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Agosto refresca el rostro

Las cabañuelas son el método popular de observación del clima y predicción meteorológica por excelencia

Apartamentos en la playa de Las Canteras.

Apartamentos en la playa de Las Canteras. / Andrés Cruz

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Luis Rivero

Desde tiempo inmemorial el hombre ha observado el cielo escrutando las distintas manifestaciones celestes, ya sean las formas de las nubes o la dirección del viento reflejada en los movimientos de estas, el firmamento durante la noche, el desplazamiento de los astros o las fases lunares. Fruto de la observación regular de estos fenómenos, se constataban los efectos sobre la tierra, el mar, las plantas o los animales, de lo cual extraía conclusiones que pasaban a formar parte del corpus de sabiduría popular cuya funcionalidad se manifiesta, v.gr., en la agricultura, en conocimientos tales como que las papas y otros tubérculos (y en general plantas cuyos frutos crecen bajo tierra) es mejor sembrarlas con la luna menguante, pues las raíces crecen más fuertes y más sanas.

Si lo que se plantan son cereales o matos cuyos frutos crecen sobre la superficie de la tierra (como los tomateros) es preferible hacerlo con la luna en creciente. También esta previsión meteorológica que afirma que el tiempo del Sur trae agua, como mismo los hombres de mar saben que las mareas más grandes se dan con la luna llena (y que en septiembre se producen las más grandes diferencias entre la pleamar y la bajamar con las conocidas mareas del Pino). La información sobre estos fenómenos naturales puede revestir diversas formas en el habla popular: cabañuelas, aberruntos o refranes meteorológicos.

Las cabañuelas son el método popular de observación del clima y predicción meteorológica por excelencia. Se trata de un cálculo efectuado observando la climatología de unos días determinados del año (en los meses de enero o agosto), aplicándolos al tiempo que se prevé va a hacer en los distintos meses del ciclo anual. Esto es, si se observa el tiempo de los doce primeros días de agosto y se prevé cómo serán los doce meses a partir de septiembre, en que da inicio el año agrícola.

Por su parte, los aberruntos son un método tradicional de prevención que, partiendo de una señal o indicio, formula un pronóstico. Los aberruntos en la tradición insular pronostican muy variados aspectos y, entre estos, el tiempo atmosférico [la lluvia, p.ej., que en ambientes rurales es un buen augurio para el campesino]. A diferencia del refrán meteorológico, el aberrunto no suele guardar rima y está estructurado con una oración subordinada condicional [«Cuando las gaviotas vuelan hacia el campo aberruntan lluvia»].

El refrán meteorológico es un instrumento de difusión de conocimiento, a nivel popular o divulgativo, que puede participar de algunos contenidos de los aberruntos. [Ejemplos: aberrunto: «los cuervos abarruntan invierno»; refrán: «cuando el grajo vuela bajo hace un frío del carajo»; «los bombones [tipo de escarabajo] abarruntan lluvia»: «bombón en seca, agua cerca» (refrán)].

En este contexto, como resultado de la observación continuada en el tiempo, surge el refrán «agosto, refresca el rostro», el cual parece ser la versión isleña de un proverbio que forma parte del refranero popular español [«Agosto, frío en rostro»]. Y nos recuerda que durante este mes comienzan a aflojar los rigores del calor veraniego y se agradece el fresquito que se siente por las noches y durante las primeras horas de la mañana.

Por lo demás, agosto es el mes en que se recogen las últimas cosechas, el mes del mosto, de la vendimia. Y agosto era para los antiguos canarios el mes del beñesmen o mes de la cosecha, que el pueblo celebraba con gran júbilo y con muestras de gratitud.

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