé más y a la vez sé menos, siempre he sentido curiosidad por todo lo que rodea al fútbol. Ahora Luis Enrique saca de centro y la pega a la banda ganando yardas, algo completamente diferente a lo que habíamos visto y me llama la atención que tenga esa mentalidad para pensar en ese tipo de cosas. La ilusión de trabajar, entrenar, recuperarme y exigirme en el fútbol las sigo teniendo, quizás la de jugar es la que me falta, pero créame que la voy a encontrar.

Por otra parte, el presidente declaró en SER Deportivos que cree que en un mes o mes y medio podamos volver a verle jugar, ¿esos son los plazos que maneja? ¿Se ha imaginado como será el retorno? ¿Tiene claro cómo le gustaría celebrar su primer gol?

No sé lo que me quedará, dependerá incluso del míster, de cuándo tome esa decisión de darme esos minutos para yo verme porque no es lo mismo entrenar que competir; tú te puedes ver entrenando a un cien por cien, pero competir a un veinticinco por ciento. Nunca he sido muy eufórico a la hora de celebrar los goles, la verdad y en cuento al debut espero que sea tranquilo. Espero que no sea para que entre Kirian y se lleve el aplauso; la otra vez fue perdiendo y entré porque era lo que necesitaba el partido, no porque Kirian necesitase los aplausos. Quiero que sea con toda la naturalidad del mundo y será lo más adecuado tanto para mí como para el club.

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