No es lugar para espectadores
Una atención sanitaria temprana puede salvar vidas hasta en un 80% de los casos. Desde maniobras de reanimación hasta cómo enfrentar un atragantamiento, los primeros seis minutos son clave en la lucha contra la muerte. Canarias quiere seguir aportando recursos y formando a su población para que dejen de ser espectadores y se conviertan en rescatistas

Primeros auxilios
Christian Cárdenes
Santiago se montó en su taxi como cada mañana. Encendió su cigarrillo sin saber que, apenas un rato más tarde, terminaría luchando por su vida entre chascarrillos de compañeros y cafés en la cooperativa de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria. Sin embargo, su ángel de la guarda también estaba de servicio. Cuando su corazón dejó de latir, fruto de una parada cardiorrespiratoria, alguien se escondió bajo la máscara del anonimato para salvarle la vida. Una maniobra de reanimación básica mantuvo su exiguo aliento de vida hasta que llegaron los servicios de emergencia. Dos años después, ha vuelto a nacer gracias a un desfibrilador que se esconde bajo su piel: «Entré al hospital siendo un mortal fumador y salí siendo un exfumador inmortal», bromea.
Según distintos estudios sobre atención temprana en emergencias, los conocimientos en primeros auxilios aumentan la posibilidad de supervivencia tras un accidente en un 80% si se aplican de forma inmediata. A pesar de ello, el 30% de los canarios no sabe realizar una maniobra de reanimación. Federico Lübbe, experto en primeros auxilios y presidente de la Comisión de RCP del Hospital Doctor Negrín, apunta en la dirección inversa: «Yo creo que es al contrario. El 70% de los canarios no sabe hacer esta maniobra con éxito». Y es que el Archipiélago aún está lejos de ser un espacio cardioprotegido. Aunque los recursos han ido en aumento en los últimos años, Lübbe sostiene que el número de personas que saben utilizarlos no crece en la misma medida. De hecho, una encuesta del INE explica que el 74% de los ciudadanos estaría dispuesto a asistir a cursos gratuitos de RCP si se ofrecieran en su centro de trabajo o comunidad local. Sin embargo, solo un 15% ha recibido alguna formación en los últimos cinco años.
Si bien una atención sanitaria rápida y eficaz puede resultar decisiva y no puede ser sustituida en su totalidad por las técnicas de primeros auxilios, saber aplicar las herramientas de ayuda necesarias es un complemento que puede salvar vidas. En Canarias se registran al año más de 750.000 llamadas al 112, de las que el 36,2% se resuelve con orientación telefónica, es decir, no requiere de personal médico. Se trata de una estadística que permite intuir un hecho en absoluto alejado de la realidad: actuar a tiempo ante una emergencia de forma autónoma gracias a los conocimientos en primeros auxilios puede marcar la diferencia.
Salvando vidas a bordo
RCP Tour nació con el objetivo de concienciar a la población, también en Canarias, sobre la importancia de salvar vidas. El proyecto, con una clara vocación social y sanitaria desde una órbita itinerante, busca enseñar a distintos sectores de la ciudadanía, por ejemplo, cómo realizar una reanimación cardiopulmonar. Hace una semana, las instalaciones de KGM-Icamotor de Miller Bajo, en la capital grancanaria, acogieron la primera jornada de formación a los taxistas de Gran Canaria. La intención es llegar a los 2.525 profesionales de la isla en la lucha por salvar vidas, aunque por el momento la formación ha instruido a varias cooperativas, entre las que se encuentran las de Las Palmas de Gran Canaria, Mogán, Telde y San Bartolomé de Tirajana.
