Antonio Martínez Asencio, presentador: «Hay algunos clásicos que son como ochomiles, duros de leer»
El Auditorio Infanta Leonor recibirá el poscast de Cadena SER "Un libro, una hora"

Antonio Martínez Asencio. | E. D.

El poscast "Un libro, una hora", de Cadena SER, llega el 4 de febrero al auditorio Infanta Leonor, en Arona, con Lorenzo Silva como invitado. su director y presentador, Antonio Martínez Asencio, habla sobre la importancia de la lectura.
Viene de visita a la Isla con Un libro, una hora. Creo, y corríjame si me equivoco, que va a ser su primera vez...
Cierto, es la primera vez que vamos a Tenerife. Estamos haciendo desde el año pasado la gira de Un Libro, una hora. Normalmente, en emisión, contamos clásicos de la literatura. En la gira contamos novelas de escritores vivos y lo hacemos acompañados por el autor, que hacen un papel dentro de la narración. El próximo día 4 de febrero estaremos en Tenerife con La flaqueza del bolchevique y Lorenzo Silva.
Bien acompañado pues.
Al tener la premisa de ser con autores vivos, y teniendo en cuenta que no queremos repetir , buscamos siempre alguien con una novela que sea lo suficientemente significativa. La flaqueza del bolchevique celebra este año su 30 aniversario así que ha sido una muy buena opción.
Usted es –y ha sido– muchas cosas: periodista, productor, guionista y ahora también, o al menos yo así lo veo, divulgador. ¿De dónde surgió esta pasión suya por la lectura?
Siempre he sido un apasionado de los libros. Cuando era joven y me leí El conde de Montecristo decidí que lo único que quería hacer en mi vida era leer. Es lo que más me gusta del mundo. Ahora he descubierto que lo segundo que más me gusta del mundo es contarlo. Estudié Filología Hispánica porque mi única obsesión era dedicarme a ser profesor de Literatura aunque luego, más tarde, empecé a trabajar en televisión. Prácticamente toda mi vida he trabajado como productor de televisión. Lo que pasa es que a partir de 1999 empecé en la radio y ahí decidí que iba a retomar el tema de los libros. Al final, hace seis años ya, tuvimos la oportunidad de empezar a presentar este proyecto en la Cadena SER y, desde entonces, estamos contando libros todas las semanas. También participo en el Hoy por Hoy, donde hablo de novedades con Ángels Barceló. Ahí cuento libros en tres minutos.
Gran capacidad de síntesis.. pero hay spoilers por ahí a veces, ¿no?
Sí que spoileamos. Cuando contamos un libro en una hora, lo contamos de cabo a rabo. Está pasando una cosa muy curiosa: por mucho que contemos, nos dejamos muchísimas cosas fuera. Por ejemplo, acabamos de hacer Fortunata y Jacinta, que en la edición que tengo yo tiene 1.400 páginas y nos hemos dejado muchísimo fuera. Con esto lo que te quiero decir es que, aunque lo destripes, aunque cuentes que Madame Bovary al final se suicida, hemos conseguido despertar un poco las ganas de que la gente se lo lea. Lo único que no queríamos ser es un sustituto de la lectura y al final, con las adaptaciones que hacemos, estamos consiguiendo eso despertar un poco el que la gente le apetezca leerse un libro.
Pese a los buenos datos de los índices de lectura, que mejoraron sustancialmente después de la pandemia, da la sensación que cada vez es más difícil conseguir sostener la atención durante más de treinta segundos.
Sí, es verdad. Y mira, hemos descubierto que esa medida de una hora está bien. No es muy largo pero tampoco es muy corto. Sabes que Ray Bradbury, en Fahrenheit 451 –que escribió en 1953– ya hablaba de esa distopía. En esa sociedad tan terrible en donde se quemaban los libros, anticipó las redes sociales y que los clásicos se contaban en 15 minutos. Con lo cual nosotros estamos ahí un poco en el camino de la distopía. Creo que la lectura es un ejercicio que va en contra de estos tiempos que comentamos, del TikTok y de las cosas demasiado rápidas. Un libro te lleva a otro universo y te permite concentrarte y entrar en un territorio que no existe en las redes sociales. Por eso es esencial.
