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Arte

Barrer el tiempo en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife

La artista M. Lohrum presenta en el Círculo de Bellas Artes 'A ras de suelo', una performance que transforma un gesto cotidiano, como es barrer, en una experiencia de creación colectiva, memoria, atención plena y reflexión sobre el tiempo y el trabajo

Santa Cruz de Tenerife

El ruido de dos hojas de palmera barriendo inunda la sala baja del Círculo de Bellas Artes de Tenerife. El espacio se transformó para acoger A ras de suelo, la performance de la artista tinerfeña M. Lohrum. Dentro de la programación del centenario de la institución, la presentación planteó una experiencia silenciosa y contemplativa, donde el arte no se muestra como un objeto terminado, sino como un proceso que sucede ante la mirada del público.

Directamente sobre el suelo se despliega un bastidor de madera forrado en papel que delimita un espacio concebido como un campo de acción. En su interior reposan pequeños restos de carbón, materiales que pertenecen a una performance colectiva que la propia Lohrum realizó en julio del año pasado. Para el comisario de la muestra, Octavio Zaya, esta conexión no responde a una simple reutilización de materiales. "El hecho de que la artista asuma los restos de la anterior performance conecta con un tiempo que, sin ser lineal, recupera la presencia de otro momento pasado para construir la acción presente", explica. La obra establece así un diálogo entre el pasado y el presente.

Dos intérpretes, vestidas de blanco y descalzas, entran en ese espacio contenido. En sus manos sostienen hojas secas de palmera canaria, la herramienta tradicional de los barrenderos de las Islas. Comienzan a barrer el carbón con movimientos lentos, rítmicos y sostenidos. El gesto es simple, casi invisible en la vida diaria, pero en el Círculo de Bellas Artes adquiere otra densidad. El sonido suave del roce, la constancia del movimiento y la concentración convierten la acción en una práctica cercana a la meditación.

Paisajes efímeros

El carbón se desplaza, se cruza y se superpone. Sobre el papel van apareciendo trazos que evocan paisajes efímeros. "El trabajo es evidente en la acción de las dos intérpretes barriendo", señala Zaya. Reflexiona que el tiempo no es solo el que dura la performance, sino el de la "meditación que promueve lo que se observa en ella". Una reflexión que, según el comisario, trasciende la acción artística y se completa con la presencia del público, que participa desde la observación, el silencio y la atención plena.

Para M. Lohrum, A ras de suelo no es un proyecto reciente, sino una obra que lleva años gestándose. "Hace tiempo que me interesa llevar a la creación artística gestos cotidianos o irrelevantes, como por ejemplo barrer", explica. Ya en 2017 realizó una pieza basada en esta acción, y hace aproximadamente dos años encontró dos hojas de palmera secas que decidió conservar en su estudio "aguardando su oportunidad de poder salir a la luz y formar parte de algo".

Esa espera forma parte del propio proceso creativo de Lohrum. "Plantear la obra como performance y no como objeto es identitario de mi práctica. Me interesa el dibujo no como resultado, sino como proceso", afirma. Para Lohrum, el dibujo funciona como un instrumento de mediación entre el cuerpo y el soporte, más que como un fin en sí mismo. "Esa relación se hace visible en acciones sencillas y repetitivas que permiten automatizar el movimiento y centrar la atención en lo que está ocurriendo".

La conexión con la acción colectiva realizada el pasado verano en el Círculo de Bellas Artes no es casual. Aquella performance, en la que participaron unas sesenta personas, fue expansiva y ocupó todas las paredes del espacio. En esta ocasión, Lohrum propone un movimiento inverso al querer establecer un "diálogo matérico y simbólico con la primera". El uso de los restos de material simboliza la creación de una nueva obra, "esta vez vinculada al cuidado, el trabajo y la atención plena".

Minimalismo

Para Lohrum su trabajo se caracteriza por el minimalismo, no solo en el resultado final, sino en el procedimiento. "Diseño sistemas, estructuras de trabajo, que al desplegarse producen la obra como huella", señala. Las acciones repetitivas le permiten alcanzar un alto grado de concentración, cercano a la meditación, y desplazar la atención del resultado al proceso. Por esta razón, considera que el dibujo pasa así a ser "rastro de la performance y testimonio de una experiencia vivida".

En A ras de suelo, el cuerpo es el eje central. "Me interesa el dibujo como experiencia corporeizada", afirma la artista. La performance se sostiene en una escucha gestual y silenciosa entre los dos cuerpos que barren, obligados a responder mutuamente a sus movimientos y a los trazos que estos generan sobre el papel.

Desde la comisaría, Octavio Zaya defiende una aproximación abierta a la obra. "La experiencia no está determinada por la artista. Se produce en cada asistente desde su bagaje, su cultura y su manera de estar en el mundo", explica. Por ello, invita a acercarse sin expectativas ni prejuicios: "Desde la mente en blanco podemos percibir y recibir lo que se nos presenta y alcanzar una experiencia única".

Lo que propone la artista con A ras de suelo es, en última instancia, un paréntesis frente al ritmo acelerado de la vida cotidiana. "Espero poder invitar al público a pensar el arte como un ejercicio de tiempo, paciencia y presencia compartida", concluye Lohrum.

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