Notas lingüísticas
Ustedes
La enseñanza de la lengua en Canarias debe partir de nuestro estándar dialectal, que coincide con el de la mayoría del amplio mundo hispánico

Ustedes / ED
Con frecuencia se producen fricciones entre filólogos por defender actitudes ante la lengua que, en principio, no deberían entenderse como opuestas: de descriptivismo y normativismo estamos hablando. Y mientras que unos, los normativistas, se decantan por un proteccionismo que defiende la pureza del idioma, el descriptivismo propone que el hecho lingüístico hay que afrontarlo sin ningún tipo de prejuicio: estudiar y analizar cómo es la lengua y no decidir cómo nos gustaría que fuera. Hasta mediados del siglo pasado prevalecieron los planteamientos normativistas, y los lingüistas se erigían en los árbitros o guardianes de la lengua, frenando su normal desarrollo, pues se interpretaba la evolución como causa de su empobrecimiento, y la variación como un claro indicio de la maldición de Babel; y surge, entonces, el descriptivismo como reacción a la arraigada tradición normativa del purismo dominante, actitud que facilitará la adopción de puntos de vista más objetivos y, como consecuencia, la aparición y el desarrollo de una Lingüística científica capaz de explicar la complejidad del funcionamiento y la estructura de las lenguas.
Pero no deben mantenerse en una permanente oposición estas dos perspectivas, pues si las ventajas del enfoque descriptivista ha supuesto un avance notable en la Lingüística como disciplina científica, no hay que desdeñar una aproximación a la lengua con criterios menos cientificistas y más acordes con su función social como instrumento de comunicación y como elemento de cohesión entre los miembros de una colectividad: es decir, considerar la lengua como objeto de estudio no excluye tener en cuenta las muchas funciones que desempeña en el seno de la sociedad. Así que, si hemos de reconocer las evidentes contradicciones de una extrema actitud normativa, tampoco es justo que se sobrevalore tanto el descriptivismo como para mantenerlo en una posición dominante que niegue todo intento de normalización que contribuya a favorecer la estabilización sincrónica de un determinado estado de lengua, sin otra finalidad que la de facilitar con esta estandarización su incuestionable papel en la sociedad que en cada momento la utiliza y, por supuesto, en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Como filólogo, pues, me inclino por la orientación descriptivista, pero como profesor me declaro partidario de adoptar una actitud intermedia entre la objetividad que exige la Lingüística como disciplina científica y la cuidadosa mediación que nos pide su innegable carácter social.
Me planteo esta reflexión a propósito de la polémica suscitada con lo que parece una inoportuna irrupción en el español de Canarias del pronombre vosotros (plural de tú), que, como en el español septentrional, se opondría a ustedes (plural de usted), pues hay quien justifica su presencia como una posible restitución aludiendo a la circunstancia de que el sistema pronominal castellano se utilizó ya en las hablas Canarias, aunque hoy se observen vestigios aracizantes. Sin embargo, a pesar de que pueden explicarse muchos de los motivos que facilitaron la neutralización, no es descabellado pensar que la desaparición de la oposición (vosotros / ustedes) estuvo favorecida por las indudables ventajas de un sistema, sin vosotros, más equilibrado y económico, razón por la que se impuso sin mayores dificultades y se extendió por todo el continente americano: un solo pronombre ustedes como único plural del tú y el usted.
Es verdad que en nuestro ámbito es posible encontrar la norma castellana diferenciadora, aunque solo en la lengua escrita y con ciertas connotaciones literarias, en situaciones de gran formalidad y en fórmulas ritualizadas («Sentaos y descubríos» y «El señor esté con vosotros», escuchamos en actos de las universidades canarias y en la Iglesia), y esta convivencia entre los dos sistemas pronominales podría explicarse como la coexistencia de dos sistemas que se encuentran en distribución complementaria, esto es, que aparecen en el mismo tiempo y lugar, pero en contextos totalmente distintos y mutuamente excluyentes, (ustedes para cualquier situación comunicativa y vosotros únicamente para situaciones de gran formalidad), del mismo modo que en tal distribución se encuentran otros muchos elementos gramaticales y léxicos, que son propios del registro escrito frente a los que no tienen ningún tipo de restricción, como las conjunciones pero y empero, las locuciones adverbiales por tanto y por ende o en aquel tiempo y a la sazón, o verbos como suceder y acaecer o interrogar e inquirir, o sustantivos como aciago y triste. En este sentido, la presencia de un vosotros formal y literario encuentra plena justificación como un uso propio de la lengua escrita y en su eventual oralización, pues en el uso más natural y espontáneo, que es el de la oralidad, el vosotros («os vais») chirría por sonar impostado en boca de un hablante canario.
Por otra parte, es muy probable que la incorporación de este peninsular vosotros pudiera producir, como ya lo hace en algunas zonas del andaluz, indeseadas interferencias que provocan distorsiones en un sistema que, en nuestro caso, presenta una absoluta y envidiable estabilidad. Piénsese, por ejemplo, en la alteración semántica de un cambio tan radical como el de que el vosotros (histórico plural de tú) se utilice como pronombre de cortesía; o de los cruces con las desinencias verbales de segunda y tercera personas («ustedes cantáis», «vosotros quieren» ), como con el mismo imperativo («si me queréis irse»: ¿*íos, iros o idos?), dudas que no tenemos los hablantes canarios cuando espontáneamente actuamos con la concordancia natural («ustedes se van») o con las formas del imperativo: «váyanse» o «siéntense». Es probable que desde una perspectiva descriptivista se admitiría y justificaría como aceptables cualquiera de las posibilidades, sin embargo, un atemperado normativismo se decantaría por una de ellas, sobre todo, por la segunda, pues es la más general en todo el mundo hispánico y la que goza de pleno reconocimiento. Es posible que a esta postura se le atribuya un sesgo ideológico, si se interpretara como una defensa a ultranza de nuestra canaria identidad frente a la influencia de un castellanocentrismo que históricamente se nos ha impuesto. Y yo no renuncio a promover nuestro estable y ya establecido sistema sin el vosotros (nosotros [cantamos], ustedes [cantan] y ellos [cantan]), aunque por esta razón de defensa de nuestra identidad se me critique, porque si de identidades hablamos, no hay duda de que, reconociéndonos en la nuestra, lo estamos haciendo también en la de la inmensa mayoría de hispanohablantes (téngase en cuenta que más del 90 % somos los que la compartimos entre los más de quinientos millones de hispanohablantes). Y es que, además, siguiendo criterios pedagógicos, la enseñanza de la lengua en Canarias debe partir de nuestro estándar dialectal, que, como se ha visto, coincide con el de la mayoría del amplio mundo hispánico; sin olvidar, por supuesto, dar cabida a las singularidades de otras modalidades dialectales, y la septentrional o castellana, en este caso, sería la excepción, y no al revés.
Creo que todos ustedes me entienden.
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