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Orgullo de ser del Laguna

El conjunto morado, con la ilusión como mejor argumento, quiere hacer de la Copa del Rey la mejor catapulta en su propósito de abandonar el fútbol regional

Daniel Hernández y Colangelo. E. D.

La victoria en la eliminatoria previa contra el Jaraíz ha posibilitado que en el CD Laguna estén viviendo un sueño. Su rival de este próximo cruce, el Granada CF, no es quizá el más llamativo, pero eso no ha impedido que en el conjunto de Aguere la ilusión sea máxima. Tanta, que nadie descarta dar la campanada y tumbar al cuadro nazarí.

La Laguna está en boca de todos. Esta vez no es por el encendido de las luces navideñas, la vuelta de la San Silvestre, el encanto de sus calles oliendo a castañas de diciembre o por algún gran acto universitario. Es por un equipo de fútbol. Y ya es noticia que así sea.

Urbe patrimonio de la Humanidad y referencia por motivos de muy diversa índole, a la Ciudad de Los Adelantados le faltaba sacar pecho por los éxitos de su representativo. Lo hace este año por las casualidades del destino y sobre todo por la entusiasta labor de un grupo de menudos (la media de edad está en 20,2 años) que se han propuesto hacer historia.

Orgullo de ser del Laguna

El cambio del formato en la Copa del Rey, al que la Federación dio la vuelta como un calcetín para convertirla en la gran competición del fútbol modesto, brindaba este curso al Club Deportivo Laguna la opción de jugar su primera eliminatoria. Contra un Primera. Para ello debía vencer a otro equipo pequeño (el Jaraíz extremeño) y en el bombo halló la suerte de que el envite definitivo lo disputasen como locales. Fue así relativamente, porque el Francisco Peraza estaba en obras y tuvieron que mudarse a Tegueste, donde se sintieron como en casa.

Orgullo de ser del Laguna

Era el premio a la última gran campaña del conjunto capitaneado por Sergio Alonso, que se quedó entonces a las puertas del anhelado ascenso a Tercera en una fatídica tanda de penaltis –contra el Yaiza– en un desenlace que aún escuece. Afirma el entrenador que fue aquel «un partido de infaustos recuerdos». Pero que ha enrabietado a los laguneros para sacarse la espinita cuanto antes. De hecho, ya lo están haciendo.

Un día para la historia

El pasado 17 de noviembre, el club firmaba su gran noche de ensueño ante un rival desconocido. Aquel partido con el Jaraíz recuperaba para los morados el orgullo de pertenencia. El campo de Los Laureles se llenó hasta los topes (2.000 espectadores en las gradas bajo apenas 15 grados de temperatura) y con las galas propias de una gran fiesta, el equipo anfitrión barría del campo su oponente. El Laguna fue un vendaval.

La victoria fue tan rotunda que provocó emoción. Los niños de la base lloraban como si los futbolistas de su primer equipo fuesen ídolos. Aquel miércoles, los programas nacionales de radio abrieron sus emisiones en Tegueste. Y no porque fuese el pueblo de Pedri; sino porque allí un equipo de Regional Preferente ya esperaba turno para recibir a un Primera. Por unos días, la calabaza se iba a hacer carroza (como en el cuento) y había licencia para soñar.

La Real Sociedad o el Betis, se pedían unos. El Sevilla o el Valencia, otros. Los más optimistas sugerían un duelo con el colista, a ver si pasaban. Pero se cruzó en el camino el Granada, no hace mucho cuartofinalista de la propia Copa y de la Europa League. El equipo del exseleccionador Roberto Moreno, el club que eligió Luis Milla para hacer carrera después del Tenerife.

Alexis, Luca Colangelo, Lentini, Mehdi, Pulpo, Agoney, Alejandro Matías o Peco se citaron el día después en el local de su preparador físico para seguir el sorteo. En su centro de entrenamiento en Tabares de Cala comenzaba la conjura para soñar despiertos. «Que nadie nos despierte», piden los futbolistas de Sergio Alonso, tan ilusionado como lo está él por dirigir esta noche donde lo hace habitualmente Luis Miguel Ramis; por jugar donde lo hace el Tenerife, al que sigue «desde que tenía cuatro años».

El sueño va a ser completo hoy para los laguneros porque se vienen al Heliodoro Rodríguez López, el escenario que pidieron para sentirse protagonistas de un cuento de hadas por un día; el sitio idóneo para seguir escribiendo con letras moradas la historia de un equipo de universitarios y currantes que debe encontrar hoy solo un punto y seguido en su particular historia de superación y éxito. La Laguna no puede permitirse por mucho más tiempo vivir en las catacumbas del fútbol; de ahí que el bullicio de estos días, la creciente expectación y la capacidad demostrada de concitar la atención de miles de espectadores en el estadio más grande de la Isla debe ser solo la semilla para un proyecto como mínimo de Primera o Segunda Federación. Con el ascenso a lo lejos como primer gran paso adelante, la Copa se ha convertido en el teatro de sus fantasías. Al menos hasta las ocho, hay permiso para seguir soñando. Y para seguir escribiendo la historia con letras moradas y estilo propio. «Solo pido que seamos nosotros mismos», demanda el entrenador. «A los compañeros, les digo que se atrevan, que sean valientes», completa el capitán. El gran día ya esta aquí. Llegó la hora del Laguna.

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