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Una investigación revela el papel crucial de Canarias en la Ilustración española y su proyección a América

Manuel Hernández, catedrático de Historia de América de la ULL, describe en un libro que las Islas fueron un laboratorio de la Ilustración que exportó las ideas reformistas a América

Manuel Hernández, catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna.

Manuel Hernández, catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna. / E. D.

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Daniel Millet

Daniel Millet

Santa Cruz de Tenerife

La historia de la Ilustración española, el movimiento cultural e intelectual desarrollado entre el siglo XVII y el XIX que inspiró profundos cambios culturales y sociales, se escribió mirando exclusivamente a Madrid, Sevilla, Salamanca o Valencia. La influencia canaria apenas se tuvo en cuenta en las hemerotecas. Una investigación de Manuel Hernández, catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna (ULL), ha acabado sin embargo con esa percepción equivocada.

Comerciantes, científicos, eclesiásticos, militares, escritores y viajeros de las Islas participaron activamente en la transmisión de las ideas que transformaron la cultura occidental. Lo expone La Ilustración en Canarias y su proyección americana, el último libro de Manuel Hernández González que acaba de salir a la luz (editorial Le Canarien) y que rompe definitivamente con esa interpretación para demostrar que el Archipiélago desempeñó un papel mucho más relevante: fue uno de los grandes laboratorios del pensamiento ilustrado en el Atlántico y un puente privilegiado entre Europa y América.

"Las corrientes ilustradas en Canarias jugaron un papel crucial en el catolicismo ilustrado y liberal, con un obispo como el grancanario Manuel Verdugo que se opuso a la Inquisición y potenció la armonización entre razón y fe", explica el investigador tinerfeño, que añade: "Lo mismo cabe decir en la labor de las reales sociedades económicas, que potenciaron la enseñanza y las reformas agrícolas y en la artesanía".

Según el autor, la burguesía comercial canaria apostó, por ejemplo, por difundir las ideas ilustras y liberales y las élites agrarias por desarrollar la botánica. "Alonso de Nava financió de su propio dinero el mantenimiento del Jardín Botánico de La Orotava", detalla Hernández. "Todos esos sectores sociales mostraron las nuevas ideas a los viajeros científicos y colaboraron con ellos para difundir la naturaleza isleña en el mundo".

La obra, fruto de años de investigación en archivos españoles y americanos, propone una lectura completamente renovada del siglo XVIII canario. Frente a la imagen de unas islas aisladas y dependientes, centradas en vencer a sucesivas crisis económicas, el autor presenta un territorio abierto al mundo donde sus pensadores participaron activamente en la circulación de las ideas que transformaron la cultura occidental.

La obra, fruto de años de averiguaciones en archivos españoles y americanos, propone una lectura completamente renovada del siglo XVIII en el Archipiélago

El libro sostiene que la Ilustración no llegó de improviso a Canarias. Sus raíces se remontan al siglo XVII y a un lento proceso de renovación intelectual que comenzó mucho antes de la difusión de las ideas de Voltaire, Montesquieu o Rousseau. Desde los últimos años de los Austrias, algunos sectores del clero y de las élites isleñas empezaron a cuestionar el hermetismo e inmovilismo religioso, la decadencia económica y el atraso educativo que se cebaban con el Archipiélago.

Entre los primeros reformadores, Manuel Hernández destaca a los obispos Cristóbal de la Cámara y Murga y Bartolomé García Ximénez, que defendieron una Iglesia más austera, culta y cercana a los fieles, anticipando buena parte del denominado catolicismo ilustrado. Su defensa de la formación del clero, de la sencillez del culto y de la autoridad episcopal frente a los excesos del clero regular sentó las bases de muchas de las reformas posteriores.

Pero el gran despertar intelectual llegó con una generación extraordinaria de pensadores que convirtió a Canarias, pese a todas las adversidades, en uno de los focos culturales más dinámicos de la España del Setecientos.

Uno de ellos según el historiador orotavense fue Cristóbal del Hoyo Solórzano, marqués de la Villa de San Andrés. Viajero por Francia, Inglaterra e Italia, lector apasionado de Bacon y Feijoo, fue probablemente el aristócrata más heterodoxo de la España de su tiempo. Defendió la libertad de pensamiento, criticó la superstición, denunció la ignorancia fomentada por determinados sectores eclesiásticos y propuso una sociedad más abierta a la razón y al conocimiento. Sus escritos le llevaron ante la Inquisición, que terminó prohibiéndole escribir y publicar. Su figura representa, como pocas, el nacimiento del espíritu crítico en Canarias.

