Música
La Sinfónica regala una noche de danza para celebrar la Navidad
Con un programa con algunos de los bailes más emblemáticos de la historia del sinfonismo, la Orquesta tinerfeña celebró la XXXI edición de su concierto anual en el Puerto chicharrero

Concierto de Navidad de Puertos de Tenerife. / María Pisaca

Imposible no moverse en la silla al ritmo que marcó anoche la Orquesta Sinfónica en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife. Algunas de las danzas más emblemáticas de la historia de la música sonaron en la Dársena de los Llanos en la XXXI edición del Concierto de Navidad de Puertos de Tenerife, que reunió a miles de personas, no solo en este enclave junto al mar sino también a través de España y el mundo gracias a las diferentes retransmisiones ofrecidas. La velada culminó con un espectáculo de fuegos artificiales que hizo que más de uno se parara en mitad de las calles de la capital a fotografiar el espectáculo y, como cada año, las localidades fueron escasas para dar cabida a todas las personas que quisieron disfrutar de la música en Navidad. Por eso, en la avenida marítima -donde también se desarrollaba un mercadillo desde el que a veces se colaba la música- se agolparon centenares de personas durante el concierto.
Un viaje musical por el mundo desde el Puerto
Tras adquirir sus entradas al precio de cinco euros, los más de 6.000 asistentes disfrutaron anoche de un programa en el que la Orquesta Sinfónica de Tenerife felicitó la Navidad de la única forma posible, con música, y bajo la batuta de su director principal invitado Pablo González. Justo cuando el reloj del Cabildo del Tenerife terminó de dar las 19:30 horas, comenzó a sonar la música en la Dársena de los Llanos en esta XXXI edición de la cita navideña por excelencia. Los bailes más míticos del mundo marcaron el ritmo de la velada que se pudo seguir, a partir de las 20:30 horas, por La 2 de RTVE, también a través de la radio y en el Canal Internacional. La presentadora Raquel Falcón invitó a «realizar un viaje por el mundo» a los espectadores, que pudieron disfrutar de las más variadas danzas de diferentes continentes.
Las canciones de Broadway y los ballets europeos centran el repertorio
La Obertura de Ruslán y Ludmila, de Mijíl Glinka, dio el pistoletazo de salida a la velada, en la que el tiempo respetó el espectáculo. Esta pieza regaló un gran virtuosismo orquestal a los asistentes y demostró, desde el primer momento, la calidad de la Sinfónica de Tenerife, que apareció acompañada sobre el escenario con juegos de luces y fuego frío. A pesar de que la mayoría de asistentes acudió con sus abrigos, botas y gorros para hacer frente a la fría noche de invierno, la cita transcurrió a una temperatura agradable que permitió disfrutar a la perfección de la música en directo.
La mezzosoprano Nancy Fabiola Herrera se estrenó sobre el escenario de la Dársena de los Llanos del Puerto chicharrero con la emblemática pieza de Carmen, de Bizet, L’amour est un oiseau rebelle. El tema, que dejó al patio de butacas en silencio disfrutando del talento de la aclamada cantante internacional, ofreció las primeras pinceladas de teatralidad a la noche, que permitió revivir algunos momentos históricos de la ópera o del cine musical.
El bloque de villancicos, uno de los más esperados y disfrutados por el público
Así, a continuación le tocó el turno al tenor Juan Antonio Sanabria, quien interpretó Maria, de West Side Story, un canto al amor y que llenó esta zona del Puerto de Santa Cruz de un espíritu de cariño y encanto que llegó acompañado de impresionantes imágenes aéreas de la zona del concierto, que se veía totalmente repleto de público. La música del emblemático clásico de Leonard Bernstein siguió sonando unos minutos más frente al Cabildo de Tenerife con Mambo, con la que a más de uno se le fueron los pies, aunque permaneciera sentado en la silla. A esas horas, el frío ya no se sentía, aunque caían algunas gotas, ya que la Sinfónica había desplegado su lado más rítmico y popular.
El violinista Javier Comesaña
El violinista Javier Comesaña salió al escenario en ese momento para interpretar el segundo movimiento de la Sinfonía española de Édouard Lalo, con la que dejó claro desde la primera nota su talento para el instrumento de cuerda. Los primeros aplausos entre el público para acompañar a la Sinfónica de Tenerife llegaron con los míticos acordes iniciales de la Danza húngara n.º 5 de Brahms, que además otorgaron un aire navideño al festival, en el que ya se veía algún que otro gorro de Papá Noel entre el público. Y de nuevo volvió a actuar Comesaña con los Aires gitanos de Pablo de Sarasate, una obra en la que se combinan a la perfección el virtuosismo extremo del violín con el sabor romántico del tema y en el que los cambios de ritmo no dejaron de sorprender. Precisamente la primera gran ovación de la noche llegó con este tema interpretado por quien ha sido definido como «un músico inteligente y abierto, capaz de encontrar nuevas maneras de hacer música».
Sin necesidad de solitas invitados, la Sinfónica de Tenerife volvió a demostrar su talento con las Danzas de Galánta de Zoltán Kodály, que ofrecieron un viaje a Centroeuropa a través de su folclore, y que apareció combinado con momentos líricos y explosiones de energía orquestal. Tras este monumental tema llegó un bloque dedicado a la zarzuela y en el que los solistas invitados Juan Antonio Sanabria y Nancy Fabiola Herrera interpretaron fragmentos de El trust de los tenorios, de José Serrano; Las hijas del Zebedeo, de Ruperto Chapí; y el célebre Intermedio de Las bodas de Luis Alonso, de Gerónimo Giménez, que con sus castañuelas animó al público a bailar y palmear mientras el fuego iluminaba el escenario.

El tenor Juan Antonio Sanabria y la mezzosoprano Nancy Fabiola Herrera, anoche en el Concierto de Navidad. / MARÍA PISACA
Precisamente este tema tan festivo fue la puerta de entrada al último bloque del concierto, que estuvo bañado de un auténtico espíritu navideño -con toda la Sinfónica ataviada con gorros de Papá Noel- y más de una sorpresa. Con arreglos de Emilio Coello, sonaron un año más algunos de los villancicos más populares del repertorio y hasta el borriquito se dejó escuchar sobre el escenario, en donde también se dejaron oír los acordes de Una sobre un mismo mar, uno de los temas más emblemáticos del timplista y compositor canario Benito Cabrera. El cantante tinerfeño Besay Pérez acompañó a los solistas invitados Nancy Fabiola Herrera y Juan Antonio Sanabria para interpretar esta actualización de la letra que incluye ya a las ocho islas, y que a más de uno le costó seguir tras tantos años entonando otra letra. Las bengalas se encendieron en ese momento para dibujar esa imagen de cientos de puntos de luz sobre la oscuridad del Puerto tinerfeño, que se convirtió en epicentro de la Navidad un año más. Como antesala al gran concierto de Viena que se celebra cada Año Nuevo, la velada concluyó una vez más con la Marcha Radetzky, de Johann Strauss, que convirtió este enclave en una auténtica fiesta de Navidad.
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