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Acento tinerfeño en el Siglo XXI de Baloncesto

Hablar de Siglo XXI en Tenerife genera asociación inmediata a Sergio Rodríguez. Pero al margen del paso de El Chacho por aquel centro de formación de Getxo, es en féminas donde más fuerte es el vínculo con el basket chicharrero. Inés García, Nicole Domínguez y Daniela García son el ejemplo actual de ello.

Nicole Domínguez, Daniela García e Inés García, en una reciente visita a Tenerife con el Segle XXI. | MARÍA PISACA

Nicole Domínguez, Daniela García e Inés García, en una reciente visita a Tenerife con el Segle XXI. | MARÍA PISACA

CARLOs garcía

Santa Cruz de Tenerife

Superviviente a cuatro décadas de formación, el Siglo XXI de Esplugues de Llobregat (Cataluña) sigue puliendo a lo más granado del basket de base nacional femenino.

Los centros de País Vasco y Galicia claudicaron al tiempo, a los costes de manutención, y a la urgencia por ver triunfar a los jóvenes emergentes del baloncesto español.

Resistencia

Pero en féminas se mantiene una resistencia. Un pequeño reducto muy selecto de apenas 24 jugadoras –de precadete a júnior– y por el que han pasado innumerables baloncestistas que han acabado triunfando a nivel nacional e internacional. Y en ese espacio tan exclusivo vienen coincidiendo estos dos últimos años tres tinerfeñas: Inés García, Nicole Domínguez y Daniela García.

Son la continuación de jugadoras como Lidia Mirchandani y, más recientemente, Elena Buenavida. Y también la muestra de que pese a no tener a un equipo en la máxima categoría, el basket femenino tinerfeño sigue creando género de calidad.

El sábado, dos de ellas, Inés y Niki –como la conocen– jugaron su último partido con el Siglo. Otra victoria –23ª de 26 posibles– para ratificar el título de la fase regular en la Liga Femenina 2. Punto final competitivo a cuatro años de concienzuda formación. Baloncestística, personal y académica. Daniela, por su parte, alcanza la mitad del camino, con otras dos temporadas por delante para seguir puliéndose.

Privilegio

Para todas, vivir esta experiencia «es un privilegio y también un orgullo», como argumenta la más pequeña de las tres. «Es que solo se escoge a seis niñas de cada generación», admite Daniela, que a la vez se siente una elegida por ser una de las jóvenes a las «que ven con opciones de mejorar y llegar a ser profesionales». Con algo más de perspectiva Inés se expresa en los mismos términos, y recalca «el privilegio» de estar «en el mejor proyecto y donde más te van a trabajar de cara al futuro». Es precisamente esa dedicación casi plena, «con todas las horas que se invierten entrenando y mejorando» lo que más resalta Niki, que califica estos cuatro años como «una oportunidad inigualable».

Ocasión reservada para unas pocas que también conlleva sacrificios. El principal, separarse de la familia. Hándicap atenuado gracias a la atmósfera generada en el Segle XXI. «Es duro irte de casa y estar lejos de la familia sin saber cuándo vas a poder volver, y más ahora, jugando en Liga 2; pero al final el equipo y su gente te hacen sentirte como en casa. Es como si construyeras una familia, por lo que la estancia se hace más amena», relatan Inés y Nicole.

Para Daniela, haberse encontrado a dos madrinas –como Buenavida lo fue de Inés y Nicole– ha sido «una gran ayuda tanto dentro como fuera de la pista». «Cuando tu familia está lejos, que haya una canaria, que te puede llegar a entender más que el resto de compañeras, es algo muy positivo», recalca la ex del Clarinos.

Situaciones complicadas

A quienes también echan de menos las tres es a sus «amigas y amigos», por muchas puertas que se les hayan abierto en sus nuevas vidas. «Pasas de verlos todos los días a no hacerlo prácticamente nunca, porque cuando vuelves un fin de semana priorizas estar con la familia», admiten Inés, Nicole y Daniela.

Esas «situaciones complicadas» y de morriña las trata de tutelar, y capear, Javier Torralba, responsable técnico del Segle XXI desde hace más de una década, y entrenador del equipo de Liga 2. «El primer año es complicado», admite, poniendo como ejemplo a Daniela. «La temporada pasada tuvo un momento difícil, pero ahí estamos nosotros. Somos muy conscientes de que son niñas y que debemos ayudarles. Sobre todo a las canarias, para las que sabemos que todo es distinto», expresa el técnico. «Dani ha conectado mucho con Inés y se ha convertido en un pilar importante para ella; el tenerse unas a las otras les ha ayudado», insiste.

Ese escenario diferente se complica algo más con el idioma, ya que el catalán –las clases son en ese dialecto– obliga a un esfuerzo extra... que ellas acaban realizando de buen grado. «Al principio choca un poco, pero en unos meses nos adaptamos y lo entendemos y hasta lo hablamos bien», reconocen, aunque sin esconder, eso sí, cierta «dificultad» para «escribirlo». Otro reto más a superar para que su paso por el Siglo –más allá de que lleguen o no al profesionalismo– acabe siendo una experiencia vital inolvidable.

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