Lo que nació hace ya una década como un pequeño taller en La Laguna, en la isla de Tenerife, ahora ha desencadenado una ola de solidaridad entre personas interesadas en auxiliar a otras. En el año 2015, el doctor José Antonio Jara tuvo un sueño: empezar a divulgar los conocimientos en primeros auxilios por todo el Archipiélago. Bajo el paraguas de la organización sin ánimo de lucro Cardiolatidos, el director médico del proyecto quiso enseñar maniobras tan básicas como la RCP o el uso del Desfibrilador Externo Automático (DEA), principalmente en las escuelas y el mundo del deporte. No obstante, pese a que la iniciativa ha terminado desbordándose y llegando a muchos más espacios de población de los que el doctor Jara pensó en un primer momento, no está todo conseguido. Si tuviera tres deseos por cumplir, José Antonio Jara es claro: «Más formación, más implicación política y un mejor acceso público al desfibrilador».
Educación y primeros auxilios
Por muy fundamental que sea su función, los sanitarios admiten que no pueden sostener en solitario el peso de salvar vidas, sobre todo cuando las actuaciones son a contrarreloj. La pregunta «¿Hay un médico en la sala?» suena cada vez con más frecuencia en aviones, guaguas, colegios, bares o restaurantes, pero el perfeccionamiento de las técnicas de salvamento por parte de la ciudadanía podría reducir, en algunos casos, la intervención sanitaria directa, y, en otros, mantener con vida a un paciente hasta que lleguen los profesionales. En este sentido, la educación desde edades tempranas cobra una gran relevancia. Para muestra, un botón: los primeros auxilios son asignatura escolar obligatoria o integrada en el currículo de varios países, entre los que destacan Francia, Alemania, Reino Unido o los países nórdicos. Mientras en Noruega los programas que enseñan RCP y técnicas vitales alcanzan el 95% de la población, España se encuentra a la cola con los ciudadanos peor preparados de Europa para afrontar una situación de emergencia.
La duda, entonces, se centra en saber por qué esta formación no alcanza a una cantidad más amplia de personas y, más concretamente, de alumnos. Según David Pablos, director general de Ordenación de las Enseñanzas, Inclusión e Innovación del Gobierno de Canarias, algunas etapas educativas integran aprendizajes propios vinculados con los primeros auxilios de forma reglada, como es el caso de la Formación Profesional. El alumnado de los grados básicos, medios y superiores del Archipiélago tiene que superar un módulo de 30 horas para obtener un certificado de prevención de riesgos laborales, algo similar a lo que ocurre con quienes cursan enseñanzas deportivas de régimen especial.
En la misma línea, Pablos recuerda que la posibilidad de que los primeros auxilios constituyan una asignatura obligatoria para el alumnado de Primaria y Secundaria depende, mayoritariamente, de las competencias educativas del Estado: «La ordenación básica parte del Ministerio e indica las materias de obligada oferta y deja un pequeño margen a las comunidades para ofertar asignaturas de carácter optativo». En Canarias, este espacio formativo se reserva para materias como educación emocional o asignaturas relacionadas con el patrimonio de las Islas.
Al margen de la enseñanza reglada, la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias está trabajando en proyectos de forma simultánea con la Consejería de Sanidad. Es el caso de Con tus manos puedes salvar vidas, en el que participan hasta 98 colegios e institutos de las Islas. Además, cada centro puede solicitar la instalación de un desfibrilador a la Dirección General de Infraestructuras y Equipamiento. Según los últimos datos, del año 2022, 91 colegios canarios contaban con dispositivos DEA, una herramienta que se vuelve más esencial aún si se tiene en cuenta que, durante cada curso escolar, en Canarias se registra en torno a una veintena de alumnos con el gen de la muerte súbita.
Ahora bien, los expertos advierten: los primeros auxilios abarcan mucho más. En toda España, la asfixia alimentaria es la segunda causa de muerte accidental, provocando una defunción cada tres horas. Pese a que la maniobra Heimlich tiene una tasa de éxito en el 92% de los casos en que se aplica de forma adecuada, su conocimiento no está tan extendido. Es por ello por lo que las instituciones canarias trabajan también en una futura formación para atragantamientos, haciendo especial hincapié en los centros con alumnado de necesidades especiales, educación infantil y Aulas Enclave.
