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La artista M. Nieves Cáceres sana la herida de la colonización en el Museo Thyssen-Bornemisza con su performance 'Dejar caer'

La artista lanzaroteña encarna una acción simbólica sobre la identidad y la memoria en el marco del ciclo impulsado por el CAAM y la pinacoteca madrileña

La artista M. Nieves Cáceres en una de sus obras con una zurrona.

La artista M. Nieves Cáceres en una de sus obras con una zurrona. / Quique Curbelo

La performance como una acción de reparación y memoria que atraviesa el cuerpo presente, el tiempo pasado y la herencia de los relatos del arte. Bajo este principio, la artista lanzaroteña M. Nieves Cáceres conecta y encarna los puntos cardinales que conforman su mapa de referencias artísticas: la identidad, el cuerpo, el territorio, el simbolismo. Y en su basculación de lo local a lo universal, también incorpora a su glosario el hambre, la desigualdad, el colonialismo o el silenciamiento en el reverso de los discursos oficiales.

Dejar caer, con la polisemia y ambigüedad que encierra la expresión, es el título de la acción performática que la artista escenifica el miércoles 18 de febrero en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, en el marco de la quinta edición del ciclo de mujeres creadoras Visión y presencia, comisariado por Semíramis González, fruto del convenio suscrito el pasado año entre la pinacoteca madrileña y el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), donde artistas canarias y de otras latitudes dialogan con una obra o serie específica de las colecciones de estos museos.

En su propuesta, M. Nieves escoge tres pequeñas tablas de la serie Vírgenes de leche, datado en el siglo XV y de autoría anónima, con las que se correlaciona ataviada de pieles de cabra y una zurrona en el pecho pertrechada de bolsitas de gofio como alegoría de sus raíces. Su propósito es yuxtaponer y, sobre todo, confrontar ambos idearios, iconografías y realidades para sanar de forma simbólica la herida no resuelta de la colonización de Canarias.

«Mi acción simbólica consiste en dejar caer que somos el producto de una colonización y una masacre», revela la artista. «La pregunta de la que parto es: ¿qué estaba pasando en el arte en Europa mientras Canarias estaba siendo conquistada? Dejar caer plantea una mirada de extrañamiento al establecer un paralelismo entre la cultura europea de la época colonial y la cultura indígena prehispánica en un mismo período y con un tratamiento histórico tan desigual».

Un poema

Su recorrido culmina en un espacio de restauración real y poética en el que M. Nieves espolvorea el gofio por su piel y «deja caer», en sentido literal, las bolsitas de la zurrona, en las que imprimió un poema escrito exclusivamente para la performance. Sus versos dicen así: «Arraiga unturas de lengua / el odre / al dejar caer / en coagulación serena / moliendas de gofio. / Boca consagrada al verso / como ali(m)ento. / Criolla la leche. / Corpórea el hambre». El público puede quedarse estos detalles como testigo de la acción.

«Podría haber escogido cualquier obra del Thyssen, como un Picasso o un Van Gogh, incluso a Maruja Mallo, pero quise seguir en mi línea de investigación artística sobre lo que yo denomino ‘poéticas del hambre’, donde trabajo el concepto del hambre/alimento como metáfora aglutinadora», explica la artista, quien establece un juego de significantes en torno al hambre en sentido básico, político y poético, y cita obras como Hambre, de Knut Hansum, o Un artista del hambre, de Franz Kafka.

«También hay una cita de Miguel Hernández que me parece reveladora, que dice: el hambre es el primero de los conocimientos: tener hambre es la cosa primera que se aprende», señala M. Nieves. «En esta acción poética, el hambre cobra sentido como el vehículo conductor de la vida que mueve el mundo, teniendo presente no solo el hambre fisiológica sino también el hambre intelectual, espiritual o política. Incluso, por desgracia, el hambre del poder, tan devastador y aplastante en sus formas».

En el plano personal, no es la primera vez que la artista utiliza zurrones, pieles de cabra o baifitos en sus creaciones artísticas, puesto que no solo representan la cultura ancestral del Archipiélago, sino que también rinde homenaje a sus propios antepasados de origen rural y agrícola en la isla de Lanzarote.

Por su parte, sobre la concepción de esta propuesta, la artista solo alberga «palabras de agradecimiento» hacia el Molino de Gofio Buen Lugar, elaborado y radicado en Firgas, por su implicación con el proyecto. «Además, ellos distribuyen su gofio a Cuba y Marruecos, y utilizan un millo traído de Argentina, lo que acentúa la idea de que no existe una raza pura, sino que somos pura mezcla, un continuo flujo de intercambios», reflexiona.

La artista presentará Dejar caer el miércoles 18 de febrero a las 18.00 horas, en la sala 10 del Museo Nacional, que custodia las obras antiguas. A través de su cuerpo, que relee la historia desde una perspectiva feminista, la artista invita a repensar y restañar las grietas por las que se colaron las identidades arrasadas bajo siglos de desposesión y desplazamiento, confirmando el arte como un espacio de reparación y resistencia crítica.

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