Pero existe cierto pudor a la hora de adentrarse en clásicos. Se me ocurre, por ejemplo, Dostoyevski.
Claro. Sinceramente, hay clásicos que son ochomiles , como en el montañismo. Algunos son muy duros. Fortunata y Jacinta, como te decía, tiene 1.400 páginas y es una absoluta delicia. Es maravilloso pero he estado 15 días leyéndome 100 páginas diarias, que es todo un ejercicio. Pero cuando logras meterte en el libro es un placer como no hay ningún otro. Pero claro, hay algunos como Dostoyevski, con su Guerra y Paz o Los hermanos karamazov, que son muy duros. Y sin embargo resulta que ahora, editorialmente, los libros gordos están de moda y se valoran mucho. Muchas de las novedades de fantasía y muchos libros que están leyendo los chavales son bastante gordos. Meterte en libros como esos tiene más que ver con lo que te cuenta que con lo gordo que sea, ¿sabes? Por ejemplo, Crimen y Castigo, de Dostoyevski. Es una historia tan heavy, tan filosófica y tan profunda donde interviene además la religión, la política y la familia, que es muy duro meterse ahí. Pero son libros muy necesarios que hay que leer alguna vez en la vida.
Con el intenso ritmo de lectura que impone la presentación de los programas, ¿le da tiempo a leer por placer? Aunque me va a decir que leer siempre es un placer.
Pues mira, yo me tengo que leer dos libros a la semana sí o sí. Esa es, digamos, la obligación del trabajo. ¿Qué es lo que intento? Como nadie me ha impuesto nunca sobre qué libro debo o no hablar, voy eligiendo un poco los que me apetecen. En ese sentido no está mal. Y luego, en el Hoy por hoy, también elijo un poco las novedades o los autores que quiero llevar a la biblioteca, con lo cual también hay parte de placer. Pero te reconozco que yo tengo un FOMO que me muero. Quiero decir que tengo una pila de libros que voy acumulando de autores que nunca vamos a entrevistar –porque no viajan a España o no hablan español– que es horrible.
Los clásicos, al final, nos hablan de temas muy actuales. El error es intentar leerlos con los ojos de 2026. Basta con ver ejemplos como lo que pasó con Roald Dahl y Matilda.
Lo que han hecho con Roald Dahl me parece lamentable. Tiene que ver con reescribir de una forma políticamente correcta ciertas cosas. Me parece horripilante. Precisamente los clásicos tienen de bueno que nos dan siempre lo que necesitamos. No hay que tocarlos y hay que entenderlos como la representación de un momento determinado. Hay textos asquerosamente machistas y racistas porque son el reflejo de la sociedad de la época y hay que leerlos sabiendo eso, sin intentar borrar lo que éramos.
¿Es usted fan de releer los libros?
Ahí sí que te confieso que estoy releyendo algunos por obligación. Muchos de los libros que estoy haciendo en el programa me los leí cuando era muy joven. Releer está bien. Por ejemplo, he leído muchas veces Cien años de soledad. Y no es lo mismo leerte un libro con 16 años que con 55.
La última pregunta es casi un imposible. ¿Una recomendación para alguien que quiere adentrarse en los clásicos?
Recomendaría un clásico más moderno. Una novela que siempre me ha funcionado es Stoner, de John Williams. Es maravillosa y dicen que es la novela perfecta. Es la historia de un profesor de literatura de una universidad, un tipo bastante gris, pero es un libro de una emoción extraordinaria. Cuenta muy bien cuáles son los grandes descubrimientos de ese personaje: la literatura, el amor, la paternidad y cierto sentido de la vida. Pienso que es un clásico aunque es un libro de casi la segunda mitad del siglo XX.
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