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Reseteando

La idea motor

Eugenio Padorno , poeta, ensayista y profesor, en el paseo de Las Canteras, en 2013.

Eugenio Padorno , poeta, ensayista y profesor, en el paseo de Las Canteras, en 2013. / ANA PEREZ

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Se confirma una vez más que el Premio Canarias de Literatura va por la selva de aquellas vanidades personales, mientras que ese fuelle del quehacer literariamente pulcro y desprendido se desloma por la angostura de la frustración. Eugenio Padorno abandona la Isla sin el galardón, una victoria para los medradores, pero también un plus para este poeta no entregado a las pestilencias terrenales. Debida abstinencia personal que no resulta un manguerazo de agua para apaciguar el ánimo: ¡Eugenio, esto es una vergüenza! Sus seguidores -un profesor los puede tener, igual que un equipo de fútbol, aunque quepan en un utilitario- lamentaron el final de su voz por extirpación quirúrgica. Una pérdida crucial para el habitante de Albareda 42. Y una verdadera desgracia para los que asistimos una y otra vez a sus fundamentos sobre la «mitología conductora» que registra la creatividad isleña: Cairasco de Figueroa, Viera y Clavijo, Clavijo y Fajardo, Agustín Espinosa, Domingo Rivero, Alonso Quesada, Tomás Morales, Juan Ismael, Chirino, Gaceta de Arte y la Exposición Surrealista, la Escuela Luján Pérez... Eugenio Padorno, en las vueltas y revueltas en el laberinto, título de uno de sus libros, congenió estas profundidades entre poesía, pensamiento y ensayo con una capacidad innata para entusiasmar. Una vertiente que demostró en la Facultad de Filología de la ULPGC, donde aglutinó voluntades en torno a la revista Calibán (1998-2002), un proyecto que marcó un antes y después en la valoración de la tradición literaria del Archipiélago. Una iniciativa estudiantil, por otra parte, que fue el campo de ensayo para una generación indispensable para mantener ahora mismo, a través de sus títulos editoriales, la idea motor que les insufló Eugenio Padorno. Una perseverancia, en definitiva, contra la fatalidad de la que hizo gala el ensayista Juan Manuel Trujillo al decir Canarias «se ignora e ignora que se ignora». Eugenio Padorno creyó hasta el final que esta irresolución conseguiría algún día un hilo de luz. En ello ocupó gran parte de su vitalidad literaria, hasta ese ayer lluvioso.

Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas

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