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Reportaje

Cuando una fotografía cambia la historia: de la vizcondesa de Termens a Fulgencia Moreno

El profesor Salvador Guzmán Moral lanza una nueva tesis sobre la famosa fotografía que se pensaba retrataba a la vizcondesa de Termens junto a una joven, y que podría ser el retrato de Fulgencia Moreno y su hija Carmen Villasán Moreno, una pionera del cine olvidada

Carmen Villasán Moreno, junto a su madre, Fulgencia Moreno Alguacil (Barcelona, 1913).

Carmen Villasán Moreno, junto a su madre, Fulgencia Moreno Alguacil (Barcelona, 1913). / CÓRDOBA

José Moreno

CABRA

Durante años, una imagen pareció condensar el final íntimo y silencioso de Carmen Giménez Flores, vizcondesa de Termens. En ella, una anciana y una joven compartían un momento de recogimiento que encajaba con los testimonios sobre los últimos días de la aristócrata egabrense, fallecida en 1937 prácticamente recluida, rodeada solo por su círculo más cercano y que siendo una mujer de orígenes humildes, su relación con Antonio de Orléans y Borbón, infante de España, duque de Galliera, primo de Alfonso XII y esposo de su hermana, la infanta Eulalia, la llevó a lo más alto de la sociedad española de su época, llegando a provocar el primer divorcio en la Casa Real española.

Sin embargo, lo que durante más de una década se dio por cierto ha terminado revelándose como un ejemplo paradigmático de los riesgos -y también de las posibilidades- de la investigación histórica. La fotografía no mostraba a la vizcondesa ni a su entorno inmediato. La historia era otra.

Carmen Giménez Flores, vizcondesa de Termens.

Carmen Giménez Flores, vizcondesa de Termens. / CÓRDOBA

Así lo ha dado a conocer el profesor Salvador Guzmán Moral, quien en la primera y única biografía realizada sobre la vizcondesa, tras recordar que en la primera edición de La infantona (2010), la imagen fue interpretada como un retrato de doña Carmen junto a su ahijada, Mercedes Von Schmiterlow Giménez. La escena parecía coherente con los relatos de sus últimos días: enfermedad, recogimiento y cuidado familiar.

Años después, en la revisión para la edición de 2025 añade nuevas informaciones procedentes de la memoria familiar -especialmente gracias al testimonio de Gema Muñiz Von Schmiterlow- llevaron a una segunda identificación. La joven pasó a ser reconocida como Marina Tavira Moraleda, una hipótesis respaldada por comparaciones fotográficas y la procedencia de la imagen en archivos vinculados a la familia Tavira.

Giro copernicano

Parecía, entonces, que el enigma había quedado resuelto, pero la historia dio un vuelco definitivo, ya que la fotografía muestra en realidad a Fulgencia Moreno Alguacil junto a su hija, la actriz Carmen Villasán Moreno, según el testimonio de su nieta María Luisa Terrades Atauri.

El cambio de identificación no es menor, explica Guzmán, ya que supone un auténtico «giro copernicano» en la interpretación de la imagen. Lo que antes se leía como un testimonio de decadencia aristocrática se revela ahora como una escena completamente distinta: la de una madre y una hija en el contexto de una prometedora carrera artística.

La nueva atribución sitúa la fotografía en un escenario radicalmente distinto. Ya no estamos ante un espacio doméstico y crepuscular, sino ante un estudio fotográfico en Barcelona, en un entorno urbano y profesional.

Fulgencia Moreno, natural de Cabra, aparece junto a su hija Carmen Villasán, nacida en 1892 en Nueva Carteya pero considerada egabrense a todos los efectos. La imagen responde, por tanto, a una lógica de representación pública: elegancia, proyección social y construcción de identidad, elementos esenciales en la cultura visual de la época. La correcta identificación de la fotografía ha permitido, además, recuperar la figura de Carmen Villasán Moreno como una de las protagonistas olvidadas de los inicios del cine español.

Activa entre 1911 y 1920, Villasán fue una actriz destacada del periodo mudo, muy solicitada por distintas productoras en una industria en plena expansión. Publicaciones de la época elogiaron su belleza, elegancia y talento, y auguraron una carrera brillante.

Su filmografía incluye títulos como La mejor venganza (1912), La intrusa (1914) o La loca del bosque (1920), además de producciones de mayor envergadura como La España trágica, dirigida por Rafael Salvador. En esta cinta compartió cartel con el actor cordobés Antonio Calvache, en un ambicioso rodaje que recorrió distintas localizaciones de Andalucía y el norte de África.

Su carrera, sin embargo, se truncó de forma prematura. Tras contraer matrimonio con el ginecólogo y catedrático Francisco Terrades Pla, renunció incluso a un contrato para trabajar en Hollywood y se retiró de la vida pública. Se estableció en Barcelona, donde formó una familia y vivió hasta su fallecimiento en 1984.

El caso ilustra con claridad hasta qué punto las fotografías son documentos abiertos, sujetos a errores de interpretación y a revisiones constantes. Su significado no es fijo: depende de la información que las acompaña, de la memoria que las transmite y del contexto en que se analizan.

Nuevas incógnitas

Pero, lejos de cerrar la historia, este hallazgo, continúa Guzmán, abre una nueva incógnita tan sugerente como reveladora: ¿cómo llegó esta fotografía —un retrato de estudio de Carmen Villasán y su madre— al archivo familiar de la vizcondesa de Termens?

La pregunta apunta a posibles vínculos hoy apenas perceptibles entre ambas familias. ¿Existió relación social o afectiva? ¿Fue un obsequio, una admiración hacia la joven actriz, o simplemente el resultado de las complejas redes de sociabilidad de la época?

Por ahora, no hay respuesta definitiva. Guzmán subraya que quizá ahí reside el verdadero valor de esta historia: recordar que cada fotografía no solo captura un instante del pasado, sino que también mantiene abiertas las preguntas que nos permiten seguir interrogándolo.

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