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La terapia en Canarias de la reina del suspense

Varios de los misterios literarios de Agatha Christie tienen su punto de partida en una estancia en las Islas, donde digirió la traición de su marido y se posicionó frente a su nueva vida

El Morris Cowley de Agatha Christie aparece abandonado en 1926 en un camino de Surrey durante las primeras pesquisas policiales por su desaparición, que duró once días.

El Morris Cowley de Agatha Christie aparece abandonado en 1926 en un camino de Surrey durante las primeras pesquisas policiales por su desaparición, que duró once días. / El Día

Las Palmas de Gran Canaria

La extraña y rocambolesca desaparición de la escritora de suspense Agatha Christie en diciembre de 1926 tiene un interés geoliterario para Canarias, dado que el Archipiélago fue su punto de fuga para recomponerse emocionalmente y huir del acoso mediático. La autora de Asesinato en el Orient Express, de cuyo fallecimiento se cumple ahora el 50º aniversario, abandonó la casa familiar de Berkshire (Inglaterra) conduciendo su Morris Cowley sumida en un verdadero vendaval matrimonial. El marido le había confesado el mismo día del entierro de su madre que le ponía los cuernos con la secretaria y que deseaba con el fervor de un enamorado el divorcio. La gestora de los misterios más suculentos había preparado con su evaporación una trama de gran repercusión, siendo ella la protagonista absoluta. Provocó una movilización policial sin precedentes con la participación estelar del mismo Conan Doyle, nada menos que el creador de Sherlock Holmes. Hasta de una médium, que intentó saber a través de un par de guantes qué demonios tenía la autora en su cabeza.

El vehículo apareció abandonado, con las luces encendidas, cerca de una carretera secundaria y solitaria de Newlands Corner, al este de Guilford (Surrey). En el asiento trasero había alguna prenda y el carnet caducado de Agatha Christie. Las especulaciones llenaban las portadas de los periódicos, que se adentraban con morbo en un territorio más bien luctuoso. La incógnita se resuelve a los once días, cuando es encontrada en el Swan Hydropathic Hotel, en Harrogate. Esta registrada como Teresa Neele, el apellido de la amante de su marido Archibald (¿otro juego de la autora?), al que por cierto no reconoce en el momento en que es descubierta, según las crónicas. El escándalo es mayúsculo. Le diagnostican por la vía rápida una amnesia provocada por el trauma de la infidelidad y la posterior petición de separación.

Es el previo a Canarias. Supuestamente ha perdido la chaveta y su caso se convierte en la comidilla, por no decir el festín, de los salones de la alta sociedad británica. Los ingleses suelen resolver sus neurastenias con una taza de té o con un viaje, el tour, si se considera necesario un tratamiento de choque más potente, más terapéutico. Y esta última es la recomendación que le hace la familia a Agatha Christie: irse a Canarias, un destino muy bien valorado por los súbditos de Su Majestad, donde cuentan con bases comerciales, alimentan un turismo de balneario y fomentan un colonialismo social.

Medio siglo después de su muerte no hay consenso sobre el significado de la estancia de la creadora del detective Hércules Poirot en Canarias. Resulta enigmática dado que hay controversia respecto a su estado mental: algunos biógrafos respetan la hipótesis del trastorno, mientras que no faltan los que atribuyen la desaparición a la venganza de una mujer despechada. El escritor canario Javier Campos Oramas, autor de Crimen en El Confital by Agatha Christie, subraya en este sentido la presión que para una mujer de aquella época supone estar a expensas de que el hombre tome la iniciativa para divorciarse, puesto que este era el código social vigente. En todo caso, el experto en la estancia isleña de la reina del género negro opina que su volatización ha quedado plenamente vinculada a la historia de las Islas, dado que «es aquí donde renace, donde retoma las riendas de su vida» tras una profunda crisis. Su tesis es que llega a las Islas arrastrando «el complejo de culpa» por un intento de suicidio que se le resistió por sus profundas creencias religiosas.

Sean o no los hoteles canarios Metropole y Taoro los sanatorios, al estilo de lo que fue el Wald de Davos para el joven Hans Castorp, el protagonista de La montaña mágica de Thomas Mann, lo cierto es que la escapada resultó decisiva para impulsar su escritura. El profesor de la Universidad de La Laguna Javier Rivero Grandoso, especialista en género negro, subraya: «Quería cambiar de aires para olvidar las penas que la atormentaban y volver a escribir, pues se encontraba en un momento de bloqueo creativo. Sufrió mucho durante el proceso de escritura [empieza a redactar en las Islas El misterio del tren azul], ya que se sentía insegura y falta de ideas». En su Autobiografía (1978), Agatha Christie se hace eco de su bajón literario: «No sentía ninguna alegría al escribir, ninguna inspiración. Había desarrollado un argumento convencional (…)».

