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Alta Costura

Javier Reyes, el diseñador tinerfeño que llegó a Chanel y la alta costura de París

De una máquina de coser en Tenerife a trabajar en las grandes casas de alta costura de París, el lagunero ha convertido una ambición de la infancia en una realidad que todavía siente como el principio.

Javier Reyes, jóven diseñador de alta costura

Javier Reyes, jóven diseñador de alta costura / Andrés Gutiérrez

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María Robayna

María Robayna

San Cristóbal de La Laguna

Hay veces que los sueños no están tan lejos como parecen. El de Javier Reyes estaba a dos aviones de distancia, muchos kilómetros de hilo y varias libretas llenas de futuros proyectos. Antes de Dior, antes de Chanel y de Yves Saint Laurent, fue un niño tinerfeño frente a una máquina de coser, con una ambición que parecía demasiado grande para la isla que lo vio crecer. Hoy, a los 25 años, su nombre se encuentra entre prendas de archivo de las casas más prestigiosas de alta costura en París, la cuna de la moda.

A los once años su visión ya lo ubicaba en los atelieres de las firmas más prestigiosas. Tenía claro que su sitio se encontraba en la alta costura. Y no se equivocaba. Pese a haber nacido en una familia de científicos, eso nunca fue un impedimento para dedicarse a la costura. "Al principio fue un poco shock para ellos", recuerda. Sin embargo, nadie puso un límite, sino una condición: "Hagas lo que hagas, sé el mejor", le dijeron sus padres que, ante todo, le apoyaron en el proceso.

La primera máquina de coser llegó y, de manera autodidacta y casi natural, empezó a confeccionar. "La gente normalmente cuando empieza en temas de costura suele hacer cosas más sencillas, haciendo un cojín o el dobladillo de los pantalones. Lo primero que yo hice fue un corsé", explica mientras rememora sus inicios. Y es que, pese a su complejidad todo tiene razón de ser, pues su fascinación por la moda vino de aquellos vestidos antiguos de los siglos XVII y XIX que encontraba en libros de historia y que ya a los quince era capaz de recrear.

Estas recreaciones pudieron pisar el suelo de muchos teatros durante su época escolar, ya que muchos de sus profesores de teatro en el colegio Nuryana recurrían a él para confeccionar los trajes. "Mi madre siempre me decía '¿Qué haces aceptando eso si no tienes ni idea de cómo se hace?', pero al final siempre salían vestidos gigantescos", cuenta entre risas.

Salir de la isla para acercarse al sueño

Su familia también le apoyó a adentrarse en nuevos horizontes, sobre todo su tía: "Siempre nos animaba a que saliésemos a estudiar fuera". Por lo que fue cuestión de tiempo que abandonase el nido. A los 17 años dejó Tenerife y se trasladó a Madrid, donde estudió Diseño y Business Management y descubrió, al mismo tiempo, una dimensión artística y personal que, según explica, en Tenerife había permanecido "más atado".

"Aquí faltan referentes, unos que te enseñen qué hacer y qué no hacer" explica Reyes. "Vivir en un sitio como Tenerife e intentar aspirar a algo más grande dentro del mundo de la moda se sentía inalcanzable", declara. Madrid se lo tomó como una nueva oportunidad: "Hice un montón de colecciones, hice un montón de vestidos y ahí empecé a desarrollarme como persona y artista".

Poco tiempo después de su llegada a Madrid apareció OTEYZA, su primera experiencia profesional en el mundo de la moda. La firma, reconocida por los Premios ACME de España como una de las grandes representantes de sastrería española, le permitió dar sus primeros pasos en la industria desde dentro. Tres años más tarde, Londres se asomó como una oportunidad. Y durante un año formó parte de la escuela Central Saint Martins, una de las escuelas más prestigiosa de moda actualmente, donde aprovechó por completo el traslado de expediente, y realizó varios cursos "para reforzar la parte creativa que no había tenido en la carrera". Con catorce años de experiencia entre el moulage, una técnica de patronaje que modela la tela directamente en el maniquí, agujas y costuras, lo básico hacía tiempo que se le había quedado corto.

Tras su experiencia en Londres, el siguiente destino fue Barcelona. "En principio tampoco tenía mucha idea de qué hacer en Barcelona, pero conseguí hacer prácticas en varias marcas", las cuales le permitieron participar en diferentes proyectos como los 30 años de Karl Lagerfeld o diseñar los vestuarios de los tours de Miley Cyrus o Harry Styles.