Restaurantes y gimnasios
La falta de percepción del riesgo, en cualquier ámbito de la vida, afecta al modo en que se combate. La invisibilidad del peligro aleja la idea de que los accidentes pueden ocurrir en cualquier momento, así como la necesidad de estar correctamente preparados ante ellos. Detener hemorragias, inmovilizar extremidades lesionadas o aplicar hielo en caso de inflamaciones son solo algunas de las actuaciones que conviene manejar en espacios como restaurantes, hoteles o gimnasios. En esta dirección, la Asociación Hotelera y Extrahotelera de la provincia de Santa Cruz de Tenerife (Ashotel) forma a los profesionales de sus más de 240 establecimientos asociados en materias como la utilización de desfibriladores, nociones de socorrismo, prevención de incendios o herramientas para enfrentar posibles intoxicaciones alimentarias.
En los centros deportivos, todo haría pensar en la lógica detrás de la necesidad de extremar aún más las precauciones. Los accidentes en los gimnasios son cada vez más frecuentes: una mala técnica, el exceso de peso, la falta de supervisión o la presencia de máquinas defectuosas pueden elevar el riesgo. Sin embargo, en Canarias, la obligatoriedad de tener desfibriladores depende del aforo y la ubicación, enfocándose en instalaciones de gran concurrencia. Es obligatorio en centros deportivos con más de 500 usuarios diarios, mientras que en otros centros se recomienda, sobre todo en poblaciones de más de 50.000 habitantes.
1.500 kilómetros de costa… ¿a salvo?
En este contexto, la realidad geográfica de Canarias obliga a centrar la atención en la costa. Con 1.500 kilómetros de litoral, el mapa de las playas del Archipiélago revela un alto riesgo de ahogamientos: 69 fallecidos y 186 afectados en incidentes en el mar, siendo la imprudencia la causa presente en el 75% de los casos, según los últimos datos ofrecidos por la asociación Canarias, 1.500 kilómetros de Costa correspondientes al pasado año 2025. Aunque el incremento está vinculado, según su presidente Sebastián Quintana, al aumento de la llegada de turistas, no es descabellado pensar en su relación con los primeros auxilios.
Siempre según la misma asociación, en el Archipiélago hay un déficit de 1.500 socorristas para llevar a cabo labores de prevención de manera adecuada. Ante esta falta de recursos, la información es, más que nunca, poder para saber enfrentar un peligro, no solo ante el riesgo de ahogamiento, sino ante accidentes que, aunque de menor escala, pueden desencadenar complicaciones. Un informe de la Fundación Mapfre cifra en 10.973 las intervenciones de primeros auxilios que se registraron en el último año en las playas de Canarias. En este escenario, las acciones más frecuentes se centraron en curar heridas, picaduras, contusiones, quemaduras, mareos y hasta irritaciones oculares. En los casos más graves, las intervenciones requieren algún tipo de RCP básica, oxígeno, descargas con desfibrilador y, en el último caso, el traslado a centro hospitalario.
«Hay potencial»
Tan solo hacen falta seis minutos para salvar la vida de una persona, evitar el daño neurológico o la asistolia, es decir, el paro cardíaco caracterizado por la ausencia total de actividad eléctrica y mecánica en el corazón. No es la cantidad de esfuerzo ni de recursos el principal motivo de la falta de conocimiento en primeros auxilios, sino la falta de formación comunitaria. Federico Lübbe confía en que existe potencial humano de canarios que quieren saber, pero insiste en que hace falta voluntad: «Falta que los recursos estén presentes en la mente de las personas. Los talleres siempre suelen estar llenos». Al mismo tiempo, Lübbe afila la mirada cuando menciona a la clase política: «Los proyectos en primeros auxilios no son actividades para la foto».
Para el doctor Jara, por su parte, el error está en la sensación de sentirse intocables. Cuando el riesgo de padecer una emergencia se percibe lejano, el nivel de implicación se mantiene bajo. De hecho, el impacto emocional de un accidente propio o familiar es el principal factor que impulsa a las personas a reconocer su vulnerabilidad y buscar información. Y es que, como marca uno de los principios básicos del estoicismo, aunque las circunstancias no puedan controlarse, sí es posible aprender a manejar la manera de enfrentarlas.
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