Llega a Tenerife en febrero de 1927 acompañada por su hija Rosalind y la secretaria Charlotte Fischer, apodada Carlo. La dama del misterio se hospedó, como se ha dicho, en el antiguo Taoro, recientemente rehabilitado y reabierto, en lo más alto de la ciudad, a escasos metros de la iglesia anglicana de All Saints, negótica, de finales del XIX, y de The English Library (calle de Irlanda, 5), una encantadora biblioteca de 1903 que atesora 30.000 libros, incluidos los dos que escribió Christie en Tenerife: El misterio del tren azul (1928) y El enigmático Mr. Quinn (1930). También está cerca el jardín de Sitio Litre, finca en la que se reunía la colonia inglesa a tomar el té y a jugar al croquet y que ahora es un jardín de orquídeas y dragos, donde se rinde tributo a la escritora en una especie de cripta. También hay un busto de ella en el mirador de La Paz, localizado al borde de los acantilados de Martiánez y una calle con su nombre en la urbanización de al lado.

Este ecosistema británico, huella del primer turismo que llegó a Canarias, con enclaves en los que sitúa a una Agatha Christie triste y reflexiva, no acaba por satisfacerla. «Orotava [así se conocía Puerto de la Cruz] era un lugar encantador con la gran montaña que lo dominaba todo y las maravillosas flores que crecían por todas partes, alrededor del hotel. Había, sin embargo, dos cosas que me molestaban: la bruma que descendía de la montaña al mediodía y que convertía lo que había sido una espléndida mañana en un día completamente gris; a veces incluso llovía y los baños de mar, para los aficionados a nadar, resultaban terribles», escribe en Autobiografía.

Miss Christie estaba irritada. Ordena a Carlo, secretaria y nanny de Rosalind, que disponga del equipaje. El nuevo destino es Gran Canaria. Algunos han querido ver en este movimiento el entusiasmo de la escritora por coger olas en la playa de Las Canteras dada su afición al surf. Está documentado que había estado en Hawái en 1922 con su primer marido, el infiel Archie, donde aprendió a surfear de pie -es probable que fuese la primera mujer en hacerlo- sobre la tabla en Waikiki Beach. Pese a la falta de constatación, a la inexistencia de algún testimonio sobre su presencia en Los Muellitos (hasta el momento) metida en el tubo de una ola, en Las Palmas de Gran Canaria, en plan guiño, se colocó en homenaje a su afición una placa en la Cicer.

El segundo ecosistema británico en las Islas es lo que con el tiempo se llamaría Ciudad Jardín, también con una iglesia anglicana cerca y pegado al Club Inglés. No ha aparecido ningún registro de su estancia en el hotel Metropole, pero para Javier Campos Oramas es un dato indubitable puesto que Agatha Christie viaja a Canarias a través de la compañía Elder Dempster, firma que estaba vinculada al establecimiento en su primera etapa. Décadas después sería trasformado por el arquitecto Miguel Martín hasta convertirse, finalmente, en las oficinas del Ayuntamiento. Allí también hay una placa. Nadie discute el vínculo. «Era el mejor de la ciudad en 1927. El Santa Catalina estaba cerrado», añade el historiador.

«Tenía dos playas perfectas; la temperatura también lo era: la media era de unos 25 grados, que para mí es la temperatura ideal del verano. La mayor parte del día soplaba una brisa espléndida y las noches eran lo suficientemente cálidas para sentarse a cenar al aire libre», relata en su Autobiografía sobre la estancia en Gran Canaria. En sintonía con ese elitismo británico de no mezclarse con los nativos, miss Agatha no hizo investigación social, si bien resultó un descanso fructífero con posterioridad.

El profesor Javier Rivero Grandoso destaca que el paso por Canarias de la escritora queda consumado en dos relatos: El hombre de mar, recogido en El enigmático Mr. Quim (1930), ambientado en el Puerto de la Cruz, aunque no se llega a mencionar, y un segundo, La señorita de compañía, incluido en La señorita Marple y trece problemas (1932), que está situado en Gran Canaria. Javier Campos Oramas añade una tercera titulada La carga (1956), que firma con el pseudónimo Mary Westmacott. Para el historiador, se trata de una obra en la que la autora deja de ser la escritora del género negro para adentrarse en lo introspectivo, en el complejo de culpa, en las convenciones sociales y en la necesidad de adoptar determinadas decisiones por la presión familiar. Temáticas todas ellas que, a juicio del historiador, forman parte de la tensión interna por la que pasa Agatha Christie durante su desaparición de once días en Inglaterra, seguida de su estancia salvífica en el Archipiélago entre febrero y marzo de 1927.

