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Notas lingüísticas

Un lingüístico reconocimiento en el Día de Canarias

Un lingüístico reconocimiento en el Día de Canarias

Un lingüístico reconocimiento en el Día de Canarias / ED

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Humberto Hernández

Humberto Hernández

En otras ocasiones me he referido al asunto de las mayúsculas y he manifestado mi satisfacción por comprobar el amplio capítulo que se le dedica a la cuestión en la última edición de la Ortografía académica (Vid. «Caos mayúsculo», en Una palabra ganada, Altasur, 2002, pp. 213-216). Sin embargo, a pesar de tanta explicitud y detalle ante la extraordinaria variación normativa, hay cuestiones que quedan en el aire sin una propuesta definitiva, como, por ejemplo, el carácter potestativo de ciertas reglas de acentuación o el referido a denominaciones de títulos y dignidades, pues si por razón social o subjetiva no contraviene la norma la llamada mayúscula de la relevancia (rey / Rey, papa / Papa), habría que considerar también los casos de las denominaciones y nombres de lugares a los que grupos importantes de hablantes, por muchas razones (sociales, políticas, identitarias…), desearían asignarle, por medio de la ortografía, un mayor rango de importancia. Me resulta un tanto llamativo, por ejemplo, que la denominación del territorio en el que habito, las Islas Canarias o el Archipiélago Canario, no merezca en el texto académico esta mayúscula consideración por entender que «islas» o «archipiélago», son sustantivos genéricos de carácter geográfico, que constituyen un categorizador y que, en consecuencia, habrán de escribirse con minúscula: «islas Canarias», prescribe la Ortografía académica (Vid. 4.2.4.6.3  Accidentes geográficos); sin embargo, sí se establece el uso de mayúscula en una, en principio, equivalente denominación, la de las “Islas Baleares”, uso que se justifica porque el sustantivo categorizador y el nombre propio funcionan conjuntamente como el nombre oficial de una comunidad autónoma.

Es verdad que esta cuestión ortográfica puede que no tenga tanta trascendencia, aunque estilísticamente puede constituir un engorro a la hora de escribir, pues los habrá quienes sienten la denominación como un simple accidente geográfico (islas canarias) y quienes la percibimos como un símbolo de nuestra identidad (Islas Canarias), como podría haberla entre la posibilidad de elección de papa y rey o Papa y Rey, que podría asociarse con creencias o tendencias ideológicas. Hoy, el texto de la Ortografía no parece ser tan permisivo como antaño con la consideración ortográfica superior de un nombre común, y no se muestra tan partidaria de atribuir la mayúscula de la relevancia a determinadas personas por los cargos que desempeñan. Así que será el papa quien nos visite y el rey el que acudirá a un partido de fútbol en los mundiales que se celebrarán en México.

México, he escrito, y no Méjico, circunstancia que aprovecho para situarme del lado de quienes se muestran partidarios de la tradicional denominación del país norteamericano, pues ha sido sonada la polémica que se ha suscitado en torno a la «sospechosa» preferencia de la ortografía con j (Méjico) de la presidenta de la Comunidad de Madrid (Vid. Lola Pons, «Xeinbaum e Ysabel», en El País 9/05/2026). México, mexicano, Oaxaca, oaxaqueño, Texas y texano, pronunciados, eso sí, con j, y que se mantienen por razones justificadas que ahora huelga explicar; aunque hay una incontestable razón de peso, y es la preferencia del uso mostrado por los propios naturales del país. Dice el lingüista venezolano Ángel Rosenblat que como cada uno es dueño de su nombre tiene el derecho de escribirlo a su gusto, así que constituiría cuando menos una falta de delicadeza promover la grafía contraria a la preferida por sus propietarios, forma que, por cierto, es la recomendada por la Real Academia Española desde hace mucho tiempo.

