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Bodas de oro

Medio siglo de amor y velocidad

El piloto tinerfeño Félix Ramón García-Durán y su copiloto Natalia Machado Sörgel celebran este curso 50 años de dedicación al deporte, con el Alfa Romeo 156 TS como símbolo de un vínculo hacia una pasión.

Félix García-Durán y Natalia Machado, acompañados de Funny y Mussa, posan delante de su Alfa Romeo.

Félix García-Durán y Natalia Machado, acompañados de Funny y Mussa, posan delante de su Alfa Romeo. / ED

Bruno Sánchez

Bruno Sánchez

Santa Cruz de Tenerife

Félix Ramón García-Durán, conocido popularmente como Monchi, y Natalia Machado Sörgel, su inseparable compañera, celebran este año medio siglo de historia conjunta dentro del automovilismo. Su relato es el de una trayectoria que trasciende la mera devoción hacia el motor para convertirse en una verdadera crónica de vida, amor y unidad.

Monchi, (15 de mayo de 1953), comenzó su incursión en el mundo de los vehículos a una edad temprana. A los 14 años, ya sentía la adrenalina de las motos, pero fue a los 18 cuando descubrió que su verdadera pasión residía en el automovilismo. «Insistí mucho a mis padres hasta que me regalaron un coche en Reyes, un Seat 127. El 6 de enero lo recibí, y el 3 de febrero ya estaba subiendo Tamaimo», recuerda con una sonrisa al rememorar los inicios de una trayectoria que, medio siglo después, sigue vigente, sin que se vislumbre un final cercano.

La historia de Natalia (24 de febrero de 1957), por su parte, se entrelaza con la del piloto santacrucero desde su juventud. «Nos conocimos muy jovencitos, y en vez de ir al cine, nos íbamos a entrenar con el Seat 127», relata Natalia. Aunque inicialmente su pasión estaba orientada hacia los caballos, pronto sucumbió al embrujo del motor. Desde entonces, ha sido no solo su copiloto y compañera incondicional, sino también su mayor aliada en esta andanza que ya ha durado medio siglo.

De este modo, lo que comenzó como una pasión de juventud se ha convertido en una carrera dilatada e ininterrumpida. «Nos hemos mantenido porque siempre hemos seguido una línea continua, sin picos», asegura Monchi. «Nosotros no hemos hecho locuras, comprando coches caros que no podríamos mantener. Siempre hemos trabajado con lo que teníamos y disfrutado del deporte», añade. La pareja ha sido tres veces subcampeona de Canarias de montaña, ha ganado el grupo N en varias ocasiones, y ha sido campeona absoluta de Tenerife.

Trabajo en equipo

Uno de los elementos que más subrayan Monchi y Natalia en su camino automovilístico es la trascendencia de la complicidad y el entendimiento mutuo. «Con Natalia he tenido una relación perfecta como copiloto», afirma Monchi. «Mis notas son complicadas, pero ella se ha adaptado perfectamente, y nunca hemos tenido problemas en las competiciones», agrega. En cuanto a Natalia, el haber alcanzado este nivel durante tantos años se debe, según ella, «a mucho respeto, confianza y apoyo mutuo».

Son 50 años de victorias, derrotas, pero por encima de todo, de momentos imborrables. Uno de los episodios más especiales para ambos llegó en los 80, con la transición al Toyota Corolla. «Fue un momento importante para mí como piloto, ya que Monchi me cedió el coche para hacer la subida de Tijoco. Fue mi primer rally, y me salió muy bien», recuerda Natalia. Además de su faceta como piloto y copiloto, la tinerfeña ha desempeñado un papel igual de importante como jefa de equipo y, en su momento, como presidenta de la Federación Interinsular de Automovilismo. «Fue una experiencia sumamente gratificante, porque pude aportar mi visión y poner algo de orden», explica.

Los retos del motor

El automovilismo es un deporte que exige habilidades al volante, pero también sacrificio personal y familiar. A lo largo de años, Monchi y Natalia compitieron en hasta 13 pruebas anuales. «Con el Covid tuvimos que parar, pero nunca hemos pensado en retirarnos. Es un estilo de vida que hemos llevado durante tantos años», señala Natalia. Por su parte, Monchi, con la misma determinación que ha caracterizado su trayectoria, resalta el trabajo que requiere el motor: «No solo hay que estar preparado físicamente, también hay que organizarse, conseguir patrocinadores, y estar listos para correr».

Félix y Natalia han demostrado que el amor y el respeto mutuo constituyen los pilares fundamentales de una vida compartida. A lo largo de los años, la pareja ha conseguido forjar un legado que no solo se mide en trofeos, sino en las amistades y en el respeto que han cosechado a lo largo de su carrera. «El automovilismo nos ha dado muchas satisfacciones, pero lo que realmente queda son las amistades, el cariño de la gente. Ese es el verdadero premio», expresa Natalia.

Ahora que ambos están jubilados, la pareja tinerfeña sigue teniendo la misma pasión por el automovilismo, aunque de una manera más relajada. «Nos gustaría hacer algunas pruebas más, como una despedida, y disfrutar de los amigos que hemos hecho en todos estos años», dice Monchi. «El automovilismo es lo que hemos hecho toda nuestra vida, pero ahora queremos disfrutar de otras cosas, como el golf, y vivir más tranquilos», añade Natalia, pese a que no descarta que en el futuro sigan sintiendo la emoción de las carreras, aunque sea de una manera más calmada.

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