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Entrevista | Pep Ramis Compañía de danza Mal Pelo

Pep Ramis: «‘Orfeo ed Euridice’ coincide con lo que vivimos, este tiempo convulso»

Por primera vez dos bailarines, Pep Ramis y María Muñoz, dirigen la escena de una ópera. ‘Orfeo ed Euridice’ estará hoy y mañana en el Auditorio

Pep Ramis en el exterior del Auditorio de Tenerife.  |

Pep Ramis en el exterior del Auditorio de Tenerife. | / MARÍA PISACA

Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

La posibilidad de asumir la dirección de escena de Orfeo ed Euridice surgió tras el trabajo que ha realizado Mal Pelo con la música de Bach. ¿Qué movió a la compañía para poner en marcha aquellas producciones?

Nos hemos pasado muchos años inmersos en la música de Bach. Hemos hecho cuatro espectáculos. El primero fue un solo de María Muñoz en 2004. Después hicimos On Goldberg Variations, con ocho bailarines en escena, y también hicimos Inventions, con un grupo de ocho músicos y ocho bailarines. Este último era una versión del primer trabajo sobre Bach pero para espacios especiales. Y después vino Highlands, que estuvo en gira por Canarias en 2022. El interés surgió porque, cuanto más oyes la música de Bach, más te gusta. Hemos trabajado muchísimos años en el estudio con sus partituras, simplemente porque tiene muchas afinidades con cómo nosotros vemos la danza, con el ritmo, las capas, la melodía… Bach tiene muchísimas claves a nivel musical que todavía hoy siguen vigentes y por eso seguimos su estela. Creo que tiene una conexión muy grande con el movimiento.

Antes de esta propuesta de Ópera de Tenerife para dirigir Orfeo ed Euridice, ¿se habían planteando en alguna ocasión ponerse al frente de una ópera barroca?

Quizás hace unos años nuestra respuesta a una proposición así habría sido que no, pero después de la experiencia que hemos tenido con Bach, nos animamos a asumir este reto, aún sabiendo que hay una gran diferencia en cuanto a métodos de trabajo con lo que venimos haciendo. En la creación partimos de un papel en blanco y vamos construyendo gracias a todos los colaboradores, pero en esta ocasión partíamos de un libreto y lo principal es la música. La puesta en escena, aunque es una parte importante, no es tanto un trabajo creación, sino una revisitación o recomposición para traer la ópera a la contemporaneidad. La obra está escrita y hay que respetarla, pero eso precisamente nos despertó la curiosidad de descubrir cómo se construía. Hay colaboradores con los que realmente nos hemos entendido muy bien, como con Jordi Francés, el director musical. Por otro lado, hemos decidido acudir con nuestro propio equipo de bailarines porque creíamos que el lenguaje del cuerpo sí que teníamos que llevarlo más trabajado desde casa.

Trabajar con libretos o con partituras, en el caso de Bach, ya escritas, ¿marca notablemente el ritmo o la forma de trabajo?

En los espectáculos que hemos hecho sobre Bach hemos tenido la oportunidad de escoger qué piezas incluíamos, según el color o la tonalidad. Además, nos hemos permitido ciertas licencias y hemos añadido otras capas al sonido que no están en la partitura original, aunque siempre con mucho respeto. Pero es cierto que hemos podido visitar un lugar con cierta libertad. A pesar de ello, durante todo ese trabajo la música ha sido uno de los parámetros más importantes a nivel dramatúrgico para llevar a cabo la escritura del espectáculo. En el caso de la ópera no ha sido así.

«El mensaje y la austeridad se canalizan a través de cuerpos sencillos y precisos»

Orfeo ed Euridice es una ópera disruptiva por la forma en la que Gluck la concibió. ¿Cree que precisamente por el antes y después que marcó se presta ahora a esta reinterpretación de Mal Pelo?

Sí, yo creo que en ese sentido Ópera de Tenerife acertó al ofrecernos esta ópera en concreto. Gluck muestra aquí cómo es posible regresar a la austeridad, volver a lo esencial, a nivel de lenguaje y en lo musical. Todo eso es algo que a nosotros, escénicamente, siempre nos ha interesado, de qué manera hay que optar por lo esencial y básico, aunque no siempre es fácil. Además, es una ópera que coincide mucho con el momento que estamos viviendo actualmente. Estamos en un tiempo convulso, de sobreinformación, en el que nos cuesta distinguir la paja del grano. Así que creo que es importante ofrecer un espectáculo en el que el mensaje y la austeridad se canalizan a través de cuerpos sencillos y precisos, sin necesidad de demasiados adornos. Está bien, a nivel poético, poder ofrecer este tipo de refugios hoy en día.

El amor, el dolor y la angustia son varios aspectos muy presentes en esta ópera. Al darle mayor importancia a la corporalidad en esta propuesta, ¿se trata de una producción más cruda de lo normal?

Sí, tenemos una propuesta dura y emotiva, a veces también cruda, pero también muy emocionante. Estos días de ensayos he visto cómo, tanto las intérpretes como los colaboradores, nos hemos ido emocionando al comprobar que alcanzábamos esa desnudez que tanto buscábamos. La música y el texto ya trasmiten ese mensaje pero además hemos tratado de situar a los intérpretes en un lugar de honestidad que hace que el público sea cómplice. El amor forma parte de la vida y conlleva dolor, alegría y sufrimiento. Para nosotros, respetar el libreto también es atravesar todas esas emociones, pero desde un lugar humano y compartido, como la vida.

Las tres solistas protagonistas han destacado el importante reto que supone esta adaptación de la ópera por esa corporalidad tan presente. ¿Cómo ha sido el trabajo con ellas?

Nos gusta que los intérpretes entiendan que nosotros siempre trabajamos a partir de ellos porque nos gusta aprovechar lo que nos ofrecen sus potenciales. Trabajamos mucho con la idea de habitar el cuerpo, que es un cuerpo que canta, que se mueve, que se desplaza, que mira y que descansa. Es nuestra casa y hay que navegar con él. También ha que ser generoso y saber escuchar. Estas cosas parecen sencillas pero, en códigos de interpretación, son aspectos que hay que tener presentes.

Dadas las características de esta adaptación, ¿han tenido la oportunidad de trabajar más tiempo del habitual con las solistas?

No, no hemos tenido todo el tiempo que no hubiera gustado. Pero creo que nos hemos entendido muy rápido. Sí tuvimos una entrevista con Teresa Iervolino (Orfeo) antes de empezar el proceso y estábamos de acuerdo en ofrecer realidad al canto y al cuerpo. Ella ha venido muy preparada y muy predispuesta a que trabajáramos a partir de esa idea y por eso hemos avanzando rápido y bien. Ana Vieira Leite (Euridice) también entendió muy bien que es a partir del dolor profundo que había que construir su personaje y, por el contrario, Mira Alkhovik, al diosa Amor, no queríamos que fuera un cupido ligero e inocente, sino que hemos pensando en ese personaje como el más viejo de la humanidad, que tiene un gran poder y nos ha observado desde el principio y aún así no deja de sorprenderse con los humanos.

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