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Echeyde, un debut sin límites

Con la temporada recién iniciada, las Guayotas aspiran a clasificarse entre las cuatro mejores del Grupo A de Primera para acceder a la fase de ascenso a División de Honor

Pirat. Julia Rodríguez, Alba Sánchez, Lidia Casado y Clara Ríos. E. D.

El Tenerife Echeyde femenino se convirtió el pasado sábado en el primer equipo de la Isla que compite en una categoría nacional de waterpolo. El conjunto entrenado por el italiano Francesco Rota, estratega en la campaña del ascenso, ya logró un empate en la piscina del Iruña y este domingo se estrenará como local recibiendo al Horta.

Tenerife cuenta desde el pasado fin de semana con un representante en la Primera División Femenina de waterpolo. Ningún equipo de la Isla había llegado antes tan lejos. Con apenas un año de vida, esta sección del Echeyde ya tiene un ascenso al circuito nacional, en el que se estrenó con un empate en la piscina del Iruña. La todavía corta pero vertiginosa trayectoria de las Guayotas no se detiene. Este domingo se estrenarán como locales recibiendo al Horta en la capitalina Acidalio Lorenzo.

Con la ventaja de que no habrá descensos, el Echeyde no duda en marcarse metas ambiciosas. El objetivo –no tan a largo plazo– es la conquista de una plaza en la División de Honor, como sus hermanos del equipo masculino. Pero, piano, piano, tal como aconseja su entrenador, el italiano Francesco Rota. El desafío básico consistirá en terminar la fase inicial del Grupo A entre los cuatro mejores, de un total de siete participantes, para poder luego optar al salto de categoría con la disputa de eliminatorias a partir de febrero. Sin la necesidad de «cruzar los dedos», el técnico sostiene que el nivel de la plantilla tinerfeña puede «garantizar» ese recorrido. «Estamos casi seguros de ello», afirma Francesco sin ocultar las «dudas» que ha llegado a sentir por estar descubriendo ahora el waterpolo femenino español. «Pero con los fichajes que ha realizado el club, pensamos que sí tenemos garantías», apunta Rota, quien se anima a «subir el listón» con el deseado pase de las Guayotas a la etapa de ascenso. «El primer reto que nos ponemos es pasar el corte de los cuatro mejores de la clasificación para poder subir el listón, situando otro objetivo en la segunda fase», expone.

Cuando habla de refuerzos, se refiere a la francesa Gege Pirat, la mexicana Paola Vizcarra, la andaluza Xenia Sánchez, las catalanas Patricia del Soto, Julia Rodríguez, Alba Sánchez y Lidia Casado, la ceutí Clara Ríos y la madrileña Itziar Pavón. Tres de ellas repiten en el club después de haber ayudado al Echeyde a conquistar el ascenso el curso pasado, como fichajes para el playoff. Patricia, Itziar y Xenia decidieron continuar ligadas al equipo, con la condición de que mantendrán su residencia en la Península, de manera que no participan en los entrenamientos, pero sí en los partidos a domicilio y quizás en alguno en la Acidalio.

La plantilla ya contaba con una base formada por Fátima Páez, María Cavia, las hermanas Elena y Julia Domínguez, Julia Bennasar, Romina Fernández y la capitana Sarai Javier, pioneras de un proyecto que, en cierto modo, surgió en 2020 por la firme voluntad del Echeyde de crear un equipo femenino y por el bloqueo que sufrieron otros como el Reales o el Santa Úrsula a causa del efecto de la pandemia del coronavirus. La solución para muchas de esas jugadoras que se quedaron sin poder entrenar ni competir llegó de la mano del club capitalino, que acogió a estas deportistas y, en un tiempo récord, puso en marcha un proyecto que ya es de Primera. Pero las Guayotas no se conforman.

Rota y Tenerife, un giro del destino

Francesco Rota es entrenador del Echeyde femenino «por casualidad». Hace un año decidió trasladarse de Bérgamo, su ciudad natal, al sur de Tenerife, donde ya residía y trabajaba su hija. «Vine sin un empleo, buscándome la vida», cuenta el técnico, quien acabó contactando con Albert Español –preparador y jugador del equipo masculino del Echeyde– por medio de un amigo común, con el fin de explicarle su situación. «Y antes de la pasada Navidad, me llamó para saber si tenía ganas de seguir con lo que ya era mi pasión y mi trabajo, porque el Echeyde estaba intentando montar un equipo femenino». El waterpolo había marcado la vida de Rota, por su larga trayectoria como jugador en la Primera División italiana y por sus inicios como entrenador en ese país, y no le dio la espalda a su llegada a Tenerife. El destino terminó por volver a unir esos dos caminos. «Lo curioso fue que mi primera experiencia al frente de un equipo también fue con chicas», recuerda Francesco viajando 20 años atrás en el tiempo. «En esa época jugaba en la máxima categoría italiana, y ahora me doy cuenta de que la historia vuelve, porque estoy con el Echeyde femenino», relata en un perfecto castellano. «Es que estudio cada día porque tengo que comunicarme con las jugadoras», aclara.

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