En el ámbito canario, como decía, se observan muchas vacilaciones en relación con las denominaciones de nuestro territorio, tanto geográfica como políticamente. En el propio Estatuto de Autonomía de Canarias nos encontramos con «Islas Canarias» y con «islas canarias»; «Archipiélago» y «archipiélago»; con el sustantivo «islas» e «Islas», cuando se usa con el valor equivalente al de la analítica denominación. O en titulares de prensa que anuncian que «El papa León XIV visitará las islas» o «La visita del Papa León XIV a las Islas», mayúsculas y minúsculas que alternan, incluso en un mismo artículo de prensa. Por supuesto, no voy a inmiscuirme en las preferencias de la mayúscula o de la minúscula utilizadas con referencia a su santidad, pero sí recomendaría contar con unas pocas normas que impidieran la caótica situación para nuestras particulares denominaciones geográficas y políticas.

Las que siguen son las que he propuesto en el Manual de estilo de Radiotelevisión Canaria, que ya comparten muchos medios de comunicación: 1. Los nombres islas y archipiélago se tomarán como parte integrante de los que consideraremos nombres propios, Islas Canarias y Archipiélago Canario, por razones que más adelante apuntaremos, por lo que se escribirán con mayúscula los dos elementos del sintagma. De igual modo se escribirán con mayúsculas los dos de la generalizada denominación antonomástica Islas Afortunadas y de otras más específicas como Isla Bonita, la Isla del Meridiano, la Isla Colombina o el Archipiélago Chinijo. 2. Igual recomendación sería válida para los sustantivos islas y archipiélago en los contextos en que está sobreentendida su equivalencia con los nombres geográficos compuestos Islas Canarias y Archipiélago Canario. En estos casos el uso de la mayúscula tendría un valor distintivo o identificativo: las islas, con sentido general, y la Isla, las Islas o el Archipiélago, referido exclusivamente a una isla que no se explicita o a las Canarias en general, como, por ejemplo, Cuando acabe el curso cambio de domicilio, dejo la Península y me vuelvo a las Islas, pero no precisarían la función identificativa de las mayúsculas estos sustantivos en enunciados del tipo Vivimos en unas islas muy hermosas, Canarias es un archipiélago de origen volcánico o Pasaré unos días en la isla de El Hierro. 3. Igual recomendación afectaría a la denominación «la Península», siempre con artículo, para hacer referencia a la España peninsular, significado del que deriva el gentilicio «peninsular» en el español de Canarias, con el sentido de ‘ciudadano de la España continental’ o ‘español que no es natural de las Islas Canarias’.

Sé que todas estas cuestiones están contempladas en la Ortografía de la Real Academia Española con un rigor que apenas deja resquicio a la duda, y con ese aséptico rigor lo mantienen quienes han extraído los artículos correspondientes para adaptarlos a nuestro ámbito particular; sin embargo, se justificarían estas propuestas considerando la difícil aplicación de la norma prescrita en el documento académico. Y, además, por qué no decirlo, porque en el uso de las mayúsculas intervienen factores, como la intención de quien escribe o el contexto, y porque, a pesar del carácter prescriptivo que puedan tener las normas, existen muchos casos en que estas pueden entenderse como meras recomendaciones, como lo entienden algunos responsables del exhaustivo texto académico (Vid. «¿El rey o el Rey?», de Salvador Gutiérrez Ordóñez, en ABC, 20/12/2010). Aspiro, pues, con ellas, a contrarrestar la excesiva frialdad que emana de la rigidez normativa con la calidez de lo que el ánimo sin excesos me invita a hacer, aunque solo sea por el derecho que me asiste y que creo compartir con muchos, por sentirme copropietario de esta parcela de la lengua, con la confianza, además, como manifestaba Ángel Rosenblat, de que se me permitan, por delicadeza, estas posibles disonancias (o contravenciones) de la norma académica.

En todos estos casos, cuento, además de con mi subjetiva percepción, con el apoyo del criterio de la frecuencia de uso y en la preferencia observada por usuarios competentes, incluso de fuera de las Islas. Antonio Muñoz Molina, por ejemplo, habla en un reciente artículo de «musulmanes y judíos en los reinos medievales de la Península» («Contrahistorias», en El País, 9/05/2026); e ilustres filólogos se han referido a nuestro territorio, como entidad geográfica y política, con la denominación de «Islas Canarias», incluso con la constante referencia a «Mis Islas», con mayúsculas, como escribió siempre don Manuel Alvar. El mejor aval para esta nuestra propuesta.

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