El libro de Manuel Hernández sostiene que la Ilustración no llegó de improviso a Canarias: sus raíces se remontan al siglo XVII y a un lento proceso de renovación intelectual

A su lado aparece Pedro Agustín del Castillo y Ruiz de Vergara, cuya obra histórica supone un antes y un después en la historiografía insular. Fue el primero en comprender que la historia debía estudiarse junto a la geografía, la economía y la arqueología, interesándose además por el pasado indígena y por el papel estratégico del Archipiélago en el Atlántico.

Otro nombre imprescindible es Juan de Iriarte, considerado uno de los grandes humanistas españoles del siglo XVIII. Formado en París, compañero de estudios de Voltaire y posteriormente bibliotecario de la Real Biblioteca, revolucionó la enseñanza de la gramática latina y participó activamente en la renovación intelectual promovida desde la Corte borbónica.

A esa brillante generación pertenece también Tomás de Iriarte, poeta, dramaturgo y fabulista, cuya obra literaria constituye una de las cimas del neoclasicismo español. Su defensa de la educación, del mérito y de la razón convirtió sus famosas Fábulas literarias en uno de los textos más influyentes de la Ilustración española.

Manuel Hernández, catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna.

Manuel Hernández, catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna. / E. D.

El gran referente intelectual de toda esta generación fue, sin duda, José de Viera y Clavijo. Historiador, naturalista, sacerdote, pedagogo y divulgador científico, representa la culminación de la Ilustración canaria. Su monumental Historia de Canarias, sus investigaciones botánicas y sus trabajos de divulgación científica reflejan la voluntad ilustrada de poner el conocimiento al servicio de la sociedad. Viajó por Francia, Alemania, Austria e Italia, donde conoció de primera mano las principales corrientes científicas europeas, trasladando posteriormente ese bagaje al Archipiélago.

Manuel Hernández subraya que "Viera y Clavijo fue el símbolo por antonomasia del catolicismo ilustrado, el ilustrado integral que reforma la enseñanza, satiriza lo antiguo en la Gaceta de Arte, potencia la historia natural en su diccionario y abre a nuevos horizontes críticos la historia de Canarias".

"Viera y Clavijo fue el símbolo por antonomasia del catolicismo ilustrado, el intelectual integral que reforma la enseñanza"

Fue una época de grandes cambios en las Islas, que coincide con un período de crisis en la economía insular, que llevó a las capas altas y medias de la sociedad canaria, tanto los hacendados y el clero, como la burguesía comercial y agraria a buscar, según el catedrático de la ULL, "alternativas de futuro para expandir las reformas sin cuestionar la base social".

"Se plantearon desde la Preilustración acabar con la estrechez de la escolástica y fomentar la experimentación y la armonización entre la razón y la fe, primero a través de la universidad agustina y los preilustrados como Cristóbal del Hoyo, Juan de Iriarte o Antonio Álvarez de Abreu".

Portada del libro de Manuel Hernández sobre la influencia de la ilustración canaria en América y Europa.

Portada del libro de Manuel Hernández sobre la influencia de la ilustración canaria en América. / E. D.

América fue el destino de muchos isleños y en ella ilustrados como Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu, Manuel Ramos Marrero o Juan del Hoyo Solórzano expandieron tales ideas en la América española. Ante la crisis con Inglaterra, también se relacionaron con los colonos británicos de América del Norte. Alejando French lo hizo con la masonería en Boston y más tarde Ruiz de Padrón, Diego Correa, Cabral de Noroña o Eduardo Barry ampliaron el horizonte ideológico hacia la tolerancia religiosa y la libertad de comercio, detalla el investigador.

En la etapa dorada de Carlos III, la Tertulia de Nava, las reales sociedades económicas y los sacerdotes ilustrados abrieron nuevos horizontes en la difusión de las ideas en campos como la física experimental, la agricultura o las reformas eclesiásticas.

La Tertulia de Nava, las reales sociedades económicas y los sacerdotes ilustrados abrieron nuevos horizontes en la difusión de las ideas en campos como la física experimental, la agricultura o las reformas eclesiásticas

La medicina y la enseñanza fueron también campos en los que destacaron en América como Perdomo Bethencourt en Venezuela, recuerda Hernández. "En la corte destacaron cuatro isleños como ministros de Indias, José Clavijo reformó el periodismo y la historia natural, los Iriarte expandieron la poseía, Estanislao de Lugo reformó la educación universitaria, Agustín de Bethencourt la ingeniería en España y Rusia".

El libro cubre un vacío sobre la huella de la Ilustración Canaria en América, tanto en su proyección en Estados Unidos antes y después de la independencia (el 4 de julio cumplió el 250 aniversario) como en la América española. "Personalidades de la talla de Machado Fiesco, Pedro de Nava o Antonio Porlier desarrollaron un poder que nunca antes alcanzaron las élites canarias en el Nuevo Mundo y la medicina canaria en Venezuela tuvo un gigantesco peso en la introducción de la inoculación de la viruela, el experimentalismo y la penetración de las nuevas ideas", concluye Manuel Hernández.

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