Aquellas experiencias formaban parte de un camino cuyo destino tenía claro desde el principio: "Desde muy pequeño he sido tan ambicioso y tenía una idea tan clara que tarde o temprano se cumpliría. Dentro de la moda, lo único a lo que me quería dedicar era a la alta costura". Y así fue.

París, la cuna de la moda, le esperaba con los brazos abiertos. Encontró refugio en la ciudad con la que estuvo soñando por 14 años consecutivos mientras cursaba un máster especializado en el diseño de moda femenina, o women's wear. Estudiar en el extranjero era más una obligación que una opción para tener hueco en la industria, las personas que venían de universidades más reconocidas contaban con ventaja. "Si no tienes mínimamente un pie o un dedo del pie metido en esa ciudad, es muy complicado poder formar parte del mundo de la moda", reconoce.

Cuando la alta costura dejó de parecer inalcanzable

Su primera experiencia dentro de la alta costura fue Dior, donde hizo las prácticas del máster y terminó trabajando allí durante dos años en la zona de prêt-à-porter. Pasó por el estudio de Men's wear y participó en proyectos como Time Pieces junto con Kim Jones, director artístico de la línea masculina hasta 2025, y en diferentes showrooms de la marca. Después llegaron firmas como Nina Ricci e YSL (Yves Saint Laurent), con las que sigue trabajando a día de hoy.

No fue hasta que empezó a trabajar en Ashi Studio, una marca libanesa de lujo, que empezó a trabajar como diseñador senior de alta costura, "que con la edad que tengo ser senior es un poco loco", añade entre risas. "Ahí fue cuando me vi en unas oficinas en el distrito 8, haciendo fittings, diseñando para personas como Kylie Jenner o para la reina de Kuwait, para galas o pasarelas y no me lo podía creer".

Como narra, la sensación de "estar a punto de rozar el cielo" venía acompañada del miedo a que aquel sueño pudiera desaparecer: "estás todo el rato pensando 'por favor que esto no desaparezca, por favor, por favor', y hay que entender que este tipo de cosas son tan volátiles que preferí aprovecharlo al máximo antes que se acabe".

“Encima de Chanel no hay nada más”

Pero una vez abrió los ojos, ese sueño no desapareció. Consiguió llegar a Chanel a principios de 2026, donde participó en la última colección de alta costura de la casa. Tres piezas que desfilaron en la Fashion Week de París y que permanecerán en el archivo de Chanel llevan la firma de Javier Reyes. "Encima de Chanel no hay nada más, y saber que, de una manera muy pequeña, formo parte de esa historia es muy guay", expresó.

Formar parte de Chanel no solo le ha permitido participar en su historia, sino también aprender de quienes la han construido. “Estoy con gente que lleva trabajando en la industria desde los años 60. Hay personas que han trabajado con el diseñador real Yves Saint Laurent y que han hecho vestidos para Catherine Deneuve o Brigitte Bardot”, cuenta Reyes. “Es gente que ha convivido con lo que nosotros ahora encontramos en los libros de moda. Y por eso creo que estoy precisamente en el lugar que siempre he soñado.”

Sin embargo, vivirlo no siempre es creerlo. Javier salió de su trance en el backstage de Dior durante la Fashion Week de París 2024, agarrando un kimono y viendo como los modelos se preparaban para salir a desfilar con piezas en las que él había formado parte. "Ya pasaba de ser un proyecto de la universidad a una realidad que caminaba delante de mis ojos", narra mientras rememora diferentes momentos que París le ha entregado.

El sueño aún no ha terminado

A los 25 años, Reyes ya ha trabajado en algunas de las firmas más importantes de la moda, pero no siente que haya llegado a ningún destino. "Puede sonar como el punto final, pero para mí es el comienzo. Es como “en un lugar de la mancha” donde estoy ahora, es literalmente ahí, en "un lugar de la mancha". Me falta el resto del Quijote".

Desde Tenerife hasta París han pasado catorce años. En ese tiempo ha cambiado de ciudad, ha estudiado, trabajado y aprendido a moverse en una industria a miles de kilómetros de la isla. También ha asumido el precio de esa ambición: la distancia de su familia y los momentos que se ha perdido por estar lejos. "Hay veces que valoro si la ambición merece la pena", reconoce.

Aun así, no se arrepiente. "Al final solo vivimos una vez", y si algo tiene claro desde los once años es qué quiere hacer con ella. Por eso, aunque su nombre ya aparezca asociado a Dior, YSL o Chanel, Javier todavía no habla de éxito como un punto de llegada. Tiene un pie dentro de la industria. Falta estirar un poco para meterse de lleno.

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