Enigma en Puerto de la Cruz

Javier Rivero Grandoso ve «pertinente reivindicar la figura Agatha Christie en Canarias desde el punto de vista del turismo, ya que perpetúa la imagen idealizadora del Archipiélago -en cuanto ensalza el clima y algunos paisajes- y puede servir de referente internacional para la promoción turística. De hecho, en el Puerto de la Cruz, además de un paseo dedicado se erige un busto de la escritora, obra de Marta von Poroszlay. También hay un festival bianual sobre su literatura y vida».

Volvamos a El enigmático Mr. Quim. Es un libro de cuentos, con Mr. Satterthawaite como figura central. Este personaje resuelve con la ayuda Mr. Quin, que aparece y desaparece, sucesivos enigma. En El hombre del mar sitúa a Mr. Satterthawaite «en una isla cuyo nombre no se menciona pero que debido a las descripciones y algunos rasgos de la narración, nos permite identificar Puerto de la Cruz», señala Rivero.

Uno de los espacios centrales de la narración, la Casa Cologán de La Paz, mantiene el nombre de La Paz en el relato. «A principios del siglo XX», destaca el profesor de la Universidad de La Laguna, «la vivienda presentaba una imagen muy distinta a la actual, pues formaba parte de una hacienda ajardinada y cultivada, sin mas edificaciones que la casa. Cuando Agatha Christie visitó La Paz, el jardín estaba descuidado, ya que la vivienda estuvo deshabitada desde 1907 a 1929. Seguramente ese aspecto dotó de mayor misterio el inmueble, lo que contribuyó a que la autora ambientase su relato allí».

Un extraño ahogamiento

La señorita de compañía es un relato que forma parte de las historias que se cuentan en el Club de los Martes, en el que Miss Marple participa y donde ser relatan sucesos misteriosos reales. Las protagonistas del enigma son Mary Barton y Amy Durrant, que se alojan en el Metropol, el hotel donde se hospeda Agatha Christie. Según el relato, la dos viajeras inician una excursión a la playa de Las Nieves, en Agaete. En esta playa es donde surge la esencia con un relato del doctor Lloyd a la expectante tertulia: a su llegada (del galeno) al pueblo costero, una de las dos mujeres inglesas ha fallecido ahogada y la otra estuvo a punto de morir igual. Mary Burton consigue sobrevivir y al poco tiempo se va de Gran Canaria».

Javier Campos Oramas indaga en Crimen en El Confital by Agatha Christie en el andamiaje que sostiene La señorita de compañía. Esgrime, en este sentido, que los hechos que narra la dama del misterio sucedieron realmente en los charcos de El Confital, a los que las protagonistas fueron a bañarse con el trágico final de una de ellas. Para el historiador, queda la duda de si fue un accidente o no. El suceso sucedió en 1920. Una noticia de Diario de Las Palmas del 21 de julio de ese año destacaba: «Se asegura que el sábado llegará a esta problación la señorita inglesa Miss Sara Mydelomore, compañera de Miss Dora Curtis, que apareció muerta en la playa del Confital de La Isleta, hace pocos días, en traje de baño. Se añade que dicha señorita está reclamada por las autoridades con motivo del sumario que se instruye por aquel suceso que oportunamente relatamos en estas columnas».

Pero no es la única precisión que realiza Javier Campos Oramas. Gran parte de su obra está dedicada a desentrañar la verdadera personalidad del doctor Lloyd, y llega a la conclusión de que es Bartolomé Apolinario, creador de la fundación benéfica hospitalaria San José, localizada en el Paseo de Las Canteras. Este prócer de la ciudad, muy influyente, asiste a los turistas que se hospedan en el Metropole, habla francés -una lengua que conocía Agatha Christie por el tiempo que había vivido en París- y tiene conocimiento de las ideas del psicoanálisis. Estos factores, junto a su gran humanidad, lo convierte en el candidato para ser ese doctor Lloyd, al que se refiere la escritora en su Autobiografía sin dar su nombre «porque no lo recuerda», o bien lo confunde llamándole «Lucas», un primo de Bartolomé Apolinario.

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