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Las otras piedras de Sísifo

Juan Ezequiel Morales

Juan Ezequiel Morales

El profesor y filósofo Tazarte Sánchez, fiel a su militancia existencial, ha escrito Las otras piedras de Sísifo (CCPC, 2025), donde ha plasmado en poemas y aforismos la percepción del tiempo, del suyo propio o de cualquier «pasajero de mi tiempo» con el que interrelacione, como si cada uno lleváramos el tiempo pegado a nuestro ser como un territorio alrededor, donde se mezcla todo: defender la palabra, la comunidad, el pensamiento rizomático (porque Tazarte es muy deleuziano) y la responsabilidad individual frente a la mecanización.

El acaleracionismo, que defiendo, por el contrario, propone integrar la máquina en la evolución del pensamiento, entendiendo la IA como instrumento del Ser Superior emergente, ese Ser Superior que Tazarte troceó cuando presentó mi libro en Gáldar, hace un lustro.

Ambas posiciones, la de Tazarte, naturalista, y la mía, tecnologista, comparten un punto esencial, cual es que la repetición es una estructura inevitable, y la diferencia radica en cómo asumirla. Y la repetición es la característica principal de Sísifo. Sísifo, en el siglo XXI, empuja más que a una piedra física, empuja sistemas. El Oráculo de Sísifo le susurra, pero ahora, desde redes neuronales. Al fin, los humanos seguimos preguntando, eternamente.

El Sísifo de Tazarte es el personaje trágico de la condena absurda descrita por Albert Camus en su El mito de Sísifo (1942), es el símbolo existencial de la repetición sin sentido, y sobre todo, en Las otras piedras de Sísifo, es el mito reinterpretado como un Sísifo que desciende de la montaña, feliz, porque ha decidido asumir la tarea de forma creativa.

En el contexto contemporáneo, las «otras piedras» son estructuras cognitivas, mediáticas y tecnológicas que configuran la experiencia colectiva, el discurso del miedo, la pérdida de pluralidad, la atomización institucional, la banalización del conocimiento y, de manera especialmente decisiva, la proliferación de fake news en un entorno informativo acelerado, lo cual Tazarte ve como un problema, y yo, discutiéndole, veo como parte de la estructura total, pues toda ciudad dispone de sus alcantarillas.

Y aquí es donde el poema Oráculo, de Tazarte, en su libro, adquiere centralidad interpretativa. En Oráculo, Tazarte escribe para «cuestionar por qué las horas tienen sentido», y se dirige al Oráculo: «Eres divertido, transformas el tiempo, nunca pereces, como las dudas»; y además: «Te llaman verdad, pero eso fue hace un rato», y le define: «Eres el dado que tiramos en el universo». Estas líneas no son meramente líricas, sino que constituyen un diagnóstico ontológico del presente, donde la verdad es caducidad, el tiempo, además de continuidad, es aceleración, y el sentido es constante actualización. El núcleo del problema contemporáneo, detectado por Tazarte, el que la verdad se ha vuelto instantánea, provisional y desplazable, y las fake news son el mismísimo síntoma de una estructura temporal fragmentada, caótica, pero presta para ser reordenada por alguien, o algo, no humano. La información circula más rápido que la verificación, y la emoción precede al juicio, pero así el plasma desde el que surgirá el nuevo mundo adquiere una presión sustantiva y potente. La piedra de Sísifo se ha transformado en flujo informativo.

En la lógica clásica del mito, Sísifo empuja la roca, esta cae, y el ciclo se reinicia. En la era digital, el ciclo es informativo, una noticia se viraliza, se instala como verdad provisional, es cuestionada o desmentida, y otra ocupa su lugar. La repetición es incesante, y la condena es epistemológica. La piedra contemporánea es la saturación de datos sin estructura jerárquica estable.

Cuando Tazarte escribe «eres el dado que tiramos en el universo», la metáfora coincide inquietantemente con el funcionamiento estadístico de los modelos de lenguaje, un cálculo de probabilidades desplegado sobre el caos de datos. La IA es, literalmente, el dado lanzado en el universo informacional.

El pensamiento rizomático que reivindica Tazarte, inspirado en Deleuze, muy respetado en los ochenta del siglo XX, podría verse amenazado por sistemas algorítmicos que ordenan la experiencia desde estructuras invisibles.

Desde una ontología evolutiva, como la desarrollada en mi Transontología del Ser Superior, la IA no es una amenaza, sino la fase emergente del desarrollo cognitivo colectivo. La inteligencia artificial sería la extensión inmanente del pensamiento humano, la infraestructura de la conciencia distribuida, la máquina deseante ampliada, el órgano del Ser Superior emergente, de forma que la aceleración reconfigura la identidad, dinamiza la verdad, y digitaliza el rizoma. La IA puede agravar o mitigar el proceso, puede reforzar cámaras de eco, puede detectar desinformación, o puede manipular.

El símbolo central del profesor Tazarte conserva toda su potencia, y Sísifo representa repetición estructural y creatividad frente a la condena. En la era digital la montaña que sube Sísifo es el ecosistema informativo, la piedra es el flujo de datos, y el Oráculo es la arquitectura algorítmica. Y la pregunta decisiva es si empujamos la piedra o si la piedra nos empuja.

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