Joan Garcés: «No hay alternativa a seguir luchando contra los criminales»
«Cualquiera que sea el desenlace, la guerra de Ucrania dejará secuelas durante generaciones», afirma

Joan Garcés, en Santa Cruz de Tenerife. / María Pisaca
Asesor y amigo de Allende, Garcés es un reconocido jurista español. Llevó a Pinochet a los tribunales y ayer participó en el ciclo ‘Contra el olvido: democracia, derechos y arte’ de la Fundación CajaCanarias.
Tengo entendido que su padre fue un insigne músico.
Pues sí, mi padre era director de música de música sinfónica y tiene tres Récord Guinness al director de más longevo en condiciones de dirigir. A los 95 años estaba dirigiendo un concierto de música sinfónica en Valencia y murió a los 101 años preparando otro. Efectivamente, se ve que la cultura por la cual usted trabaja forma parte -en este caso en lo musical-de mi biografía personal y familiar.
¿ Y cómo fue entonces que surge su vocación por la justicia?
Digamos que la vida es una encrucijada de opciones sucesivas. Tengo una formación humanista, particularmente en el derecho y en las ciencias políticas. He tenido la oportunidad de participar en algunos procesos que han tenido repercusión. Uno de ellos es el del campo de la justicia internacional bajo los principios de la jurisdicción universal y la sanción de los crímenes de lesa humanidad.
Hablar con un experto en geopolítica internacional parece algo más que necesario en estos tiempos que corren.
El año pasado, justamente, se ha publicado la sexta edición de un libro mío que se llama Soberanos e intervenidos: Estrategias globales, americanos y españoles. Está publicado en 1996. ¿Por qué se está reeditando más de 20 años después sin haber modificado ni una coma? Precisamente porque estudio las circunstancias por las cuales, al final de la Guerra Fría , se abrió una ventana de esperanza a superar las tensiones de las guerras -sobre todo en el tercer mundo y en Europa occidental- y a sentir que entrábamos en una etapa de desarrollo de paz.
Y aquí estamos, casi 40 años después hablando de conflictos como el de la guerra de Ucrania. Usted ha dicho que es la confirmación de los fracasos de Europa. Mucha gente achaca ese error a no contar con un ejército europeo. ¿Qué opina de eso?
Pues que no estoy de acuerdo. Esta guerra de Ucrania es una catástrofe para todos los europeos. Por supuesto, en primer lugar, para el más de un millón y medio de víctimas entre rusos y ucranianos; más de 300.000 de ellos muertos. Pero lo estamos sufriendo toda Europa en la medida en que cualquiera que sea el desenlace va a dejar secuelas de división y de enfrentamiento que pueden extenderse durante generaciones.
En alguna entrevista le he escuchado hablar de la «caja de herramientas» que tiene Estados Unidos para desmontar democracias. Desempolvaron esa caja y parece que no piensan parar y que la usan para todo: Venezuela, Irán...
No me gusta hablar de la responsabilidad de los estados en sí mismos, sino de quien dirige esos estados. En este momento, lamentablemente, al frente de Estados Unidos -y con una oposición interna muy importante- tenemos a personas que tienen un gran desprecio tanto por el derecho interno como por el derecho internacional. Pero que tienen en sus manos recursos de destrucción masiva sin paralelo en la historia y en el mundo. Estamos sufriendo las consecuencias de esa coyuntura.
Por ese motivo encuentros como el que le ha traído a la Isla, organizado por la Fundación CajaCanarias dentro del ciclo Diálogos contra el olvido: democracia, derechos y artes, están justificados. Lo que pasa en el mundo nos afecta mucho más allá de la subida del precio de la gasolina...
Hace ya más de una década el Papa Francisco usaba esta expresión: «Estamos viviendo a una guerra mundial a pedacitos». Y esos pedacitos se pueden unir entre ellos y tener una guerra generalizada, ¿no? Y eso es una realidad hoy en día. En Europa, la guerra de Ucrania está perimetrada pero sus efecto llegan a todos los países. Por ejemplo: los gastos del armamento que se desvían de gastos en bienestar, en educación, en vivienda, en sanidad, etcétera. Hay una psicosis de guerra en ascenso. Y en Irán los efectos de esa guerra local son ya universales. De manera que estamos en una situación extremadamente crítica y se puede añadir que tanto más crítica es cuando las instancias internacionales que tenían la misión de evitar llegar a esta situación están paralizadas, particularmente en las Naciones Unidas. Están inhabilitadas de dentro. La guerra de Irán es una agresión de dos estados con armamentos atómicos a un tercer estado: otra violación flagrante de la carta internacional. El remedio depende de la reacción de Estados Unidos para frenarlo desde dentro y de la reacción de otros estados que se opongan a esta escalada, como ya han hecho España y Francia.
Parece entonces que esa psicosis de guerra de la que hablaba tiene un sustento, desgraciadamente.
Está provocada.
Usted es muy conocido por el papel que jugó como asesor y amigo de Salvador Allende y su trabajo para hacer justicia a los desaparecidos y asesinados por Pinochet. ¿Qué hacía un valenciano un 11 de septiembre de 1973 en la Casa de la Moneda?
Mi tesis doctoral en la Sorbona era un estudio comparado de Colombia y Chile. Siempre me interesó la historia de ambos países, particularmente la de Chile. Tuve la oportunidad de conocer y apoyar el proyecto político de Salvador Allende en una relación de mutua confianza desde la campaña presidencial que le ayudé a ganar. Y, después, durante su gobierno y hasta el último momento, fui su colaborador. Era un proceso revolucionario democrático que valía la pena compartir y fue una desgracia que fuera una intervención dirigida por la administración republicana de Estados Unidos -Nixon y Kissinger- la encargada de destruirla para evitar que llegara a otros países donde se miraba con gran simpatía ese proceso revolucionario.
Hace más de 50 años del Golpe de Estado en Chile. Como otros muchos, habrá intentado imaginar qué hubiera sido del país y de los de su entorno si no hubieran asesinado a Salvador Allende.
Lo que pudo ser nunca lo sabremos, pero desde luego era una esperanza para muchos países que soñaban con transformar la vida social y económica -por vías pacíficas y democráticas- hacia una sociedad más justa, con mejores niveles de educación, de sanidad, de vivienda y de utilizar los recursos naturales para el bienestar de sus pueblos y no solamente para las grandes empresas multinacionales.
Tal y como están las cosas, ¿sigue con ganas de seguir trabajando para que la coyuntura mejore?
Yo sigo activo y estoy llevando casos de derecho internacional civil y penal. No hay alternativa. Hay que continuar luchando y tener una cosa muy clara: estos crímenes que hoy se están cometiendo son imprescriptibles y, a diferencia de lo que pasó varias generaciones atrás, disponemos de instrumentos legales para sancionarlos. Hay que luchar para que lo que es derecho actualmente se pueda aplicar a a los criminales.
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